miércoles, 5 de noviembre de 2014

Dust in the wind...

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"Llega un momento en que es necesario abandonar las ropas usadas que ya tienen la forma de nuestro cuerpo y olvidar los caminos que nos llevan siempre a los mismos lugares. Es el momento de la travesía. Y, si no osamos emprenderla,nos habremos quedado para siempre al margen de nosotros mismos"
Fernando Pessoa
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La primera entrada de ‘La mirada de cristal’, es un breve texto, como casi todos aquí, que escribí a modo de presentación, más o menos mediado el año 2008. La de hoy, desconozco si será la última, pero la pergeño a tal modo, por si lo fuese. Lo que está claro, es que no tengo corazón para hacer desaparecer esta breve, en tiempo que no en importancia, parte de mi vida. Así que, hasta que San Bloger no decida lo contrario, todas estas letras… quedaran bajo el amparo de esa insólita y no sé hasta que punto, acogedora ‘nube’, que nos da cobijo a todos por el momento. Y quien sabe…

Por otra parte, decir -hola o adiós- en un blog, puede resultar un empeño inútil, porque es presuponer una audiencia que quizás no exista… aunque la haya habido en algún momento. Al fin y al cabo, los analizadores o contadores de visitas, no dan una idea demasiado exacta de la vida de estos espacios, ya que una entrada desde un buscador, puede producirse por muchos motivos distintos a un interés de lectura. Las hay que duran segundos. Los que tarda el consultante en darse cuenta, de que no era eso lo que andaba buscando. Uno de mis post, aparentemente más populares, con casi cinco mil vistas -que no visitas- hace referencia en su título a una frase musical muy utilizada, que es, lo que muy probablemente haya provocado esa ingente cantidad de registros. Ya que en realidad, los artículos más leídos de La mirada de cristal, son los que están bajo la etiqueta de Física. Son pocos, unos 10 de los aproximadamente 200 que he publicado hasta hoy, pero me satisface comprobar que me explico lo suficiente en un tema tan complejo, como para que sean de los más visitados. En todo caso, para mí, aunque me guste que me lean, el blog, ha representado muchas cosas, pero nunca un concurso ni una competición de visitas.

Tampoco me iré sin decir, y sobre esto podría abrirse un blog monotemático, con no pocas entradas, que iniciar unos de estos espacios es como dar a luz a una criatura, a la que crees controlar… pero que pronto se nos va de las manos, porque va adquiriendo vida propia, con lo que ello conlleva de inabarcable. El resultado es en muchas ocasiones, aún sin pretenderlo… la muestra, o quizás la creación… de un ego escondido, que surge de nuestra entraña más profunda. Escribir, no tiene sentido si no nos revela, aún en la fábula más alejada de nuestra realidad. Lo que no infiere automáticamente que seamos exactamente como escribimos… error muy común en muchos lectores bisoños… sino la necesidad de manifestar un pálido reflejo, de la mejor o peor versión de nosotros mismos. Depende de las razones últimas que cada uno tenga para escribir. Pero la mía, respetable como la que más, no deja de ser solo otra de tantas opiniones al respecto.

Así pues, tras acumular casi 200 seguidores, lo que tiene su mérito, si tengo en cuenta que jamás he practicado la ‘visita blogeril’ con intenciones captadoras, 193  entradas -194 si cuento esta que estáis leyendo- y más de siete mil y pico de comentarios, aunque aproximadamente la mitad sean míos, respondiendo los vuestros, ha llegado el momento de decir –adiós- a esa hipotética audiencia de la que hablaba un poco más arriba. También, a ese puñado de lectores, más o menos  habituales, que me habéis acompañado a lo largo de estos años. A unos cuantos, muy pocos, os he desvirtualizado, o estáis conmigo -en y por- otros medios, pero agradezco vuestra atención a todos, del primero al último de cuantos hasta aquí os habéis acercado, aunque solo haya sido una vez y ni siquiera vayáis a leer estas líneas.
   
Siento y sé… que de alguna forma, estoy cerrando una etapa que comenzó como un reto tecnológico conmigo misma, y que jamás pensé que llegaría tan lejos ni en el tiempo, ni tampoco en mi forma de hacer, incluso de pensar… Si tengo que hacer un balance, el haber pesa bastante más que el debe, aunque esa partida también exista. Porque aunque sin duda, han sido muchos más los aportes o los descubrimientos positivos que lo oneroso, después de un tiempo prolongado en este mundo virtual, te das cuenta que el mismo, no es tan etéreo como pueda parecer en un principio… las afinidades o divergencias que se producen en la inter-acción, se hacen tan o más evidentes que en esa otra realidad, que ‘creemos’ nos concierne de una forma más ‘física’. Me refiero, por poner un ejemplo común, a que todos los usuarios habituales de estos medios, nos hemos encontrado alguna vez en esa tesitura de escribir una entrada dedicada a un tema en concreto, sabiendo de antemano y con poco margen de error, quien y qué va comentar J. Prácticamente igual, que en ese otro mundo más palpable. Sin perjuicio de las sorpresas, que siempre somos capaces de concedernos unos a otros.

