miércoles, 28 de noviembre de 2012

Vuelan...

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Cuantos días baldíos
haciéndome pasar por lo que soy.
Máscara sin memoria, líbrame
de parecerme a aquel que me suplanta
Uno solo será mi semejante
J.M. Caballero Bonald
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Finaliza Noviembre, mientras huyen raudos los últimos vencejos, desahuciados de otoño. Vuelan alto en el horizonte celeste, ajenos a este remolino de hojarasca muerta y desencanto. Una Luna henchida y mentirosa… vigila su sueño libre de gravedad, deslizándose en las suaves corrientes que  van hacia el Sur…  Y siento un leve pellizco de envidia.

Reanudo mi “escogido” itinerario terrestre, pensando que es vano mi lamento.  Aparentemente, ellos, no dimensionan nada, sólo saben el camino. Nada más. Y la reflexión  se presenta diáfana:

Nada más... y nada menos… 
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lunes, 19 de noviembre de 2012

La historia de los días...

                                                  Imágenes de La mirada de cristal
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”Mi vida  es una indecisión en el tiempo. Una abertura en una cueva. Un espacio en blanco para una palabra. La vida es muy corta. Esta extensión de mar y arena, este paseo por la orilla, antes de que la marea cubra todo lo que hemos hecho”
 Jeanette Winterson
(La niña del Faro)
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Y de nuevo nos hallamos en el interregno del huidizo Noviembre. En esta especie de ínterin de un final… donde la luz se fuga veloz para descansar en la nocturnidad, haciendo que nuestro mar de horas se suceda de forma vertiginosa. Aunque en el fondo todos sepamos, que el tiempo, es tan solo el devenir de ese presente perpetuo en el que nos encontramos  ¿atrapados?

Pero nunca un día es igual a otro. Cada uno, es el principio de una historia que a veces nos contamos. Y cuando lo hacemos, lo que era ordinario o corriente…  deja de serlo en pasado. Nuestra peor época puede sobrevenir, de “trabajo de Sísifo” a pura redención. Cada crisis, sin por ello evitar el arrepentimiento del error, en su caso… puede acontecer en epifanía o renacimiento en ese fluido de tiempo que nos concierne. Y están esos momentos con sabor de eternidad, que sobreviven a cualquier azar, para acompañarnos por siempre a lo largo del camino, quizás incluso más allá... ¡Quien sabe! Sólo hemos de mirar atrás, con la sabiduría latente que todos poseemos.

Cada día es inicio e inspiración de un retorno, que nunca es igual al anterior. 
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lunes, 5 de noviembre de 2012

Érin V. (Sidh)

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                                 Dedicado de nuevo, a cuantos os habéis interesado
                                 en saber de ella.
                                 Lo que nunca va a dejar de sorprenderme.
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Cuando Ergivia la despierta pasado el mediodía, al salir al exterior percibe que el entorno del  crómlech*, ha cambiado de forma considerable. En pocas horas, el lugar, ha pasado de la exquisita soledad  de la llegada, a convertirse en un hervidero de druidas y gentes de todas clases y pelajes. Acuden en busca de cura o consuelo para sus males.

La costumbre, dicta que en esos días previos a la ceremonia, hasta el atardecer, los magos más poderosos y solicitados atenderán a todo aquel que se les acerque en busca de ayuda.  Por supuesto, a cambio de nada, tal como dicta la ley. Una ley, que en presencia de Mael y Tangi,  bardos y druidas observan de forma aún más escrupulosa. Pero todo el mundo, sin tener en cuenta clases ni procedencia, debe aguardar pacientemente su turno. Sólo los que están en un estado muy precario, pueden avanzar sin la correspondiente espera. El  sabio, ha dispuesto asimismo, una pequeña, al tiempo que discreta intendencia funeraria, en los alrededores cercanos, para los casos irremediables o inesperados. Los enfermos en general y los desahuciados en particular, no acostumbran a soportar demasiado bien los largos e inciertos viajes, lo que hace imprescindible contar con esos servicios. De hecho, los túmulos, dependiendo de los enfrentamientos que haya habido, así como de otros muchos factores, van en  aumento todos los años.

