jueves, 26 de julio de 2012

Caminos...

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A orillas del amor, del mar, de la mañana,
en la arena caliente, temblante de blancura,
cada uno es un fruto madurando su muerte.



Idea Vilariño
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De nuevo, este blog, con sus 146 entradas ( si cuento esta)  y sus  más que menos altibajos…  está a punto de entrar en su quinto año. Muchas cosas e historias han sucedido desde entonces. Asumo las buenas con placer e intentaré acatar las malas o no tan buenas... con mi escasísima capacidad de sumisión a un destino siempre incierto y que nos sobrepasa la mayor parte de las veces.

Pero si pienso en hacer un breve balance, lo primero que me viene a la mente es: increíble, pero cierto. 

Diré además, que sigue cumpliendo la función para la que en principio fue creado. “Entretenerme que no es poco”. Pero lo que comenzó como un sencillo divertimento de esta  insomne ocasional, tiempo ha, que se transformó en un camino. Y en esta peripecia, no sólo su autora es protagonista, también  vosotros lectores y comentaristas, le  habéis dado y le dais…  alas y vida a esta aventura, que como poco, calificaré de alucinante.

Muchas gracias a todos y cada uno de vosotros, por compartirla conmigo.


Atisbos de vida al albor de la madrugada.

Ayer
Hoy
Ya…

Espirales de pasado en un punto lejano.

Zenit
Vida
Escritura

Restos de nada en un tiempo imperfecto…

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jueves, 12 de julio de 2012

En soledad...

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“En vano recorremos la distancia que queda entre las últimas sospechas de estar solos”
-José Manuel Caballero Bonald-


Dicen que la soledad, aún la buscada, es como una fría llovizna que termina por calarte hasta los huesos. Aún así, se hace a veces imprescindible para bucear en nuestro interior. Como un ayuno del alma que nos aleja de distracciones y nos permite concentrarnos con la distancia necesaria en el pensamiento siempre clarificador,  y detenernos con la calma precisa en el análisis del sentimiento obnubilador…  porque nunca será lo mismo pensar que sentir, aunque algunos lo perciban de ese modo en una especie de ceremonia de la confusión. Y es que ambos conceptos, pensar o sentir, se contaminan de forma evidente e importante el uno del otro.

Pero...

Pensar,  por lo  general,  sobre todo cuando se trata de decidir algo personal, es la mayor parte de las veces un intento de buscar un equilibrio esquivo e huidizo de per se.  Quizás  el intento más válido de crear nuestra propia realidad desde la objetividad  de un racionalismo que acostumbra a sernos ajeno por contaminación del sentimiento que nos invade,  a veces  incluso a pesar nuestro.

No quiero pasar por alto en este pobre intento de análisis, al que se podrían aportar un montón de matices más, una cuestión que me parece concluyente en este asunto. Y es que dependiendo de la naturaleza propia de cada uno, siempre habrá a quien le pese mucho más a la hora de elegir, pensar que sentir o viceversa. Con la precaución y distancia debidas, que nadie está libre de contradicciones, servidora se sitúa entre los primeros. Tampoco obviaré, algo en lo que muchos de vosotros estaréis asimismo de acuerdo… y es que,  los que somos de tendencia pensativa, podemos abstraernos para reflexionar aún en medio de una multitud.

No obstante, a pesar de esa fama que tiene el “hombre” de animal social, finalizaré diciendo que sin importar la tesitura en que nos hallemos, en el fondo, la soledad es algo inherente al ser humano. Y en algunos, entre los que también me cuento,  además de inherente, aparte “coqueteos”* característico.
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*coqueteos =  dicho en un sentido de “ocasionalmente”. Todos sabemos de algún ejemplar  que bajo una apariencia extravertida, esconde una reserva feroz.

sábado, 9 de junio de 2012

Un poco más allá de la realidad...