Sobre este asunto de los comentarios, que sería en principio, la única inter-acción permitida en este medio, escribía hace unos días de forma mucho más resumida de lo que hoy lo haré aquí, contestando el mail de un lector de La Mirada… Hay muchas clases de seguidores en un blog. Existen esos supuestos lectores o adeptos silenciosos, sobre los que nada se puede decir, porque no pasaría de la vana especulación. Y luego están los que -sí- se manifiestan, sin importar la frecuencia con que lo hagan. Todos los casos, para mí, son de agradecer, pero… y lo que voy a decir, no quiere ser una crítica, sino la constatación de un hecho percibido, los hay de muchos tipos y con ‘intereses’ bien diferentes, como asimismo habréis observado vosotros también. Desde el que llega despistado a través de no importa que buscador, no tiene blog ni nada que se le parezca y por el motivo que sea (adg) decide quedarse tu link, para seguir visitándote, hasta el que sólo busca que también tú comentes en su propio espacio, aunque previamente debe gustarle también lo que lee. O al que le da exactamente lo mismo y prácticamente reitera siempre el mismo comentario, con tal de que tú le comentes. Los que te encuentran a través de un comentario escrito en un blog común (probablemente la mayoría) y los que sin importar como hayan llegado hasta el blog, poseen una afinidad evidente con nosotros (aunque sean muy diversos) y con los que, poco a poco, terminamos por tener una relación que traspasa la frontera virtual, sin importar como sea esa ‘transferencia’. También, al que le caes ‘fatal’ y aún así, no se sabe porque oscuros motivos, te sigue… más que comentando… ‘in vigilandum’ J. Sin olvidarnos, del que sólo comenta en las entradas polémicas y busca ‘lucirse’ a nuestra costa, (y  a fe, que muchas veces lo consiguen!) aprovechando la feliz coyuntura de que no piensa como nosotros (algo que sería muuuy aburrido). Están también, los picaflores, que tal como aparecen se evaporan y algún otro que se arroga un magisterio de requerimiento y amistad, ni pedido ni buscado. Y no puedo dejar de mencionar, a esos otros lecto-seguidores, que pertenecen a nuestro entorno más o menos cercano y que son los típicos que solo leen, para ‘a ver qué hace este/a’ y a los que he dado en llamar -rastreator’s-. En fin! de todo, como en botica. 

Aún así, y reiterándome por enésima vez, excepto estos últimos, ¡todos, absolutamente!  han sido bienvenidos a este pequeño y humilde laboratorio de letras que ha resultado ser La mirada de cristal. En el fondo, y como dice la canción que os adjunto al final de esta entrada, solo -Dust in the wind- (polvo en el viento)

Mucho más se podría añadir, sobre las experiencias y el influjo que ejercen estas bitácoras sobre sus autores, y no obstante no haber dos experiencias iguales y por hacer una última reflexión se me ocurre, que pasado un tiempo, establecidos esos lazos de conexión con nuestro entorno blogeril, sin querer e inadvertidamente… en muchas ocasiones ‘nos ataca’ o  desarrollamos… una cierta autocensura a la hora de escoger temas o en la forma de plantearlos, para no molestar a este o aquel… Aunque este medio, sea también exponente de justo lo contrario y haya quien va buscando el ‘epatar’ continuo en sus entradas y argumentos, porque está claro que cada uno es muy libre y dueño de actuar como le plazca. Y no sigo porque sino, aquí nos dan las uvas… J


En fin! sea como sea, antes de amarrar “La mirada de cristal” a puerto, hasta quien sabe cuando… quiero deciros, que ha sido un placer y un privilegio afortunado, navegar en vuestra compañía durante todo esto tiempo, incluso cuando ha sido contra-corriente. 

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domingo, 24 de agosto de 2014

Hijos de Caín


Imágenes de la mirada de cristal
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Raza de Caín, en el fango cae
y miserablemente muere

C. Baudelaire
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Refugios de soledad  y paisaje en un oscuro Agosto, alterado por vientos árticos. Dicen.

En algunas partes del planeta, pocas… pausa de un mundo de vorágine, más cercano a la maldad que a la lógica de un bien común, que resulta a todas luces ajeno a una humanidad sustantiva y cada vez más lejos del significado de su propio adjetivo. Sin importar donde, seguimos condenados, repitiendo errores sin cesar y como si nada. Incapaces de 'aprender' a convivir en paz.

Caín, persiste en todos nosotros.

Pero quiero creer, que ahí abajo o aquí arriba… la belleza que se pone o se regala…  a la intención de la mirada, transforma el ánimo lo suficiente, para seguir caminando.


Un poco más.