El hada, le señala con la mirada la cola más larga, tras la que se halla el Mago. Comprende de inmediato que debe dirigirse hacia allí para ponerse a  sus órdenes. Y mientras espera a que termine su última consulta para irrumpir en el pequeño espacio destinado al efecto,  repasa la extensa fila, evaluando a los enfermos que deben pasar sin demora.  En ese breve trayecto, se percata no sin sorpresa, de cómo le abren paso con deferencia y respeto, todos cuantos se la cruzan en su camino.  Al entrar,  se da cuenta al primer vistazo de lo mayor que está su protector. Sus macilentas ojeras de insomne  junto a una cierta pérdida de majestuosidad en  su postura habitual, transparentan su profunda fatiga. Pero sólo un ojo experto como el suyo o el de Ergivia, son  capaces de detectar algo así. El resto del mundo, sigue viendo a Mael,  el poderoso e incombustible Señor de los Sauces, con los que es capaz de aliviar los dolores más extremos.

En su sonrisa de bienvenida hay una muda interrogación del  porqué de su tardanza en presentarse, a lo que ella responde con un escueto.
-Me dormí. Pero ya estoy aquí.
-Una chispa de ironía asoma en los ojos del Mago cuando le responde-
- Claro, a alguna hora hay que dormir-  Así pues, estarás fresca como una hija del viento para las imposiciones de manos y las lecturas de runas.  Hoy, ya me incomodan...

Érin, asiente con el gesto y haciendo gala de esa comunicación no verbal que se produce entre ellos desde el mismo momento en que se vieron, se dirige al pequeño cofre de los tónicos y elixires, para mezclar con mano sabia varios líquidos en un recipiente, que después ofrece a su Maestro, que lo vacía de un trago sin comentario alguno.

Esa noche, a pesar del cansancio, se reúnen en un improvisado aunque confortable refectorio, con el clan de Tangi, donde les sirven  una frugal y reparadora cena. Los últimos detalles de la ceremonia de Samhain, deben pulirse. Sólo faltan tres días, para que la luna alcance su cenit. Los tres jóvenes aprovechan a fondo esos momentos, para estar  juntos de nuevo. Érin, conoce así, por boca de sus amigos el papel que ambos tendrán en la ceremonia. Quillan, supervisado por Ergivia, deberá acompañarla para controlar desde primera hora de  forma exhaustiva, los efectos de las distintas drogas que ella habrá de ingerir para llevar a buen término su cometido.  Por su parte Brian, al igual que el resto de  bardos que acudirán al ritual, ya está preparando sus finas láminas de bronce y sus punzones. Con ellos, escribirán cuanto Mórrigan tenga a bien hablar o anunciar a través de la joven. Asistirán hablantes de todo tipo de gaélico e incluso de otras lenguas, ya que nunca se sabe en que idioma escogerán  mostrarse los espíritus. La norma al respecto, indica que los vates designados al efecto, deben tomar nota escrita, utilizando el Ogam de signos, de todo cuanto diga la médium, para comparar versiones. Con las que elaborarán más tarde una glosa única y definitiva. Una exégesis,  que todos ellos, estarán obligados a memorizar,  al mismo tiempo que deberán de destruir todo lo escrito. Es la regla, desde hace miles de años. Un cometido, según le explica Quillan, en el  que Brian, a pesar de su juventud, tendrá un papel destacado.

Érin, inquiere a Quillan por el tipo de bebedizos que deberá proporcionarle, pero su amigo no puede permitirse hablar sobre ese tema. Aún así, la tranquiliza diciéndole que todo cuanto ella tomará, sólido o líquido… ha sido probado y contrastado antes, tanto por Tangi como por él mismo. Sólo debe temer a sus nervios, que podrían conducirla a un improbable “mal viaje”, para lo que también están preparados. Ergivia, que ha pasado por ese mismo trance en innumerables ocasiones, interviene entonces en la conversación, para apuntar, que  nada debe temer de los elixires de la sabiduría y la clarividencia, porque las dosis estarán perfectamente ajustadas a su persona.

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El día esperado, comienza en medio de una espesa bruma que difumina los contornos más cercanos, dándole un aire de vaga extrañeza al ambiente. Pero pasada la mañana, un gélido viento del Norte limpia el horizonte, helando los restos de niebla, que pasan a convertirse en  cristales en suspensión alrededor del apogeo lunar.  Un sol un tanto mortecino que ya comienza a tamizarse en oblicuo entre los espesos bosques que rodean la planicie del santuario, convierte ese fenómeno atmosférico en un impresionante halo iridiscente. Ante  tal maravilla, de inmediato comienza a circular entre las tribus, el rumor de que el prodigio, se debe a la presencia de la nueva bruja. Lo que complace a Mael de forma especial, porque confirma su buen hacer al escoger a su pupila para el cometido. Todo hace presagiar un nuevo éxito.

