martes, 21 de mayo de 2013

Moisés...

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Hoy es siempre todavía...
(Antonio Machado)
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Desde el camino, el río se veía revuelto después de las últimas lluvias. No acostumbraba a pasar por allí en época de frío y además lo tenía prohibido. Pero ese día, el destino, en uno de sus vericuetos, le tenía preparada una buena sorpresa.

En un momento dado del trayecto, mientras jugaba a sortear charcos, con el estruendo del agua ya asumido por su oído, un sonido diferente, como un gemido… le hizo dirigir la vista hacia el agua de inmediato. Lo que vio, suspendió su respiración por unos segundos. Los gemidos provenían de un saco cerrado, que desde un poco más atrás de donde ella se hallaba, bajaba a toda velocidad dando tumbos de piedra en piedra en medio de la brutal corriente.

Sabía que sólo tenía una posibilidad y debía actuar rápido y de forma precisa. Corrió a lo que daba, hasta el único remanso de esa orilla, en el que quizás se podría acercar lo suficiente al bulto. Cuando entró en el agua, todo a su alrededor había desaparecido… su mundo se limitaba a ese fardo y a la rama en la que se sujetaba como podía… para no perder pie.

Aún no sabía nadar.

Como un milagro, debido a la fuerza del flujo ese día, el mismo torbellino que llenaba ese breve fragmento de ribera de hojas y ramas, escupió casi con violencia el saco, hacia donde ella se encontraba. Se apresuró en estirarlo y sacarlo tan rápido como sus exiguas fuerzas le permitieron. Una vez fuera, sus ateridas manos, no conseguían deshacer los apretados nudos, así que furiosa, rasgó con sus dientes la urdimbre. Helada, empapada y exhausta por el esfuerzo,  sólo sus lágrimas y su indignación ardían en sus mejillas cuando sacó a los cinco cachorros ahogados...
   
Tocar la desesperanza, es aún mucho más duro que descubrir la maldad. Por eso, cuando en un inútil gesto de desesperación, con un cuidado y respeto infinitos les abrazó, quizás esperando insuflarles vida… perdió por completo la noción del tiempo… hasta que un leve movimiento en su pecho, hizo que su corazón se disparase a la carrera. Al mirarles de nuevo,  la mirada vidriosa y aterradora de la muerte innecesaria e inexplicable, no se lo pareció tanto.

Sólo uno, pero se movía!!

Se calzó las katiuskas a toda prisa, lo envolvió en su jersey, la única prenda razonablemente seca y en un santiamén se presentó en casa. En el umbral de la puerta, y ante el estado en que ambos llegaban, su tía, evaluaba rápida la situación. Mientras les secaba a ambos al amor de la lumbre, escuchó atenta y en un ambiguo silencio sus atropelladas explicaciones. Al terminar, ella, la miraba de hito en hito, esperando sentencia.

A lo que muy seria, la mujer, respondió:
Ahora, me acercaré hasta el río a ver que se puede hacer por los demás… Tú, estás castigada por imprudente y desobediente hasta nuevo aviso. Y después de un largo suspiro, al fin sonrió y añadió señalando al cachorro:

Y a él, le llamaremos Moisés ¿no?

domingo, 12 de mayo de 2013

Regreso a Ítaca...

                                                Imagen original aquí:
                                   http://www.flickr.com/photos/fernando-/3283203850/sizes/l/
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 "Lo que vemos, no es lo que vemos, sino lo que somos."
Fernando Pessoa         
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Despertó sola en el camarote. Hasta sus oídos llegaba un inhabitual murmullo de conversación apagada. Era de noche, como sólo lo es en alta mar. En otro momento se hubiese asustado o llorado, pero no en esa ocasión. Los niños, poseen una antena especial que acostumbra a detectar de inmediato los sucesos extraordinarios. Y era evidente que algo anormal estaba sucediendo en la cubierta superior, la suya. El rumor provenía de ahí. Mientras se calzaba rápido,  trepó a la litera de arriba que su hermana ya había abandonado sin avisarla, para alcanzar el ojo de buey desde el que se divisaba el exterior a la perfección e investigar. Después de casi un mes de viaje ya había asumido las rutinas del barco, por eso le sorprendió,  ver la borda de proa atestada de gente a esa hora, pero aún no acertaba a comprender que sucedía… la mayoría, señalaban algo a lo lejos… ¿quizás habían vuelto los delfines que las habían acompañado durante días? Si era así, pensaba enfadarse  mucho con su hermana por no despertarla! Así que decidió salir en su busca y poner fin a aquel misterio.