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lunes, 4 de agosto de 2014

El color de la muerte

Imagen de la mirada de cristal
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Decidme lo que habéis visto los que estabais con la cabeza vuelta.
La quietud de esta hora es un silencio que escucha,
el silencio es el sigilo de la muerte que se acerca.
Decidme lo que habéis visto.
En el fondo de la noche
hay un escalofrío de cuerpos ateridos

Gabriel Celaya
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Y cada vez más, se espacian las publicaciones de este blog. La verdad, es que en estas últimas semanas cualquier cosa que salga de este teclado, termina por írseme por las ramas sin remedio, y aunque no importe gran cosa ni a mí ni a nadie, todo cuanto escribo me parece impublicable. Será el cansancio del año siete que acaba de iniciar o vete tú a saber qué… Quizás tengan razón los teosóficos, que dividen el mundo en ciclos de ese número, y por tal motivo, este espacio esté ya en sus postrimerías. Decía Rudolph Steiner, cercano a esos puntos de vista, que el mundo que percibimos es una unidad espiritual y natural indivisible, aunque nuestra consciencia intente separar fenomenológicamente, sin demasiado éxito, esa unidad en busca de una supuesta objetividad… Y de nuevo me he ido a la ‘parra’… En fin!

Sin duda, el diario latigazo informativo, terrible e inevitable, que más allá de la tendencia que le den los medios, nos hiela la sangre cada vez más… tiene mucho que ver en esa fatiga. Es como si los días solo pudiesen escupir maldad e iniquidad. Como si el cielo pesase cada vez más o el sol no saliese para todos. Y si ambos estuviesen a punto de aplastarnos o arrasarnos, probablemente sería lo justo. Porque todos ¡absolutamente! de una u otra forma, colaboramos en esta absurda ignominia que llamamos mundo civilizado.

Y mientras en Siria, Palestina, Israel, Sudán etc…  no importa mucho el lugar o el momento… ‘ellos’ mueren o viven aterrorizados, sin esperanza ni futuro de ninguna clase… nosotros, aunque también sin demasiado éxito, tratamos de escondernos en nuestras vidas, que ilusamente imaginamos tan lejanas a esos infiernos. O lo que es peor, en nuestras filias, creando o manipulando verdades y hechos a nuestra conveniencia de ideas. Dando ‘color’ a la muerte.

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lunes, 30 de junio de 2014

Memorias de Adriano y ollas varias

Busto de Adriano de autor desconocido
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"En lo más profundo, mi autoconocimiento es oscuro, interior, informulado, secreto como una complicidad"

Marguerite Yourcenar
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Me encuentro releyendo estos días, con placer, las “Memorias de Adriano” de la gran Marguerite Yourcenar. Un libro, que me impactó muy favorablemente en su primera lectura, hace ya un montón de años. Y ahora de nuevo, me vuelve a provocar, las mismas gratas sensaciones de esa primera vez, y por añadidura, una especie de nostalgia de reconocimiento propio en los sentimientos de alguien, en principio tan lejano a mí, como un Emperador romano. Bien es verdad, que dichas memorias están escritas por una mano contemporánea y femenina, y probablemente tampoco sea ajena a esa sensación mi edad actual, mucho más próxima en esta segunda ocasión, tanto a la del protagonista como a la de la autora. Lo cierto, es que según voy avanzando en la historia y voy recordando, me doy cuenta que aún conservando la totalidad de mi esencia de entonces, mis impresiones sobre los distintos asuntos abordados, han ganado en matices. Lo que genera una, no sé si mayor… pero si me atrevería a decir, más profunda y amplia comprensión de lo leído.

El libro, más que excelentemente escrito y documentado, es una larga carta escrita en primera persona, que Adriano comienza por dirigir a uno de sus amantes más queridos, para terminar haciéndolo a su sucesor (Marco Aurelio). Todo él, es la  sincera reflexión personal que un hombre, sin más, hace sobre su vida y entorno en el umbral de su última etapa. La indagación honda y sutil, de alguien extraordinario por vida y circunstancias, sobre muchos y diferentes aspectos del alma humana. Y es que la autora, que huye de cualquier mistificación propia de un personaje tan fuera de lo común, sabe como penetrar y hacer argumentar al hombre desnudo que hubo tras la celebridad.

Son muchas las notas tomadas por mí en ambas lecturas, no obstante, no tengo intención de dejar aquí un corolario de las mismas, porque creo que resultaría oneroso fuera de contexto, y ya he dicho en párrafo anterior, que solo los matices de mis conclusiones han cambiado… pero hay una… que hace días que me tiene ‘meditando’. Dice así:

Cada uno se decide, vive y muere conforme sus propias leyes

Un aserto, subrayado en esta segunda oportunidad, probablemente porque en la primera, en esa vana presunción y seguridad de la juventud, debió pasarme desapercibido, escondido bajo una más que incierta ‘naturalidad’. Aparentemente, casi una verdad de Perogrullo. Pero ahora, en este presente tan ‘transcurrido’, posee o le doy… no sabría decirlo… unas connotaciones muy distintas. Porque aunque en última instancia, así sea, tanto nuestras leyes personales, como nuestras decisiones, a la luz de los años, no resultan ni tan verdaderas ni tan claras, como para darles esa exactitud contenida en él. Quizás, porque la razón se obnubila o se confunde ante los relámpagos de los innumerables estímulos a los que nos vemos sometidos a lo largo del camino. Y a nuestro pesar, adolecemos de esa indiferencia y neutralidad imprescindibles para resolver con la frialdad precisa, la multiplicidad de cuestiones que nos atañen. Por no hablar del azar, si es que tal cosa existe...

