viernes 6 de noviembre de 2009

Tempus fugit...



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Somos muchos los que decimos que el pasado no debería contar tanto en nuestra existencia, o que si lo hace, fuese tan sólo como lección de vida. Que sólo a las acciones del presente les correspondería crear nuestro tiempo. Pero parece que al final, como diría mi buen amigo Yandros, el tiempo es sólo ese punto infinitesimal del presente, en donde nuestra mente falaz por naturaleza, probablemente nos aleja de la auténtica realidad. Una materialidad siempre ajena a la intrínseca y esencial percepción del mismo y que enlaza esos tres conceptos que utilizamos en la dimensión espacial que nos concierne, para organizarlo y tratar así de aprehenderlo y asimilarlo de algún modo.

Pero esas tres creaciones humanas, pasado, presente y futuro, no dejan de ser otra entelequia, una vana ilusión elucubrada y aceptada como un respiro e interpretación de nuestro cerebro, que instante a instante ese implacable e inaprensible concepto se encarga de ir desmintiendo. Porque siempre será él, el que nos envuelva y aprisione y el que nos traiga y nos lleve a su antojo de forma irreversible y siempre en una sola dirección. (Arthur Eddington y su “flecha del tiempo” dixit en Illo témpore) . Aunque esté por ver que ocurrirá en un futuro...

Pero prescindiendo de magnitudes físicas que siempre pasan por la subjetividad o relatividad de un observador y de definiciones académicas varias.

¿Nunca os habéis preguntado qué sucedería si dejásemos de medirlo artificialmente? Si nos limitásemos sencillamente a dejarnos llevar por el incesante fluir de su inevitable y permanente viaje de la luz a la oscuridad… ¿estaríamos fuera de la trampa? ¿influiría eso en nuestra percepción de tal concepto? O por el contrario ¿lo seguiríamos “sintiendo” de la misma forma?

Como un ladrón de vida… o como un liberador de almas o de energías… Dependiendo siempre de la subjetividad de las diferentes culturas que nos ciernen.

Lo cierto, es que en este lado del espejo siempre lo percibiremos como el testigo mudo, palmario e inequívoco que nos aprisiona en la huella que deja a su paso en todo lo vivo, incluso en lo inerte o en lo falto de vida.

Y haremos tal cosa y todas las cosas… siempre en presente y con los limitados recursos de que disponemos… Un presente que sólo lo es, si existe un pasado previo… que creamos mediante algo tan inasible y ambiguo como un recuerdo. Por no hablar del futuro, que es tan solo la posibilidad de imaginar… o la facultad de crear con nuestras acciones del presente tal probabilidad, justo en ese infinitesimal momento. Tan solo un punto en el Universo.
Así pues, sólo “estamos o existimos” en ese suspiro infinitesimal en el que se entrelazan recuerdo y probabilidad. Frágil y fútil frontera la del ser.

Definitivamente, duermo fatal.
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lunes 26 de octubre de 2009

Nieblas...


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Hace unos días me visitó la viuda de mi buen amigo Pep a la que no había vuelto a ver desde el día del funeral. Por fin, con tiempo para hablar nos pusimos a ello. Y lógicamente la conversación versó en gran parte sobre él, pero especialmente sobre su nueva vida. Escuché atenta lo que me explicó y me sorprendieron varias cosas de las que dijo.
Laura, ha sido y es, una persona inquieta y abierta a todo tipo de actividades. Entre los amigos, siempre hemos tenido una broma particular que consiste en decirle: tú, estás fuera de todo peligro de que la casa se te derrumbe encima…
Sé, que las pérdidas necesitan un duelo y que cada persona tiene un “tempo” y una forma distinta para adaptarse a las nuevas situaciones que lo provocan. Pero no sé porqué di por sentado que el de ella iba ser más corto, porque la sé fuerte y por toda esa actividad que acostumbra a desarrollar. Supuse además, que la habría aumentado para paliar, en tiempo, tan terrible falta. Ocupar el tiempo en cosas útiles es una buena medida casi siempre. Pensé que eso la estaría ayudando a “superar” con más presteza la situación de inevitable desmorone que acostumbra a acompañar a este tipo de sucesos. Una de sus frases preferidas siempre ha sido que odia las rutinas y que tiene la necesidad perentoria de huir de cualquier comportamiento que se acerque a ellas…
Y sin embargo, me sorprendió y me conmovió, oírle decir que aunque no todas, había abandonado buena parte de sus actividades para sumergirse en recordar las “rutinas” cotidianas que tenía con Pep. Que tenía necesidad de ello. A mi demanda de que se explicase algo más, me respondió lo siguiente:
Necesito recordarle todo el tiempo sin interrupciones. Echo de menos todo lo suyo, pero me acuerdo mucho menos, por ejemplo, de los viajes, fiestas y actividades, incluso de los momentos felices o cruciales… que de esos momentos cotidianos en que me lo encontraba en la cocina preparándose algo, o en el baño lavándose los dientes… y le decía ¡tira pallá! o en la cama, cuando me cabreaba porque durmiendo me estiraba la manta y me dejaba a la intemperie. Toda esa cotidianidad, que siempre he pensado que mataba la magia de las relaciones… es precisamente lo que más estoy echando en falta… Hasta tal punto que, a mí, que nunca me ha gustado el blues o el rock ha comenzado a interesarme. Sé, que no debo prolongar demasiado esta situación de lamerme las heridas. Pero ahora mismo “toca”.
Cuando se fue, se me ocurrió pensar que cada pareja, independientemente del tipo de relación que tengan, desarrolla unas rutinas concretas que aunque no sean las mismas que las de mis amigos, no acostumbramos a valorar en absoluto hasta que las perdemos.