En pleno verano, agradeció el relente fresco y húmedo de esa madrugada, respirando hondo. En contraste con la tranquila placidez de otras noches, cuando se escondían en las escaleras del puente de mando, desde donde se divisaba el salón de baile con sus últimos retazos de un mundo de lujo y glamour que desaparecía veloz e inexorable, en clase media. La actividad ahí fuera, se adivinaba hoy casi frenética, los marineros baldeaban las cubiertas concentrados, despejando a conciencia puertas y pasarelas, de tumbonas, sillas,  hamacas y todo tipo de menaje de exterior. Nadie parecía prestarle atención, así que siguió avanzando en busca de su hermana, a la que no tardó en divisar. Era la única, de los muy pocos niños de ese viaje, que estaba ahí, en primera fila… Como siempre, un paso por delante de todos los demás!

- ¿Dónde vas sin chaqueta?
- ¿Qué pasa?
Tomándola de la mano la avanzó a primera fila. Y también ella señaló el horizonte, musitando con cierto énfasis de entendida en la materia:
 - Mira, es España.

Y en medio de la bruma de ese amanecer, divisó una larga pero aún tímida hilera de luces que titilaban en la lejanía. La verdad, es que esa visión no le pareció prometedora en absoluto… y mucho menos al comprobar como a su alrededor, la gente, en su mayor parte emigrantes que retornaban o hacían una breve escapada, se abrazaban y estaban al borde las lágrimas. También su prima, que se hallaba entre los que regresarían a no tardar y que las acompañaba con su bebé, parecía emocionada.

Ellas, regresaban para quedarse, pero se hallaban todavía lejos de comprender en toda su magnitud, el alcance de ese hecho. El internado y su sensación de abandono, que terminaría por convertirlas a base de disciplina tantas veces absurda e incomprensible, en dos escépticas solitarias, curtidas y autosuficientes, era aún una huella desconocida en sus vidas, aunque estuviese tan solo a un paso de otoño. Su impresión, y quizás fuese esa la  primera vez que les sucedía,  se asemejaba mucho más a ese vacío en el estómago que dejan el final de unas vacaciones trepidantes y llenas de aventuras…  lejos de la rutina y la vigilancia estricta de adultos. No en vano, su provisional tutora,  a pesar de ser ya madre, no dejaba de ser poco  más que una adolescente, aunque en otra aventura muy diferente a la suya. Quizás por eso, les permitió la libertad rabiosa e indulgente  que sabía que pronto les iba a faltar. Fuese como fuese, ese, se convertiría en un periplo inolvidable e irrepetible…
   
Atrás, aunque para siempre en su memoria, quedarían, desde la tormenta tropical que al inicio de esa travesía barrería las cubiertas de forma salvaje, descubriéndoles por vez primera, aún entre los vómitos del profundo mareo, la insólita belleza de una naturaleza bronca e indómita, que ocasionó los desperfectos suficientes al buque, como para hacerlo recalar un par de días, que su prima supo convertir en exótica excursión indígena, en Jamaica, sirviendo como contrapunto a la calma chicha en la que discurriría el resto del viaje en ese universo anodino y cerrado que resulta ser un barco de pasaje, donde todo acostumbra a estar previsto. Excepto ese afortunado e inquietante encuentro con los delfines, que las acompañaron durante días y que tanto las hizo disfrutar, con sus piruetas y sus voces a modo de cantos de sirena…  que noche tras noche mientras siguieron la misma ruta, penetraban para quedarse en el alma de todo aquel que las escuchaba. Maravilloso e imborrable patrimonio emocional. 

E imperecederas también esas noches, en las que la oscuridad profunda de altamar, sólo se desgarraba con las profusas fugaces de cola interminable, que se derramaban generosas en medio del alborozo de la chiquillería, que las coreaba durante los segundos que tardaban en desvanecerse… en ese otro abisal e insondable océano de estrellas en pasado. Uno, dos, tres… y que sobrepasando el diez, les arrancaba un arrebatado aplauso. Un mundo pródigo, pletórico de los sueños de una niñez corta y aún apenas contrariada… al que vete tú a saber qué o quién… ha tenido a bien regresarla esta madrugada. 




http://www.google.es/imgres?imgurl=http://1.bp.blogspot.com/_axzO_wPEaSw/TICWx_lLeII/AAAAAAAAA8M/LA9cRWtqem8/s1600/estrella_fugaz.jpg&imgrefurl=http://losmundosdejairo.blogspot.com/2010/09/estrellas-fugaces-repaso-mis.html&h=654&w=1024&sz=57&tbnid=ljNqOLMX0AyeEM:&tbnh=87&tbnw=136&zoom=1&usg=__kkUT0ChRfavWc4LhRxdUnlRqQgw=&docid=KqOpAUh03UcXkM&sa=X&ei=7PmOUZKZGsHJhAeit4HoDw&ved=0CDQQ9QEwAQ&dur=2049

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