Como sea, todos terminamos por contar con toda una colección de aciertos y errores a voluntad propia, lo que por fin… parece dar a la frasecilla de marras, la  verosimilitud propuesta.


No sé… creo que me voy a tomar un gin tonic… ;)  

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domingo, 1 de junio de 2014

Ma non troppo...

Imagen de La mirada de cristal
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"La palabra escrita, me enseño a escuchar la voz humana"
Marguerite Yourcenar
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Contra mi costumbre, incluso quizás como terapia, dejo hoy aquí algo más personal de lo habitual. Es una dedicatoria destinada a alguien cercano de mi entorno ‘real’. Una realidad que ya no puede dejar de ir entrecomillada, y es que por diversos motivos, que todos los que utilizáis estos caminos alternativos de la virtualidad bien conocéis, esas comillas, están mucho más cerca de un itinerario atípico que de un paréntesis. Porque aunque aquí se esté sin estar, se está!

Es un escrito antiguo, ma non troppo, que de forma inusual no ha sido destruido y que cambiando aquí y suprimiendo allá, ha conseguido salvar la censura de alguien que se esconde en una aparente sociabilidad, cuando en realidad es de una reserva que roza lo enfermizo. Uno, puede contarse a si mismo, aún sin mentir en ningún momento… de una forma que lo esconda o no lo muestre en demasía, aunque aparentemente pueda parecer todo lo contrario. Todo un arte defensivo, que muchos practicamos… o debería decir, que no podemos dejar de practicar. Aún así, la escritura, es un arma poderosa en ese sentido, y, siempre digo que de una u otra forma, en mayor o menor medida, termina por mostrar el espíritu de quien la impulsa. Pero es esa una virtud, que depende mucho más de la habilidad del lector que de la supuesta destreza para ocultarse del autor.

No es largo y espero que asimismo os resulte ligero, que no está la cosa para más pesadeces de las que ya nos acosan por todas partes. Y viene un poco al filo de mi entrada anterior, podría decirse que es origen al mismo tiempo que una ampliación de la misma y me incumbe de una forma ciertamente personal. Aparte de a quien se lo dedico, que sé que sí… no sé a quien más pueda resultarle útil, pero por poco que sea, con esa confianza lo traigo hasta todos aquellos que tengáis a bien leerlo.

Ha llegado un momento, en que ya no sé si rozo la misantropía o el asilvestramiento, y poco me preocupa… Sé, que he aprendido a llevarme bien conmigo y disfruto con ello. Quizás por eso, el paisaje de mis días, se compone de cosas cada vez más sencillas, en donde el tiempo ya resulta ser un reflejo en el agua, tan nítido como borroso. Equívoco. Lo que no deja de ser una sutileza impenetrable para los extraños a mi pequeño cosmos. Un mundo, donde escribir ha resultado ser un código para descifrarme a mí misma, sin importar demasiado quien me lea o sea capaz de entenderme. Lo que bien podría traducirse en este deseo cada vez más intenso de soledad y desprendimiento de bienes materiales. Hago una vida, a todas luces normal, pero sólo me mueven mis lecturas, mis caminatas, mi música y alguna charla puntual con alguien que realmente merezca la pena escuchar, por más intranscendente que sea el motivo. Incluso me complazco en el callejeo del anonimato urbanita.

Pero sobre todas las cosas, desde niña, me ha seducido al extremo el diluirme en el paisaje. Lejos de todo y de todos, por más rodeada que me hallara o halle. Lo que siempre me lleva de regreso a donde crecí. Probablemente, porque de todo lo que me atañía, era lo único realmente bello y genuino que podía dominar y hacer mío con solo asomarme a la ventana de mi cuarto infantil. Todo un poder, que no se me concedió en ningún otro ámbito hasta mucho más tarde y que sigo conservando cuidadosamente. Aunque a fuer de ser sincera, debería decir que tardé muy poco en declararme libre, porque, eso, es algo que solo uno mismo puede otorgarse. Y es que al final, por más extraña o dificultosa que haya sido, nuestra infancia se conserva incólume. Y si así no fuese, nos faltaría una parte de nuestra alma.

Y aunque ese mundo de espacios y átomos puros, ya no exista más que en mi memoria y la de unos pocos más… o  arrasado bajo las aguas de un pantano inútil, sigue viviendo en todos nosotros. En una parte de nuestro tiempo, que sigue transformando lo trivial en esencial. Porque lo que no fuimos o no vivimos, nos conforma casi en la misma medida que lo que somos. Y siempre seremos ‘ausentes’ de ese lugar.
  
Por más que algunos en su estrechez mental, no vean más que agua, o pura invención en esta dimensión… en ese inmenso lago que es ‘puerta de Ávalon’ para otros.


Para O.B.
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miércoles, 14 de mayo de 2014

My way

Imagen de la Mirada de cristal
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He visto como el viento daba sobre los pájaros y ellos lo hacían suyo, abriéndole su interior.
Lorenzo Oliván.
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No sé si vamos devorando años o ellos nos devoran a nosotros. El caso, es que durante lo que a algunos les parece mucho tiempo y por el contrario a otros un suspiro… esta especie de carnicería mutua, que bien sabemos todos como acaba, tiene una importancia u otra, dependiendo de en qué punto concreto de esa, ciertamente extraña e inaprensible ‘línea temporal’ nos encontremos.