viernes 16 de octubre de 2009

Olvidos, despistes y otras hierbas...










http://www.flickr.com/photos/siobhanalbertiana/2958849647/

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Dedicado a los que conviven con hijos, a los duendes domésticos y a mis congéneres despistados de solemnidad…
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Mucha de la gente que me conoce me tiene por observadora, pero sólo lo soy según para qué. Soy capaz de acordarme de algo que me dijeron hace 20 años con pelos y señales, o de rememorar un paisaje infantil con exactitud pasmosa. Incluso algo tan fácil de olvidar como un sueño… no representa dificultad para mi memoria retentiva. Sin embargo, lo cotidiano, me mata… hasta diría que me persigue…

Si tuviera que contar alguna vez en tiempo real los minutos que pierdo todos los días solucionando pequeños y estúpidos problemillas domésticos, provocados por mi mala cabeza, creo que al cabo de los años me podría ir, aproximadamente, dos o tres días de vacaciones. Quizás más…

Y es que, los habemos, que por uno u otro motivo tropezamos con la cotidianidad de una forma continuada y especial. Después de pensarlo detenidamente creo que existen tres grandes grupos de “tropezadores”, lo que no es óbice, para que muchos de nosotros nos reconozcamos en todos ellos. Ya me diréis…

Por ejemplo:

¿Dónde coño están “esas” tijeras? (las únicas que cortan bien de verdad y que ya la última vez que las utilizaste, guardaste a conciencia, para no encontrarte de nuevo en esta misma situación) Pero es que algunos convivimos con una especie de sabuesos buscadores de trufas… y de tijeras… grrrrrr
Por no hablar de “ese” cuchillo, el abrelatas, o el sacacorchos… que tu dejas siempre en el mismo lugar... pero cuando los vas a buscar, ná! ni flores!
¿Y que me decís de las “oscuras”, nunca mejor dicho, gafas de sol? que parece que tengan vida propia… ¡malditas!
¿Cuántas veces pedís en cercanías, que os llamen al móvil para localizarlo? Para comprobar que lo tenéis en el bolsillo… jeje!
Capítulo aparte merecerían las llaves… en mi caso, sobre todo las del coche, junto con el ticket del párking que cuando por fin localizo y consigo pagar en la máquina, olvido retirar… con la consiguiente pérdida de tiempo de regresar a buscarlo. Y al albur de que algún listo se lo lleve, para ahorrarse el suyo…
Para las que tienen hijas… ¿dónde está mi lápiz de ojos, mi hidratante, mi perfume… mi todooooo!
¿Y cuantos de vosotros cerráis el coche y al cabo de aproximadamente… 10 m. os preguntáis, ¿he cerrado el coche? Somos los que adoramos los mandos a distancia…
Y… esto ya, para despistados de solemnidad como yo… que los hay! En esos megapárkings ¿dónde he dejado el car? En que planta? ¡Enigmas del world! Eeeh… a ver, reconstruyamos los hechos… ¿por donde entraste? Jodeeeeer!
A alguno de vosotros ¿lo han llamado por megafonía de algunos grandes almacenes, para que pasaseis a recoger la tarjeta que habéis olvidado “alegremente” en manos del desconocid@ que os cobra…? A mí, sí, lo confieso… y más de una vez…
A ver… la lista de la compra… nada por aquí, nada por allá… jo! Me la he vuelto a dejar… bueno, inventaremos de nuevo. Magia potagia!
“Ese” papel… con los datos que necesito, estaba aquí, lo dejé aquí… TIENE QUE ESTAR AQUÍ! ¡QUIEN DIABLOS LO HA TOCADO?. Termina por aparecer pero ya, cuando has vuelto a llamar, pedir… etc… ¡maldito duende que me persigue! Gsrtdfx!