                                                                   Roger Penrose
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Vivimos una única realidad con tres dimensiones, matemática, física y psíquica, unificadas en el hombre
Roger Penrose en:  El camino hacia la realidad.
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Dicen las enciclopedias, a grosso modo, que la “realidad” es  un cúmulo de fenómenos y estímulos que aprehendemos a través de los sentidos. Las mismas enciclopedias dicen también, que ese conjunto aprehendido, de estímulos y fenómenos asimilados, con más o menos acierto, que sigue  y seguirá avanzando en nuestra “mente”, conforman lo que conocemos por “conciencia” de realidad.

Sentidos
Mente
Observación
Conciencia
Realidad

Y aunque casi cada autor, sea este físico o filósofo, ha desarrollado su teoría particular sobre estos conceptos, todos coinciden en algo: en buscar unas premisas biofísicas que contengan esa univocidad conveniente a la definición del término “realidad”. Pero pasar por el tamiz del laboratorio lo que nos llega a través del subjetivismo aleatorio de los “sentidos” -de sentir- demanda como mínimo una gran audacia interpretativa. Porque como diría el brillante autor de la cita que encabeza este escrito, de formación Físico, Matemático, Filósofo y experto en Teoría de la Relatividad:

“Deberíamos preguntarnos por la capacidad humana para ser consciente de un mundo cognoscible"

Aunque él, a pesar de lo manifestado, haya especulado y establecido unas bases biofísicas cuánticas del tema, asociando la idea de conciencia con el modelo de gravedad cuántica. (http://www.google.es/search?aq=f&sugexp=chrome,mod=6&sourceid=chrome&ie=UTF-8&q=gravedad+cu%C3%A1ntica)
 Una forma de acercarse al  tema que podría rozar una espiritualidad no tan alejada de algunas formas de “teísmo”. No obstante, los moralistas, enfocan esta cuestión desde un creacionismo, legítimo, pero en mi opinión y en la de otros muchos, ampliamente superado por la Ciencia.

Aún así,  por el momento, cualquier teoría al respecto, incluyendo a la Teoría Cuántica, no deja de ser la interpretación de las percepciones de un “observador”, sobre las que construimos nuestras evidencias, con sus variables, que de alguna manera es lo que nos permitirá seguir avanzando en el orden de esa obra, de algo tan alejado de la mente humana, al menos por el momento… como es el concepto de “realidad”.

Y esta breve y espero que comprensible explicación, de algo tan complejo como la aprehensión de una materialidad que evidentemente se nos escapa a borbotones, no quiere ser más que la introducción a una entrevista que leí hace unos días en ese apartado de LA VANGUARDIA, conocido como “La Contra” del que en alguna otra ocasión ya me hecho eco por el interés de los asuntos que aborda y que hoy concierne al concepto de “conciencia” de forma más que sorprendente.

Realizada por uno de sus habituales, Lluis Amiguet, al cardiólogo y científico Pim van Lommel, que estudia desde hace años las ECM o Experiencias Cercanas a la Muerte y a quien la prestigiosa revista médica británica, The Lancet  ha publicado sus estudios por su seriedad  y el interés que merecen.  Toda una autoridad al respecto.

Y sin más, os dejo con él y sus extraordinarias afirmaciones.

(nota del entrevistador Lluís Amiguet)
"La Ciencia ignora o niega, cuanto no puede explicar, pero eso no quiere decir que no exista. La vida del doctor Van Lommel es una apuesta por la verdad, por más inexplicable que parezca, más allá del trillado camino de la ortodoxia. Han pasado diez años desde que hablamos, pero al estrechar su mano en el aeropuerto de Amsterdam (viene de conferenciar en Atlanta) me sonríe como a un viejo amigo y experimento una íntima sensación de paz y seguridad. El doctor Van Lommel se ha asomado al otro lado sin dejarse  en este el sentido común y lo que ha visto es bueno. Aunque para dominarnos, nos hayan infundido el miedo a verlo. Aceptarlo es aceptarnos y sentirse mejor."
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“Cuando mueres, sólo cambias de conciencia"

“Madurar es liberar la conciencia de la edad: he tratado a jóvenes con experiencias después de la muerte más maduros que yo. Mi padre era neurólogo y yo quise ser físico: ahora estudio física cuántica para entender qué sucede tras la muerte. La fe es otro camino a la verdad. (van Pimmel)

Cuando enseñaba Cardiología en el hospital de Arnheim -800 camas- ya investigaba cómo algunos pacientes, tras infarto y muerte clínica, volvían a vivir.