A este respecto, aunque está claro que cada uno lo vive a su modo, he tenido muchas veces la sensación de ir atravesando umbrales, y no siempre con el mismo ánimo. Porque no es lo mismo cruzar de la niñez a la adolescencia (que también cuesta lo suyo) que de ésta, a la juventud adulta, en donde la sensación que nos asalta, en principio y por lo general, (lo que no faltan nunca son excepciones) es agradable y de absoluto dominio de nuestras situaciones vitales. Otro tema, es pasar de esa juventud adulta a lo que nombramos como madurez, en donde muchas de esas verdades y sistemas, que creímos inmutables durante largos lapsos de tiempo, ya se nos han caído y con todo el equipo. Lo que no sé, si nos convierte en más sabios que escépticos. Probablemente en ambas cosas a un tiempo. Quizás, porque la auténtica sabiduría, consista en no dar nada por inmutable ni definitivo. Para seguir interrogándonos acerca de todo, con esa misma curiosa y palmaria ingenuidad del niño que seguimos llevando dentro, ahora, no obstante,  con la… no sé si llamarle ventaja… de todos los recursos que da la experiencia de lo ya vivido. 

Y quería hoy referirme de forma especial, a esos momentos concretos del ‘cruce’ de un lugar del tiempo a otro. No hablo de edades específicas, porque cada vida es una historia de connotaciones distintas, sino de una cierta evolución del estado de ánimo, que nos sitúa más allá o más acá de una línea tan abstracta como real. Bien es verdad, que tales sucesos acostumbran a llegar con ella (la edad). Lo que quiero transmitir, es que hay en esos traslados, normalmente graduales, como un cierto tiempo de cortesía para que nuestro cerebro y por supuesto nuestro cuerpo los asimilen. Son  momentos de  cierta indecisión... asimismo de confusión. Como cuando tenemos un pie en el agua y el otro todavía en la arena, porque aún no hemos decidido si nos vamos a zambullir o a permanecer al sol en ese agradable rincón en el que nos instalamos hace años y que aún parece estar a nuestra completa disposición.

Bien, pues no sé vosotros, pero yo tengo claro, o ya he aprendido… que a pesar de esa especie de falsa zozobra que genera la pérdida de un estatus de años, desde el mismo momento en que te lo planteas, sin prisa pero sin pausa, ha llegado el momento de ponerse en marcha hacia otro ciclo, por más pereza o incertidumbre que nos despierte. Y digo pereza, porque miedo a estas alturas, la gran mayoría, hace ya, que lo hemos desechado. Me parece además,  que intentar retrasar esos ‘tiempos’ es un error garrafal que desubica nuestro reloj interior de una forma imperdonable, que siempre termina por pasar una onerosa factura a quien no sabe verlo y asumirlo. La de abandonar etapa a la fuerza, con todo lo que ello conlleva, porque nunca será lo mismo, sentirse expulsado, de no importa donde, que abandonar de motu propio.

Aunque cada uno lo viva  a su manera.
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domingo, 4 de mayo de 2014

De lo cotidiano


Imagen hallada en Internet de origen incierto
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Para D.K.
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Hay actos, que podríamos definir como de rutina, por la regularidad o la frecuencia con que se producen. Y sin embargo, están lejos de la connotación peyorativa con la  que muchas veces adjetivamos nuestro día a día. Son esa pausa en el camino, que reconvierte ese firme por el que nos deslizamos en algo más liviano, y hacen asimismo, que nuestros itinerarios cotidianos no nos ‘aplasten’ de forma obvia. Creo además, que en según que casos o circunstancias, resultan totalmente necesarios para mantener el equilibrio. Incluso la cordura. Aunque tengo claro, que dicho término, es cada vez de más difícil y ambigua definición. Porque probablemente, en lo que todos estaremos de acuerdo, es en que vivimos en un extraño e incomprensible a todas luces… complejo mundo. A lo que ninguno, somos ajenos.

Hablo de hechos sencillos e imposibles de referir en su totalidad, afortunadamente, por su abundancia. Pero citaré algunos de los más comunes que se me ocurren, como por ejemplo, ese ‘café con o sin periódico’ sin prisas del domingo por la mañana al sol de cualquier terraza o jardín cercano. O en la cama. También, para el que lo tenga, del hábito de un paseo corriente, que nunca resulta el mismo aunque recorramos o nos detengamos prácticamente en los mismos lugares, todas las veces.  O de esa charla cómplice y buscada a menudo… que en la compañía adecuada, que todos sabemos procurarnos, provoca que cualquier tema abordado adquiera o pierda presión a voluntad y necesidad de los contertulios. Y que una vez finalizada, sin importar como o donde te halles, hace que te sientas renovad@ y llen@ de energía. Para muchos, entre los que me cuento, algo tan sencillo como la meteorología, al alcance de absolutamente todo quisque… resulta fuente de belleza y relajación, aún la más inclemente. Toda una maravilla, ver anochecer, amanecer, llover… tormentas y demás fenómenos que todos hemos disfrutado alguna vez.