Para ese momento, Érin, lleva 24 horas en ascetismo profundo, preparándose para ingerir los diferentes bebedizos e ingredientes que el concienzudo Tangi, ha preparado especialmente  para la ocasión. Cuando por fin Quillan, comienza a administrárselos, pasa por diferentes fases de sopor y estados de semi-lucidez, en los que se plantea de cuantas realidades puede tener conciencia. En algunos instantes, siente la mano de su amigo en su garganta y en su frente, controlando su circulación y su temperatura que va subiendo sin cesar. Son los momentos en que la escopolamina de la mandrágora, va invadiendo su torrente sanguíneo. Lo que provoca que su censura natural vaya desapareciendo poco a poco. La droga también le produce risas, alucinaciones y excita sus sentidos, llevándola al extremo  de coger la mano de Quillan para intentar atraerlo hacia ella, pero el Druida, se la sustrae sin vacilación de ninguna clase. Uno de sus cometidos, es precisamente guardarla de ella misma bajo los efectos de esos narcóticos alucinógenos y supresores de todo tipo de reparos. Sabe además, que a la mínima sospecha de Ergivia, la larga y poderosa mano de Mael caería sobre él. Implacable. Los hiperbóreos, no dudarían ni medio segundo en ejecutarlo a una sola mirada de su amo. Nadie, ni la misma Érin, podría hacer nada por él. Y así pasan lentas y complicadas… esas horas previas a la ceremonia, en la tienda de la  hechicera  Ergivia, que cumple a la perfección, como de costumbre, las órdenes de su  colega. La  sibila, es también la encargada de preparar el atrezzo de la joven, que  ha de resultar a un tiempo, impactante y sencillo. Porque aunque en la rueda del destino, todo esté escrito… nada, debe quedar al albur de un azar no buscado.

Finaliza la corta tarde, cuando  las gentes de la diaspórica Nación Celta, controladas por los diferentes clanes de druidas, van invadiendo  en la forma estipulada por Mael,  los espacios destinados a tal fin.   
La consagración de las cosechas y los sacrificios, están a punto de comenzar, cuando la pequeña Érin, nota como la consecuencia  indeseada de las drogas comienza a ceder, dando paso a los efectos buscados por Tangi, lo que tranquiliza al joven druida de inmediato. Es en ese breve espacio de  tiempo, cuando la joven es capaz de poner en práctica las enseñanzas de su antecesora Ergivia, que la conmina a invocar a Mórrigan. Pronto siente que el tiempo no la concierne y ya no es su prisionera. Su cuerpo espiritual, puede viajar a cualquier época o lugar con total autonomía. Sus pupilas comienzan a contraerse y los contornos a definirse sin dificultad. La sensación es de vuelo en libertad suprema. Total. Sólo queda un cierto regusto amargo de hiedra y muérdago en su boca. Y mucha sed, pero sabe que no debe ingerir ni una gota de líquido hasta terminar el conjuro y la profecía. Es entonces, cuando a petición del hada, Quillan abandona la tienda.

Sin prisa pero sin pausa, Ergivia procede a la preparación del impacto visual  de la hechicera que se va consagrar ese día. Decide dejar sus eléctricos ojos, que destellan bajo los efectos de las drogas a la vista. Lo que consigue  con rapidez, en la filigrana que ejecuta hábilmente en infinidad de finas y apretadas trenzas en la parte anterior de su cabeza. Un poco en efecto “Medusa”, dejando el resto del pelo en cascada .  Ella se deja hacer, mientras sigue concentrada en sus invocaciones. Cuando el tocado finaliza, viste rápida su nívea túnica de oficiante y señala el único torque que desea llevar al cuello. Dos perfectas esmeraldas dan vida a los ojos de la serpiente de la sabiduría, que su familia de sangre le ha  traído para la ocasión, desde las lejanas Tierras Altas. Finalmente, a pesar de la insistencia de Ergivia, el intenso calor que siente, le hace rechazar las sandalias. Así que acudirá a esa cita que marcará un antes y un después en su camino, en total teluridad…*