...
Hasta que en 1986 leí el testimonio de un estudiante de Medicina, George Ritchie, que resucitó tras nueve minutos de muerte clínica. Me impresionó tanto que empecé a estudiar en profundidad esos casos.

¿Tantos había?
En 1988 ya tenía doce episodios incuestionables y creé una red de investigación con otros diez hospitales holandeses. Iniciamos un estudio clínico prospectivo de 344 pacientes, que publicó The Lancet (2001).

Causó un impacto mundial.
Tanto que ya le avancé entonces, cuando usted me entrevistó, que, tras 31 años de cardiología, me iba a dedicar en exclusiva a las experiencias cercanas a la muerte (EDM).

¿Qué hemos aprendido desde el 2001?
Tenemos más preguntas, además de la clásica: ¿si la conciencia es un mero producto del cerebro, cómo puede sobrevivir y explicar la experiencia de la muerte?

¿Qué dice la ortodoxia médica?
Que se trata de meras alucinaciones causadas por la anoxia (carencia de oxígeno).

¿Y qué le dice su investigación?
Si la causa fuera la anoxia, todos los que vuelven a la vida tras la muerte tendrían EDM, porque todos la sufren, pero, en cambio, sólo el 18% tiene esas experiencias.

¿Qué explican sobre ellas?
Coinciden en hablar de recuerdos, cognición y emociones y mantienen la identidad, un punto crucial, porque el ego es el enlace entre la conciencia y el cuerpo.

¿Luces, voces, su vida en un instante...?
Las han experimentado miles de personas, pero no todos las explican por temor a ser tachados de lunáticos o porque creen que las causan la medicación o la enfermedad.

¿Todos experimentan lo mismo?
No todos experimentan todo, pero todos citan algunas experiencias recurrentes que coinciden en un cruce espacio-temporal.

¿A qué se refiere?
Es la revisión de la vida pasada, pero también la futura y presente: algunos, al volver, anticipan sucesos y reinterpretan los ya pasados, así que suelen cambiar de pareja, de trabajo, de existencia, porque han contemplado su vida en conjunto durante su EDM.

¿Cómo son esas visiones?
Inefables, a menudo el lenguaje carece de términos para explicarlas. Una EDM de tres minutos puede requerir semanas de testimonio en el que no se repite un solo episodio. El tiempo, como le decía, transcurre de un modo único en síntesis con el espacio y una constelación de familiares y afectos.

Por ejemplo.
Un paciente refiere cómo en su EDM había visto a un señor desconocido sonriéndole. Diez años después, su madre agonizante le reveló que él era hijo de una relación extramarital y le mostró una fotografía de su padre biológico, asesinado en un campo de concentración: era aquel señor sonriente.

¿Cómo sabe que esos pacientes clínicamente muertos siguen conscientes?
Lo prueban cientos de casos. En Conciencia más allá de la vida explico el de un hombre de 43 años que nos llegó cianótico, frío, sin tensión y con las pupilas dilatadas. La enfermera le extrajo la dentadura postiza y la depositó en un cajón. Resucitó inexplicablemente tras un largo coma y preguntó por sus dientes.

Si estas vivo, resultan muy útiles.
Reconoció, al verla, a la enfermera y le pidió que se los devolviera. Ella nos llamó alarmada y entonces el paciente nos relató en detalle lo que habíamos dicho y hecho cuando llegó muerto a urgencias del hospital.

¿Y usted qué cree?
Nuestra conciencia no es más que un retransmisor para esta dimensión de nuestro ser en varias. Es como una radio que, mientras vivimos aquí, sintoniza con este universo. Nuestra muerte sólo es un cambio de conciencia, una transición. Sólo morimos en una dimensión para pasar a otras.