Por no hablar, de esos tiempos de soledad tan necesarios, aún para aquellos que no son conscientes del relajo que representa la acción de estar y existir solo para nosotros mismos,  ‘dejando de ser’ para el mundo y sus convenciones. Por ejemplo y por citar de nuevo, algunos de las más sencillos, esa ducha de agua caliente o fresquita, a gusto del consumidor, después de un esfuerzo físico. O la natural introspección que se produce tras la lectura de un texto que nos ‘toca’ o ese mágico momento previo al sueño, del que difícilmente guardamos memoria… en donde nuestro yo se fuga a dimensiones desconocidas o al menos no recordadas claramente en nuestra materialidad, permitiéndonos un vuelo imposible en nuestro presente ‘real’. Otro de esos términos, ambiguo donde los haya...

En todo caso y para finalizar lo que largo está,  os deseo, felices y frecuentes vuelos.
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Texto, basado en las vivencias de dos amigas, en una soleada mañana de sábado.

viernes, 11 de abril de 2014

Rendijas de la memoria

Imagen de la mirada de cristal
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Dedicado a un señor de Boston
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Hablar de la fragilidad del pasado y su recuerdo, es una de esas verdades de Perogrullo por lo obvio que resulta.  Aparentemente, cualquier motivo por fútil o intrascendente que nos parezca, como una música, una conversación trivial, un determinado aroma, un encuentro fortuito, etc… puede devolvernos a él de forma palpable e inequívoca.

Pero, tengo para mí,  que el paso inexorable de sucesos que conlleva esta entelequia en la que vivimos inmersos y que nombramos como tiempo, nos hace alterar a voluntad propia esas evocaciones. Y aunque algunas se mantienen incólumes a lo largo de los años, otras se transforman poco a poco, al igual que la mayoría de nosotros.

Podría decirse que cuanto más lejanas o intensas… más cambia la sensación que ahora nos producen, hasta tal punto que en algunos casos, nos cuesta reconocernos en ellas. No hablo de la forma secuencial o material de las vivencias, porque lo que pasó, pasó! y eso es inmodificable en la memoria. Salvo patologías, claro. Pero no así, el ‘sabor’ y la multitud de matices que en su día nos dejaron, para bien o para mal...

Como cuando miramos esas viejas fotografías, que todos conservamos y que siempre salen por algún rincón.
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lunes, 31 de marzo de 2014

Próxima parada: Desencanto...

 Imagen de James Maher
http://theballast.wordpress.com/2010/09/24/ten-photographs-by-james-maher/
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No sé bien lo que me digo porque no sé con “qué” conmigo hablo. Tengo nostalgia de todo lo que no soy y remordimientos por todo lo que no he hecho. Escribo para conocerme mejor, pero cuanto más escribo más extraña me resulta la persona que habla en mí…
Lorenzo Oliván
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Está claro que indagar en nuestro laberinto interior, sin importar que medio utilicemos, acostumbra a ser un camino que nos acerca a lo que nombramos como sabiduría. Duro, pero quizás el único que nos permite admitirnos y nos saca de la otredad de ese espejo interno que siempre nos cierne atento.

Por eso, en este trayecto en espiral, que al final resulta ser la vida y aún huyendo de lo sentencioso e instalados en la vía correcta, la mayoría de paradas se amontonan en nombres como: 

a punto de, junto a escasos por fin…, algún fortuito, mira por donde… Sin olvidarnos de los inevitables, ni de coña! :)

Y es que, cuesta! enfrentarse al propio yo más que a cualquier otro… Sobre todo, porque más pronto que tarde, nos instalamos definitivamente en ‘País Desencanto’.
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Dedicado, música incluída, ;) a la improvisada 'tertulia' de esta mañana.




domingo, 16 de marzo de 2014

El azor

Imagen de La mirada de cristal
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Si no quedara la estival esencia,
En muros de cristal cautivo líquido,
La belleza y su fruto morirían
Sin dejar ni el recuerdo de su forma
W. Shakespeare
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Siguiendo el vuelo de caza del azor, descubre esa  gruta oscura y silenciosa, en la que al entrar no puede evitar un escalofrío. Por un breve instante, tiene la impresión de haber perturbado alguna presencia, como si hubiese llegado en un tiempo que no fuese el suyo… Pero la exquisita luz de la grieta del fondo, resulta una llamada inexcusable, en la que un bello pero peligroso acantilado se manifiesta espléndido, para susurrarle la singular melodía que trae el viento.

Un horizonte de senderos dispares, que traen y llevan sensaciones conocidas, pero ya olvidadas, apartadas...

Todo parece nimio y lejano desde esa recoleta y extraña linterna.

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domingo, 23 de febrero de 2014

Intervalo

Imagen de La mirada de cristal
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En este presente ígnaro, que desconoce si es orilla de pasado o de futuro, se siguen marchitando los días… huele a tiempo perdido, a invierno que resiste… Pero allá, a lo lejos, en distante y bello contubernio, huyen las nubes con el viento.