Y suma sigue... que no añadiré, pero que todos los despistados tenemos in mente… jejeje. Para todos vosotros, un abrazo compañeros! Y no os dejéis comer el coco por los "reyes del orden". Unos tenemos unas cosas y otros… otras…

Y recordad algo importante : el que no sabe ser tolerante en lo “pequeño o con lo nimio” mucho menos lo será, en y con lo importante.

¡Tenedlo en cuenta!

jueves 1 de octubre de 2009

Riders on the storm...


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Y de pronto la lluvia. Así, como de improviso. El sonido de los neumáticos surcando el asfalto mojado por el aguacero. Por única compañía, el lujo de Jim Morrisson. Mientras, la tormenta súbita borrando el sol y las huellas del verano.
Y desde detrás de los cristales empañados, controlo esa gota abriéndose camino en su Universo particular. Librando su batalla para llegar a destino, para luego desaparecer. Y vuelta a empezar... Como todo.
Y llega el tiempo en que los días se suceden raudos y veloces como si tuvieran prisa por sumergirse en las sombras nocturnas, de tal manera que parece que el tiempo nos atropelle sin darnos tregua para nada. Y otras, pasa tan lento, que nos invaden unas ganas inmensas de empujarlo.
Aquí y ahora.
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Riders on the storm (The Doors)

lunes 21 de septiembre de 2009

Fugacidad...







http://www.flickr.com/photos/josempcedi/838786014/
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Entró en la azotea oyendo el sonido de las sábanas ondeando con fuerza. Un vendaval húmedo de levante las hostigaba haciéndolas restallar. El azote del viento le enmarañaba el pelo delante de los ojos, dificultando la retirada de la colada. Al acabar, se retiró las greñas hacia atrás, en un gesto maquinal, y apoyó el barreño lleno de ropa en la amplia balaustrada.

Siempre que subía hasta allí, le gustaba hacer una pausa en sus quehaceres y quedarse un rato disfrutando del cielo y del paisaje. Pensó que los días se percibían claramente más cortos y que el sol, ya muy bajo, prometía un crepúsculo esplendoroso. Su paleta de luz sesgada, comenzaba a pintar de rosa el horizonte y las nubes, presurosas, corrían veloces empujadas por el céfiro.

¿Adónde irían?.

Era ese momento en que el verano, ya agotado y cansado, comienza a coquetear con el Otoño. Miró hacia la alameda con su arboleda espesa y aún espléndida y pensó que en breve, ejecutaría su anual sinfonía de dorados, colmando sus caminos y veredas tan bien dispuestos, de la hojarasca sobre la que tanto placer le daba siempre caminar. Era un poco, como volver a ser niño… ¡que lejos quedaba eso!

-¿Mamá?

-Sí…

-Ah! Estabas aquí.

-Es que necesito, bla bla bla...

-Bien, vamos pues…

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sábado 12 de septiembre de 2009

De lo inesperado













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http://www.flickr.com/photos/elessar/3010059912/

No hace mucho, en la soledad de una de mis noches de insomnio, me abstraje sin un motivo concreto que recuerde ahora mismo en pensar que la vida es como un hilo conductor que nos trae y nos lleva un poco a su antojo. Y en donde en cada cambio de ciclo se hace un nudo en ese hilo, que no nos deja volver atrás. Algo que provoca al mismo tiempo, que nos sintamos obligados a caminar hacia adelante. Incluso a la fuerza o muy a pesar nuestro.

Porque cuesta alejarse de lo conocido, aún de lo malo, y mucho más de la comodidad o supuesta felicidad en la que hayamos podido creer que estamos instalados.
Y es que los cambios, según como se presenten, se viven de forma muy distinta. No es lo mismo que nos empujen que partir de motu propio. Lo que algunos viven como una oportunidad, otros pueden hacerlo como un fracaso en toda regla. Pero no es de este tipo de cambios de los que quiero escribir.

Mientras mis pensamientos se desgranaban como al azar, pronto pasé a plantearme lo que yo considero, ya, las auténticas mutaciones. Me refiero a esas transformaciones casi espontáneas totalmente inesperadas y para nada buscadas, que se presentan de pronto, en medio de períodos de paz total, sin explicación plausible ni motivo alguno y que arrasan con todo lo anterior de forma insólita e inexplicable. Aunque nos resistamos.

Un nudo mental, o más bien un azar casuo-causal, eso que ¡tan bien ¡ describe Jung* y que nos hace cambiar por completo la idea que tenemos sobre lo que deseamos que sea nuestra vida a partir de ahí. Es, casi, como estrenar un nuevo yo. Aunque no se renuncie a lo aprendido, a lo asimilado a lo largo de nuestra existencia. Diríamos que viene a ser como un punto de inflexión que tuerce todo lo que creíamos plano y bien situado. Sorpresivo y turbador a un tiempo.

