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A mi madre
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Siempre pensé que tu huella en mí, no iba más allá del
rastro de una nube en un cielo de final de estío. Curioso, como en diferentes
épocas, rozamos los mismos tiempos.
Y también ellas. Las cuatro, mónadas de fruta madura e
indivisible, como un hechizo de
causalidad.
Sin embargo, nunca se dio la semejanza, ni siquiera la
exterior. Somos… éramos… fuimos… tan
distintas...
Como no serlo, si todo un Océano de tiempo y geografía nos
enajenó a la una de la otra. Y para cuando las aguas se abrieron, ya no era
tiempo de comunión...
Pero en este tiempo de cosecha fuera de plazo, vuela el
talismán tardío de tu generosidad, que recolectamos en este sereno viento de
paz y tolerancia que nos ampara al
recordarte. Porque, eso, me lo enseñaste tú y tu difícil peripecia, más que
ningún otro/a. Y vives en nosotras. Las cinco. Sí, en ella, también.
Y como a ti, me gusta leer, la soledad y casi cualquier
música mientras me pierdo en lejanos sueños.
Hoy, me has sobresaltado cuando te he encontrado en esa foto.
Era yo.
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Cuando se van definitivamente, nos dejan ese vacío del que ya no somos dueños. Eres afortunada si puedes recordarla con esa serenidad.
ResponderEliminarEmocionante, tu dedicatoria, Cristal. Te abrazo.
Querido Godot, somos dueños de muy pocas cosas... sobre todo de las importantes... pero siempre nos quedará el 'uso y disfrute' de las mismas, durante este breve viaje en el que coincidimos :)Eso, es quizás, lo único importante y con lo que deberíamos quedarnos.
EliminarMi madre y yo, por ¿azares? vitales, tuvimos pocas oportunidades, pero aún así, la genética o esa parte atávica y ancestral que nos incumbe a todos, sigue mandando y marcando nuestros pasos.
Muchas gracias, por tu abrazo.
Sublime, amiga querida. Digno de tu alma hermosa
ResponderEliminarAnita:
EliminarA veces, es necesario expresar la nostalgia de algún modo. Aunque sea una sorpresa...
Muchas gracias por pasarte, querida.
Tantos pedazos rotos que intentar recomponerse resulta tarea de ilusos, y de ese modo, aprendemos a vivir entre jirones, llenos de huecos por los que sólo circula un eco áspero, seco. Y duele ése sonido, y cuando vibra… invocamos de inmediato aquellos recuerdos que nos forjaron, para que la vibración no nos rompa un poco más, porque las ausencias terminan cicatrizando, si, pero nos hacen perder solidez. Y color.
ResponderEliminarToujour un plaisir te lire, Madame.
Alfil:
EliminarSí...tarea de ilusos, porque tal como dices, somos jirones y ellos, los que ya no están, lo fueron a su vez de sus ausencias... y esa vibración de nostalgia y de dolor será quizás el paso previo para que se completen los reinos del Samsara. Quien sabe!
Et toujours un plaisir, te lire aussi :)
No llegué a conocerla, pero conociéndote a ti, seguro que fue alguien muy especial.
ResponderEliminarParece que los desencuentros vengan en el paquete en según que casos, pero también los encuentros. Nunca es tarde, dice la mía.
Precioso, guapa.
Sarita:
EliminarLo fue sin duda. Frágil y fuerte a un tiempo... aunque quizás debería decir 'resistente', que es quizás la fuerza más potente.
Y sí, esos desencuentros, forman parte de las sombras que nos acompañan en nuestro 'paquete vital' pero la sombra es solo una consecuencia de la luz, que también existe.
Gracias por pasarte y muchos besos
Me ha gustado mucho tu semblanza.
ResponderEliminarSiempre es tarde. Estamos condenados a llegar tarde a la estación y nunca llegamos a tiempo para decirles a ellos,a los que nos trajeron aquí, que ahora sí que los entendemos, que comprendemos sus vivencias, sus alardes y sus desdichas y que al final somos una prolongación en el tiempo de sus propias vidas y por lo tanto, los llevamos siempre en el equipaje, allí donde nos lleve la vida.
Besos
Pues muchas gracias por decirlo, Doctor.
EliminarEs verdad lo que dices... nunca podremos ponernos en su lugar por una sencilla razón de 'logística temporal'. Son ellos, los que si hay suerte, pueden ponerse en nuestro lugar y entendernos. En este caso, costó... pero la hubo :)
Y ahora, es cuando ese equipaje que mencionas se muestra. La vida...
Gracias por los besos, que hago recíprocos.
Hermoso.
ResponderEliminarSin palabras, esta vez... Pero mi silencio es reverente*
Besos
Isis:
EliminarPues muchas gracias por tu respeto y `por decir que es hermoso.
Te abrazo.
Tenemos de nuestros progenitores más lo que creemos y sólo el tiempo nos ayuda a ver esos trozos descompuestos que tanto nos confundieron.
ResponderEliminarUn abrazo, Cristal, muy sutil y clarividente.
Virgi:
EliminarPues sí, mucho más de lo que creemos y está bien que un día nos demos cuenta, porque en el fondo es entrar en el conocimiento de nuestra entraña más profunda y toda una lección de humildad.
Muchas gracias por tu abrazo y por venir, preciosa.
Los mayores y más frecuentes desencuentros siempre tienen lugar con los más próximos. A los padres no les pagamos ni los intereses de las deudas que contraemos con ellos. Serán, si acaso, nuestros hijos los que recibirán lo que dejamos de darles a ellos. Eso suaviza la injusticia y reconocer y apreciar la huella que nos han dejado, como haces tú, también.
ResponderEliminarUn abrazo, Cristal
Luís A.:
EliminarO aún peor, cuando la distancia es insalvable, el dolor de los desencuentros está en esa indiferencia aparente, que se produce por el desconocimiento del otro y su presente, lo que casi siempre conlleva evoluciones distantes.
Pero subyacente, siempre está la genética que más pronto o más tarde, termina por mostrarse.
Y te das cuenta, a veces con sorpresa, de que le -nexo- siempre estuvo, aunque no supiésemos verlo.
A otros, no sé... pero a mí me gusta que esté. Celebro que a ti también.
Un gran abrazo, Luís.
Bellísima, tu mirada de cristal. Con tu permiso, me guardo tu enlace.
ResponderEliminarSaludos.
Carlos.
Muchas gracias, Carlos y bienvenido.
EliminarJoaquin
ResponderEliminarEn primer lugar, bienvenido a mi espacio y muchas gracias por dejar aquí tu íntimo sentimiento, que dice a tu favor. La verdad es que la maternidad sin importar en qué sentido... deja una huella indeleble en todos nosotros, aunque a veces cueste llegar a la 'paz' del conocimiento. La vida.
Mis gracias sinceras también, por tus amables palabras para mis letras y por seguirme. Aquí me encontrarás siempre que lo desees.