Me pregunto una vez más, ¿adónde irán?
   

Consumado el extravío, el refugio de retornar a la templanza del camino. También en tierra firme, existe el hallazgo afortunado, de la extraña e impensada belleza del rincón olvidado. 
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miércoles, 12 de febrero de 2014

Sé tu nombre

Imagen de La mirada de cristal
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"Había perdido todos los significados de la palabra esperanza"
Albert Sánchez Piñol (La piel fría)
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Hace tiempo que te encuentro a menudo, entre los pasillos del parking del centro comercial. Casi siempre, a la espera de  clientes del supermercado. Me explicaste un día, que has aprendido, que es mucho más fácil conseguir comida, que efectivo. Aunque tampoco lo rechazas, en tu situación, cualquier ayuda es bienvenida.

Me resulta imposible calcular tu edad, pero desde que sé de ti, has adelgazado y tu piel, ha ido cambiando su tono pálido por el rojizo intemperie. La derrota y la enfermedad, han profundizado tus arrugas, mudando de forma evidente, la expresión inquisitiva del que no entiende nada… por la tristeza de tu ¿qué más da? en respuesta a mi ¿cómo estás?.

Hablamos algunas veces y sé porqué… pero eso, ha dejado de ser importante para ti,  me lo contaste un día, pero hasta hoy, no he comprendido porque es así.  Esta tarde, al despedirnos, mientras palpaba tu fragilidad y tu cansancio al abrazarte, has murmurado muy clara tu razón.
  
-Gracias por la ayuda, pero sobre todo, por la compañía y acordarte de mi nombre. Ya son más las veces, que soy invisible que visible...

Mientras conducía de regreso, pensaba, que cuando el camino nos abruma hasta el extremo, quizás, no queda más remedio que pactar con los fracasos del pasado y las tinieblas del futuro, para que esa mezcla de tiempos, nos permita viajar por nuestros días escapando o transformando algo del presente que vivimos.


No he sido capaz de decírtelo, pero te deseo lo mejor.

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lunes, 27 de enero de 2014

Sucedió en París

http://marcianosfoto.org/nuevagaleria/thumbnails.php?album=72&page=4
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Hace unos años, regalé un recuerdo a un buen amigo. Basándose en él, compuso una sugerente historia de encuentro y sincronía. Si no me falla la memoria, además de escaso de tiempo, andaba comprometido en unos de esos talleres de escritura, en los que se trabajan relatos, que han de incluir inexcusablemente, unas determinadas palabras. Como le sé lector habitual de este espacio, espero que no le importe que lo recupere ahora para mí.

Viene esto a colación, porque unos días atrás, leyendo en un blog afín, probablemente porque el texto transcurría en la misma ciudad y unas cosas llevan a las otras… ese mismo recuerdo regresó a mi memoria con  nitidez. En el mío, no hay acercamiento romántico, pero sí sincronía y es además auténtico.
También, porque hay momentos o sucedidos, sencillos por demás, como este, que ya en presente se viven como inolvidables por una conjunción de factores que nos inclinan a una especial disposición del ánimo y que luego el transcurso del tiempo termina por confirmar y reconvertir en auténticas epifanías.

Tiempo atrás, sin importar demasiado los motivos de porque era así, la que suscribe, siempre en invierno, viajaba con cierta frecuencia a París. Al punto de que podría decirse, que aún hoy, me resultaría difícil ‘perderme’ en esa enorme urbe. Pronto descubrí, que me resultaba mucho más agradable, después de finalizadas mis obligaciones o devociones, alojarme en cualquiera de los pequeños y encantadores hotelitos de la orilla izquierda de La Seine, tan o más confortables, que en las impersonales e idénticas, sin importar el país en que te halles, habitaciones de las grandes cadenas. Además de ser mucho más económico.

En una de esas ocasiones, un tanto cansada de ver las mismas caras de ese viaje, con la excusa de ir en busca de prensa española, me disculpé ante mis acompañantes y decidí salir en busca del silencio y la soledad de a quien le cuesta lo suyo ponerse en marcha por las mañanas, y por ello, todo le molesta. La intención, era desayunar sola en alguno de los cafés cercanos, huyendo así del rumor de la prevista e insulsa charla de comedor. Otra de las ventajas de estar en pleno centro. Esta vez muy cerca de La Sorbonne, una zona muy frecuentada por gente joven, sobre todo estudiantes.

En la calle, me esperaba el típico día desapacible del Enero parisino. Un intenso frío, acompañado de un considerable manto blanco que lo cubría todo. Y a tenor de lo que seguía cayendo, en aumento. Pero eso, lejos de disuadirme, me animó. Parece como si la nieve, para quien no la padece a menudo, tuviese un cierto poder terapéutico. Mientras elegía itinerario, disfrutando al comprobar como mis pisadas eran las únicas de esa acera, una inexplicable alegría de niñez, me invadía. Resolví entonces, seguir caminando un poco sin rumbo, intentando alargar el momento… hasta que de forma inesperada, al doblar una esquina, una música no muy lejana llegó a mis oídos marcándome la dirección a tomar.