Hasta que punto, este desconcierto inicial puede hacer perder la serenidad, del sujeto a los cambios, dependerá del carácter de cada uno y de la resiliencia que hayamos sido capaces de desarrollar a lo largo de nuestra vida.

Así pues, para viajar de nuevo de la perplejidad y el desconcierto al aplomo de la serenidad, creo que cuanto más haya racheado a nuestro alrededor y en nuestro interior y a cuantas más transformaciones nos hayamos enfrentado, más versatilidad y entereza poseeremos para enfrentarnos y aceptar lo nuevo que viene. Aún lo inesperado.
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* Esteee, es que es un gran compañero de conversaciones nocturnas. Y lo invito a menudo, jeje!

lunes 31 de agosto de 2009

Materia oscura...


















http://www.flickr.com/photos/stars/3715286982/

Este jueves pasado, el adelanto imprevisto de un viaje laboral, me impidió asistir a una charla a la que deseaba fervientemente acudir. Aún así, por diferentes medios, he conseguido hacerme con la ideas generales de la misma, a través de las muchas entrevistas que ha concedido el conferenciante a diversos medios. Pero hoy, no quiero hablaros de partículas, ni de materia oscura y similares, aunque esa sea la ocupación principal del personaje del que os estoy hablando. Esa, es una información fácil de encontrar en cualquier buscador. Hoy quiero referirme a su visión lúcida del mundo y de la filosofía. En mi opinión de la buena.

El conferenciante que me perdí, muy a mi pesar, es Simón White, astrofísico e investigador de la materia oscura que dirige el Instituto Max Planck. Os diré, que me ha sorprendido su discurso humanista y cercano a la ontología de a pie. A la que nos atañe a todos los seres humanos. En esa charla habló de esto, mucho más que de cualquier trabajo científico suyo, de indudable nivel y con el que nos podría haber dejado boquiabiertos sin dificultad alguna. Y es que al final, los científicos, los grandes, son sencillos y poseen esa claridad de miras del investigador que debe constatarlo todo y que acostumbra a dotarlos de un indudable poder de discernimiento para acercar y explicar las tramas del Universo que nos conciernen a todos los mortales. Que no deja de ser una forma de aproximarnos a nuestro origen primigenio. A ese polvo de estrellas del que todos estamos constituidos en última instancia. Investigar sobre ellas, es también hacerlo sobre nuestra última y más auténtica esencia.

Para empezar, define la astrofísica, como un conjunto de saberes, y esto me parece muy importante, que la edad ayuda a conjugar. Y es que cualquier conocimiento sobre la misma, o sobre cualquier otra cosa, no nos afecta de la misma forma según la edad que tengamos. No nos preguntamos igual a los 20 que a los 50.

White puede comenzar una charla hablando de Andrómeda y terminarla hablando del Estado del bienestar. En ello debe influir, seguramente, que estudió a expensas de diversas instituciones para niños sin recursos y que gracias a ello ha podido llegar a ser el descubridor de la “materia oscura” (sólo somos capaces de ver aproximadamente un 4% del Universo, el resto es materia oscura) ¡Pues no queda! Pero lo que me admira realmente de él, es esa capacidad que posee de relacionar toda su sabiduría de forma muy tangible, con el mundo “real”.

En una de las muchas entrevistas que se le han realizado estos días, a la pregunta de: ¿para qué sirve la astronomía? contesta citando a Oscar Wilde:
“Aunque vivamos en las alcantarillas alguien tiene que mirar a las estrellas”. Y añade: y además explicarlas, digo yo. Porque la única explicación que admite la realidad no se alcanza pegando tiros, sino razonando. Por eso rechazo el relativismo cultural: toda cultura no es igual de buena.
Y cuando el entrevistador (Ll.Amiguet, La Vanguardia) le inquiere ¿a qué se refiere? Responde con claridad y valentía lo siguiente:

Las culturas de la razón, la democracia y la justicia permiten explicar el Universo, y en cambio, otras, nos someten a los intérpretes de falsos designios del cielo.
Por eso, rechazo la tolerancia malentendida del relativismo que iguala todas las culturas. Sostiene que no es lo mismo, mirar al cielo, que entendemos hoy gracias al ejercicio de la Ciencia en democracia, que escrutar las estrellas, en secreto, temerosos de acabar en la hoguera condenados por una tiranía apoyada en designios “celestiales”.

Y en esta época involucionista de Teorías creacionistas y demás… que me abstendré de calificar… en un ejercicio de moderación, que “casi” nunca ha sido recíproco por parte de quienes las sostienen, os diré, que no puedo estar más de acuerdo con lo que dice. A lo que sólo añadiría, que hay materia oscura y “materia oscura..."