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Somos muchos los que decimos que el pasado no debería contar tanto en nuestra existencia, o que si lo hace, fuese tan sólo como lección de vida. Que sólo a las acciones del presente les correspondería crear nuestro tiempo. Pero parece que al final, como diría mi buen amigo Yandros, el tiempo es sólo ese punto infinitesimal del presente, en donde nuestra mente falaz por naturaleza, probablemente nos aleja de la auténtica realidad. Una materialidad siempre ajena a la intrínseca y esencial percepción del mismo y que enlaza esos tres conceptos que utilizamos en la dimensión espacial que nos concierne, para organizarlo y tratar así de aprehenderlo y asimilarlo de algún modo.
Pero esas tres creaciones humanas, pasado, presente y futuro, no dejan de ser otra entelequia, una vana ilusión elucubrada y aceptada como un respiro e interpretación de nuestro cerebro, que instante a instante ese implacable e inaprensible concepto se encarga de ir desmintiendo. Porque siempre será él, el que nos envuelva y aprisione y el que nos traiga y nos lleve a su antojo de forma irreversible y siempre en una sola dirección. (Arthur Eddington y su “flecha del tiempo” dixit en Illo témpore) . Aunque esté por ver que ocurrirá en un futuro...
Pero prescindiendo de magnitudes físicas que siempre pasan por la subjetividad o relatividad de un observador y de definiciones académicas varias.
¿Nunca os habéis preguntado qué sucedería si dejásemos de medirlo artificialmente? Si nos limitásemos sencillamente a dejarnos llevar por el incesante fluir de su inevitable y permanente viaje de la luz a la oscuridad… ¿estaríamos fuera de la trampa? ¿influiría eso en nuestra percepción de tal concepto? O por el contrario ¿lo seguiríamos “sintiendo” de la misma forma?
Como un ladrón de vida… o como un liberador de almas o de energías… Dependiendo siempre de la subjetividad de las diferentes culturas que nos ciernen.
Lo cierto, es que en este lado del espejo siempre lo percibiremos como el testigo mudo, palmario e inequívoco que nos aprisiona en la huella que deja a su paso en todo lo vivo, incluso en lo inerte o en lo falto de vida.
Y haremos tal cosa y todas las cosas… siempre en presente y con los limitados recursos de que disponemos… Un presente que sólo lo es, si existe un pasado previo… que creamos mediante algo tan inasible y ambiguo como un recuerdo. En cuanto al futuro, es tan solo la posibilidad de imaginar… o la facultad de crear con nuestras acciones del presente tal probabilidad, justo en ese infinitesimal momento. Tan solo un punto en el Universo.
Así pues, sólo “estamos o existimos” en ese suspiro infinitesimal en el que se entrelazan recuerdo y probabilidad. Frágil y fútil frontera la del ser.
Definitivamente, duermo fatal.
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