Siguiendo ese rastro sonoro, pronto me encontré en una semi plaza, que a día de hoy, me resultaría imposible mentar por su nombre, pero que recuerdo muy cerca ya, de los Jardines de Luxemburgo. Y ahí, la maravilla.
Tres jóvenes, uno al chelo, las otras dos al violín, en mi recuerdo bellísimos!, como esos angelotes de las postales de navidad de Ferrándiz, ejecutaban la Serenata Nocturna de Mozart, bajo los copos de nieve, como si tal cosa. Eran y quizás lo fueron… como una aparición benévola… Totalmente extasiada, me uní a un exiguo corro de espectadores, a  los que el tiempo, igual que a mí, se les detuvo durante un incierto lapso, imposible de calcular.

Quizás una burbuja de eternidad… en donde se palpaba, aún hoy lo siento así, que estuvimos, solo, los que teníamos que estar.

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martes, 14 de enero de 2014

La carta...

http://retofotografico.blogspot.com.es/2012_02_01_archive.html
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Allá en el fondo, todas las palabras que dijimos y de las que ya no guardamos recuerdo, duermen bajo las aguas.
Duermen aquellas que no supimos decir y esperan su turno para salir a flote. Las cartas que hemos roto, las no recibidas y las veces que hemos dicho adiós. La pena que sentimos y que ahora, al recordarla, nos parece pequeña. La risa o el llanto que no llegó a brotar. La amistad que buscamos en el momento difícil y que resultó más débil que nosotros, más falta de ayuda. La persona a quien quisimos consolar y nos sirvió de consuelo...
                                                  Todo duerme allí, en ese fondo.
                                                   
                                       Carmen Kurtz 'Duermen bajo las aguas'
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Producto de la búsqueda de lectura para una invitada ocasional, las dos cartas, con la tinta ya desvaída por el tiempo, resbalaron a la vez de entre las hojas amarillentas de un viejo ejemplar, de la novela de Carmen Kurtz ‘Duermen bajo las aguas’.

Una con su matasellos, daba cuenta del inicio de la correspondencia, la otra, sin sobre, era claramente la contestación a la primera, pero nunca se había llegado a enviar.

La recibida, hablaba de reencuentro, mientras que la respuesta, era un claro adiós. Retazos de la historia de dos almas que volaron al unísono en un tiempo fugaz. La crónica esquemática de un verano que fue umbral en dos itinerarios. Un breve fragmento de vida, rescatado ahora al azar, de las profundidades de una época lejana. Olvidada. Y de la que probablemente, nadie que no fuera ella en ese instante, guardaría ya memoria.

Siempre se le habían dado mal las despedidas… quizás fuese esa, la primera vez en que sencillamente, desapareció… A tenor de las letras del remitente, una actitud plenamente supuesta en la otra orilla. Porque no son pocas las ocasiones en las que, cuando las palabras deciden esconderse, el silencio, aunque quizás cruel,  es la réplica o la solución? más clara, a no importa el planteamiento.

Como fuese, al releer de nuevo la cita de Kurtz, pensó que ambas misivas, habían sabido escoger bien donde sobrevivir.

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viernes, 3 de enero de 2014

Una brecha en mi cielo

             
Imagen de La mirada  de cristal
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Hoy, camino marino. Refugiada en las notas de mi buen amigo Johann Strauss, siempre capaz de abrir una brecha en mi cielo por más espeso que esté. La plasticidad perfecta de la sencillez de su Danubio, acostumbra a ser un bálsamo infalible. Mientras me empapo en sus arpegios, se desvanece la tarde como ese pájaro que vuela hacia el mismo horizonte oscuro que compartimos.
  
Pienso.

Me siento a veces como el asno ciego que engarzado a su rueda, camina sin saber que siempre sigue en ninguna parte. Aún así, intento conservar Ilusiones, sueños o deseos, que probablemente ya dependen mucho más, de donde pongo el listón que de mis fuerzas. Para ello, entre otras cosas, intento rodearme de un entorno amable o al menos, lo menos hostil posible. Contradecir eso, a estas alturas, me parece una solemne estupidez. Lo que no significa, que sea amante de corifeos o tiralevitas. Al contrario. Y aquí, alguna vez, he dado muestra de lo que afirmo.
   
Por otra parte, si de algo estoy segura, es, de que no quiero perder ni mi tiempo ni mis fuerzas, en pequeñas y estúpidas rencillas sin sentido. Aprendí muy pronto, y de forma severa, algo, que a la larga, me ha resultado muy útil. No se puede ni gustar, ni complacer a todo el mundo. Asumir eso, es esencial para navegar, en no importa que procelosas aguas.También, que son muy pocas las cosas y personas imprescindibles. Porque en el fondo, ( y en la superficie) las cosas, los asuntos, incluso las personas, sólo tienen la importancia que queramos darle. Todo un alivio ¿verdad?

Pero sigo comprobando por activa y por pasiva, que saber todo eso, no me priva de equivocarme una vez tras otra. Quizás, porque mi ‘callo’ a ese respecto, todavía es capaz de sorprenderse o de resentirse por poco que sea.


También, y valga la redundancia, todo un alivio.
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