¿Es una convicción religiosa?
Es física cuántica. Yo no soy creyente. Muchas religiones se han acercado a esa realidad con técnicas de paso entre esas dimensiones, como la meditación o el misticismo.

¿Cómo lo sabe?
Porque estudio casos -me consultan decenas cada día- y las experiencias son recurrentes y concurrentes: confluyen tiempo -pasado, presente y futuro: tienen visiones- y espacio en sensación de unidad.

...
Y esos testimonios de cada día coinciden con los relatos de la mística y las visiones de profetas, gurús y santos desde hace siglos.

¿Todo está conectado?
Ven la luz (los niños me cuentan que un ángel; los ateos hablan de "una energía" y los creyentes, de Dios). Todos se refieren a lo mismo y que en ello se sienten integrados.

¿Por qué la ciencia lo ignora?
Hasta ahora, la mecánica cuántica demuestra que la luz consta de partículas que al mismo tiempo son ondas -creo que nuestra conciencia las retransmite- dependiendo del estado del observador.

La experiencia de lo objetivo, al fin, depende de tu estado subjetivo.
Así que, desde los gurús milenarios hasta los físicos cuánticos, cuando asumes tu transición sin miedo experimentas un anticipo de esa sensación de plenitud.


Como mínimo, apasionante tema ¿verdad?
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sábado, 19 de mayo de 2012

Navegamos...

                                                             Imagen de  La mirada de cristal
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Lento, como el tiempo en el espejo, palidece el sol en la ventana.Todo se borra tras los párpados...

Abandonado a una luna temprana y complaciente, resplandece el mar... navega/mos hacia la larga oscuridad. Silencioso periplo a destino, en la misma extraña soledad  de la llegada.

Igual o heterogéneo, menudea el camino. Hoy dispar, quien sabe porqué… 


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sábado, 12 de mayo de 2012

Invictus...

                                              Imagen hallada en Internet de origen incierto
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                                            Con cariño, para un amigo muy querido
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En la noche que me envuelve,
negra como un pozo insondable,
doy gracias al dios que fuere por mi alma inconquistable.
En las garras de las circunstancias, no he gemido ni llorado,
ante las puñaladas del azar.
Si bien he sangrado, jamás me he postrado,
más allá de este lugar de ira y llantos
donde acecha la oscuridad con su horror.
No obstante, la amenaza de los años,
 me halla y me hallará sin temor.
Ya no importa cuan recto haya sido el camino,
ni cuantos castigos lleve a la espalda...
Soy el amo de mi destino
Soy el capitán de mi alma

William Ernest Henley 
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domingo, 6 de mayo de 2012

Escogiendo...

Imagen de La mirada de cristal
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“No te afanes, alma mía, por una vida inmortal, pero agota el ámbito de lo posible…
(Píndaro) En el Mito de Sísifo .
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No hace mucho, conversaba con una amiga sobre un tercero, del que ambas tenemos fundadas sospechas de que quizás tenga intención de “desaparecer” de una forma definitiva a no tardar. Pues bien,  finalizada la charla, el tema de la misma me dejó pensando largo rato. Porque con mayor o menor intensidad, incluso con determinada frecuencia… es algo que alguna vez, todos, nos hemos planteado, aunque sólo haya sido como  auto-especulación  emocional en soledad o  en una sencilla pero “a profundis” conversación de café con alguien de confianza. Añadiré también, que al igual que ese tercer amigo, ambas creemos  firmemente en la legitimidad absoluta de tan denostado recurso. Denostado, socialmente hablando, claro.

Y más allá de motivos o porqués de cómo se llega a esa  disposición del ánimo… que me abstendré  de calificar de forma alguna, ya que el adjetivo que lo haría, variará en un amplio arco, desde la tristeza a la liberación según el momento existencial en que nos hallemos y sobretodo de  las creencias  y valores de cada uno...