Cuando abandonan la tienda, escoltadas por dos escogidos  gigantes tuertos, hasta ellas, llegan claros los rumores  de la multitud, mezclados con los cánticos del resto de celebrantes. Y con la piel arrebolada por los efectos del último elixir, totalmente inmersa en su papel, Érin es conducida ante su mentor, que la espera ante la alumínica piedra de los sacrificios.
El Druida, pone un cuidado exquisito al abrir los brazos para recibirla. El objetivo es que la gran capa que se abre al mismo tiempo que sus extremidades, oculte a sus ojos ese altar mancillado con la sangre y las vísceras del último animal sacrificado. La conduce, haciéndola avanzar unos pasos, hasta que esa visión queda  a sus espaldas. Nada debe perturbar la sensibilidad extrema en la que se halla la joven. Hay también una clara intención de colocarla en las cercanías de las jefaturas de los clanes y los guerreros más significativos e importantes. Todos, pero especialmente ellos, deben oír y ver con claridad meridiana lo que suceda. También los bardos toman posiciones y se colocan con sorprendente celeridad, en medio de un mágico  silencio… justo detrás de Érin. Brian, a pesar de su concentración, no puede evitar pensar, que esa bruja, aunque bellísima, nada tiene que ver con la dulce muchacha que él conoce. Pero sin tiempo para  más observaciones, se dispone a cumplir de forma rigurosa con su cometido.

Érin, observa en aparente calma, el dintel del Gran Trilithon* por donde debe esperar al primer rayo de luna, que marcará  el comienzo de su conjuro, y el nuevo año lunar de los  pueblos ahí reunidos. No falta nadie, Córnicos, Scotos,  Maneses, Bretones, Pictos, Galos, Brigantes, Luggones, Galeses o Irlandeses y otros muchos... sean descendientes de  Fintanes, Fomorianos, Milésicos, o Tuathas del pueblo de Nemed, todos esperan inquietos e impacientes la invocación de la hechicera  y sus profecías. Pero la menuda Érin, sigue inmóvil en absoluto silencio. Totalmente mediúmnica e invadida, en su expresión, alumbra una torva sonrisa, que hiela la sangre en las venas de Quillan… También a él, le cuesta reconocer en esa  bruja de perverso semblante a su entrañable amiga. En las primeras filas, aún los más curtidos y fieros guerreros evitan mirarla directamente. Sus ojos,  desprenden destellos de una potestad que no es de este mundo.  Ella siente con evidente agrado su poder  y el temor que despierta en esa muchedumbre. Está disfrutando de la posesión y de su lado más oscuro.

Para cuando ese primer rayo de luna, entra por el dintel esperado y ella levanta los brazos iniciando así el Sidh* con su conjuro, en los círculos, reina un omnímodo silencio. Sólo se escucha el ulular del viento entre los árboles y el crepitar de las hogueras que junto al chisporroteo de los miles de antorchas que iluminan el Santuario, hacen de banda sonora a la voz extrañamente grave de una ex-muda, que retumba alta y clara en esa llanura rodeada de bosques de robles. Al  terminar la invocación, que Mael siempre confecciona breve, para que la masa no pierda el interés, el vórtice  de energía inducido por los druidas entre la bruja y los asistentes totalmente entregados en ese nemeton  ya se ha producido. El velo que separa el mundo de los vivos del de los espíritus ha sido levantado.

 Y  Mórrigan, la arcana y cruel diosa de los fantasmas,  habla entonces a través de la bruja. Nada bueno ha venido a anunciar en sus siempre crípticos augurios, que ella no recordará hasta que no los oiga de boca del bardo.  Érin, da cuenta y razón, de toda suerte de azares y miserias que están a punto de presentarse provenientes del continente. Nuevas invasiones, que pronto constarán el Leabhar Ghabhála*, atraerán la guerra, la hambruna, la enfermedad y la muerte para muchos de los presentes. Sólo un escogido reducto se salvará de esa nueva diáspora, para ser la semilla de un nuevo amanecer de los pueblos. Lo que no deja de coincidir, con los datos de algunos de los clanes, mejor informados. También con los del Mael.

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*cromlech= monumento megalítico formado por  piedras o menhires clavados en el suelo.
*teluridad= aunque el término es de dudosa corrección en castellano estricto, sí se admite en otras variantes de español. Una riqueza idiomática, que me encanta aprovechar.
*Gran Trilithon=  consta de dos piedras de pie, con un travesaño encima de ellas. Los trilitos se clasifican en altura, aumentando la misma, en la medida que se alejan de la entrada al círculo. La más corta es de 6,1 metros de altura y el  más alto, llamado Gran Trilithon por su tamaño y posición singularmente central, es de 7,3 metros de altura. Y por ese dintel, entran en los solsticios o equinoccios, los diferentes rayos de sol o luna, que marcan el cambio de estación
*Sidh= montículos mágicos donde se levanta el velo de los mundos, para comenzar la comunicación con los espíritus ancestrales.
*Leabhar Ghabhála=Antiquísimo, sorprendente e interesantísimo “Libro de las Invasiones” que recoge multitud de leyendas que tienen conexión con todas las culturas, especialmente de la céltica. Desgraciadamente, muy difícil de encontrar.
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