Lo primero que me he preguntado es:

 ¿Dónde está la diferencia entre intención y determinación? Quizás en algún punto de la frágil línea existente entre el  pensamiento del presente y lo que más tarde, en esta entelequia de tiempo que nos posee o nos ¿aprisiona?… será el hecho pasado. Pero eso será  así,  sólo si el “acto” sucede… si en verdad esa intención última de nuestro pensamiento primigenio, pasa de la determinación a la ejecución activa. Porque incluso escogiéndolo, la logística de abandonar esta dimensión de manera intencionada no parece especialmente fácil, por muchas y diversas causas.

Si la sociedad como tal, no hubiese creado  mecanismos de control y desprestigio contra esta práctica,  que no es tan antinatural como intentan hacernos creer, probablemente la muerte,  que es tan sólo el colofón de la vida como la “percibimos”...  sería un  tránsito importante sin duda, pero mucho más despojado de tabúes y temores de lo que es, que  viviríamos con mucha más paz y naturalidad. Sobre todo, sin ese pánico cerval, sin  esa rabia gratuita e improductiva, que tantas veces se detecta en los que se van…  Como muestra de todo lo contrario, no hay más que observar la serenidad y dignidad con que  se enfrentan a tal trance otras especies, mal consideradas inferiores. E ilustraré lo que digo con una anécdota personal.  Hace un tiempo, uno de mis animales domésticos, de avanzada edad, sencillamente dejó de alimentarse. Y a pesar de mi  en principio insistencia… para que lo hiciese, os juro que hubo un momento en el que de alguna forma, supo como hacerme  saber su intención y su deseo de marcharse… y aunque pesarosa por lo que sabía se avecinaba…  cesé en mi “encarnizamiento alimenticio”… lo que provocó que dejase de huirme en cuanto me veía y nos permitió a ambas (era una gata) acompañarnos tranquilamente, hasta que llegó su momento.

Y es que vivir “a toda costa” a pesar de lo que sea… haciendo valer  algo tan incierto como la “esperanza”, como único asidero o leit motiv, no me parece lo más acertado. Pero cada uno… tiene  afortunadamente la facultad de escoger lo que desea. Y diferencio aquí entre lo que se “desea” y lo que se “puede”… ya que no siempre es posible llevar a cabo ese deseo, sea  por imposibilidad física, como en el famoso caso Sampedro,  o emocional… causar dolor a otros,  puede ser también un elemento paralizador,  para llevar a cabo ese acto que muchos consideran “liberador”.  Aunque pienso que en este último supuesto es tan sólo una detención temporal… porque creo que hay impulsos humanos, como el de nacer o morir que nos resultan incontrolables. Son ellos los que nos dominan y no al revés.  No quiero obviar la cuestión de la valentía, objeto de tantas suspicacias en este caso, sobre la que diré, que tan bizarro me parece el que decide enfrentar “lo que sea” en esta dimensión, como el que determina el momento para mirar a la muerte cara a cara y no esperar pacientemente a que la parca se pase a “recogerlo”.  Eso sí, morir día a día o saltar sin red…  ambas cosas conducen al mismo lugar...

Está asimismo la cuestión del que en el último instante no se ve capaz de afrontar ese cáliz… porque ir hacia lo desconocido de forma “definitiva”, puede ser para algunos, inspirador de gran temor  y de “virgencita que me quede como estoy…” aunque sea en estado de piltrafa… Excluyo  de todos los supuestos… a los “boquillas”, que ya llevan lo suyo de  per se. Nada hay más ridículo que un suicida ficticio, que no frustrado…  Pero ojo! Porque según las estadísticas, más del 90% de los suicidas efectivos,  lo han anunciado en uno u otro momento. Es decir, no todos los que manifiestan que lo harán lo llevan a cabo pero sí, que ese abrumador  90% de los que lo hacen… lo han advertido en alguna ocasión.
  
Son muchos más, incontables…  los sesgos a tener en cuenta en tal situación, pero no se trata aquí de hacer un análisis vano y presuntuoso por mi parte de lo que Camús, Wilde o Dostoievski, nada menos…  o el paradigmático y admirablemente consecuente  en este asunto,  porque predicó con el ejemplo… Jean Paul Sartre, consideraban el único asunto realmente importante de la Filosofía.  Esto quiere ser, sin más, una sencilla reflexión de asimilación.

Hay además algunos matices de esta cuestión  que me llaman la atención de forma mucho más poderosa que otros. Puede que el principal sean los motivos...  Porque  no es lo mismo decidir esa partida,  para huir de una cierta desesperación transcendental, sin importar aquí el análisis de cómo las circunstancias de ese “absurdo existencial” del que tanto habla la Filosofía desde todos los ámbitos, nos hayan podido abocar a esa situación, que marchar por falta de dignidad o por rescate del dolor de una enfermedad terminal…  sea esta física o emocional…  Claro, que  todos esos motivos,  acostumbran a ser la pescadilla que se muerde la cola. Pero juntos o por separado, en  todos los  casos citados, la “liberación” como contrapunto al  fracaso  vital, sería  el factor determinante de esa decisión.
  
Y  ya para terminar, diré, que tampoco me parece baladí aquí, la cuestión de algo tan aleatorio como lo  que  consideramos “suerte”. Entendiendo por ello el factor de  lo que pudo haber sido y no fue…  por esos “azares causales” o sincrónicos, que todos tenemos o “padecemos”…  en nuestras trayectorias vitales. Eso que muchos nombran como “destino”…  Sobre eso, me remito al texto de T.S. Eliot, que no hace tanto incluía en mi sidebar, porque me parece de lo más apropiado al respecto y que utilizaré para cerrar lo que largo está y sólo ha querido ser una humilde e insignificante disquisición de una profana, que pide perdón por el atrevimiento y la densidad del texto, sobre uno de los puntos más conflictivos de la vida. La muerte escogida.



Tiempo presente y tiempo pasado
se hallan quizás presentes en el tiempo futuro
y el tiempo futuro dentro del tiempo pasado.
Si todo el tiempo es eternamente presente
todo tiempo es irredimible.
Lo que pudo haber sido es mera abstracción
quedando como eterna posibilidad
solamente en el mundo de la especulación.
Lo que pudo haber sido y lo que fue
apuntan a un solo fin,
que está siempre presente.

T.S. Eliot.
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lunes, 23 de abril de 2012

Desde el desván...


                                                      http://www.flickr.com/photos/sssssheila/2823926057/sizes/z/in/photostream/
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El silencio absoluto que palpita en la escalera que conduce al olvidado desván, se rompe con el leve crujido de sus pisadas en los añejos peldaños de madera. Una vez arriba, el olor a humedad y el ambiente oclusivo que acostumbra a invadir el ánimo de cualquiera que entre en una estancia cerrada desde hace mucho, la decide a abrir la gran claraboya. Una tenue luz cenital irrumpe en la estancia con suavidad, llenándola de extrañas y equívocas sombras. Pero la sensación sigue siendo de falta de aire, así que abre también las troneras de la parte Oeste. La playa en la que tanto jugó en un pasado lejano, queda a la vista a través de una gran telaraña perlada por las diminutas gotas del último chubasco.


Un torrente de recuerdos se desgrana en su memoria, adonde acuden las tardes en las que, sola o en compañía se refugiaba ahí, con la espalda  apoyada en ese mismo “baúl de los cuentos” en el que se halla ahora mismo reclinada mirando como se desvanece la vaga línea del horizonte de esa anochecida. A leer, a charlar, a escribir, a llorar,  a soñar… por un momento, cree escuchar sus propias risas en unión de las de sus cómplices compinches de ese entonces… 

El graznido áspero de las gaviotas y un viento húmedo que se cuela a través de los postigos, en esa primavera incierta… la devuelven al presente. Aún en pleno acceso de nostalgia, baja de nuevo la escalera cargada con lo que ha subido a buscar, pero una sonrisa de bienestar interior alumbra en su ánimo.
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