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lunes, 30 de junio de 2014

Memorias de Adriano y ollas varias

Busto de Adriano de autor desconocido
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"En lo más profundo, mi autoconocimiento es oscuro, interior, informulado, secreto como una complicidad"

Marguerite Yourcenar
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Me encuentro releyendo estos días, con placer, las “Memorias de Adriano” de la gran Marguerite Yourcenar. Un libro, que me impactó muy favorablemente en su primera lectura, hace ya un montón de años. Y que ahora de nuevo, me vuelve a provocar, las mismas gratas sensaciones de esa primera vez, y por añadidura, una especie de nostalgia de reconocimiento propio en los sentimientos de alguien, en principio tan lejano a mí, como un Emperador romano. Bien es verdad, que dichas memorias están escritas por una mano contemporánea y femenina, y probablemente tampoco sea ajena a esa sensación mi edad actual, mucho más próxima en esta segunda ocasión, tanto a la del protagonista como a la de la autora. Lo cierto, es que según voy avanzando en la historia y voy recordando, me doy cuenta que aún conservando la totalidad de mi esencia de entonces, mis impresiones sobre los distintos asuntos abordados, han ganado en matices. Lo que genera una, no sé si mayor… pero si me atrevería a decir, más profunda y amplia comprensión de lo leído.

El libro, más que excelentemente escrito y documentado, es una larga carta escrita en primera persona, que Adriano comienza por dirigir a uno de sus amantes más queridos, para terminar haciéndolo a su sucesor (Marco Aurelio). Todo él, es la  sincera reflexión personal que un hombre, sin más, hace sobre su vida y entorno en el umbral de su última etapa. La indagación honda y sutil, de alguien extraordinario por vida y circunstancias, sobre muchos y diferentes aspectos del alma humana. Y es que la autora, que huye de cualquier mistificación propia de un personaje tan fuera de lo común, sabe como penetrar y hacer argumentar al hombre desnudo que hubo tras la celebridad.

Son muchas las notas tomadas por mí en ambas lecturas, no obstante, no tengo intención de dejar aquí un corolario de las mismas, porque creo que resultaría oneroso fuera de contexto, y ya he dicho en párrafo anterior, que solo los matices de mis conclusiones han cambiado… pero hay una… que hace días que me tiene ‘meditando’. Dice así:

Cada uno se decide, vive y muere conforme sus propias leyes

Un aserto, subrayado en esta segunda oportunidad, probablemente porque en la primera, en esa vana presunción y seguridad de la juventud, debió pasarme desapercibido, escondido bajo una más que incierta ‘naturalidad’. Aparentemente, casi una verdad de Perogrullo. Pero ahora, en este presente tan ‘transcurrido’, posee o le doy… no sabría decirlo… unas connotaciones muy distintas. Porque aunque en última instancia, así sea, tanto nuestras leyes personales, como nuestras decisiones, a la luz de los años, no resultan ni tan verdaderas ni tan claras, como para darles esa exactitud contenida en él. Quizás, porque la razón se obnubila o se confunde ante los relámpagos de los innumerables estímulos a los que nos vemos sometidos a lo largo del camino. Y a nuestro pesar, adolecemos de esa indiferencia y neutralidad imprescindibles para resolver con la frialdad precisa, la multiplicidad de cuestiones que nos atañen. Por no hablar del azar, si es que tal cosa existe...

Como sea, todos terminamos por contar con toda una colección de aciertos y errores a voluntad propia, lo que por fin… parece dar a la frasecilla de marras, la  verosimilitud propuesta.


No sé… creo que me voy a tomar un gin tonic… ;)  

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miércoles, 14 de mayo de 2014

My way

Imagen de la Mirada de cristal
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He visto como el viento daba sobre los pájaros y ellos lo hacían suyo, abriéndole su interior.
Lorenzo Oliván.
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No sé si vamos devorando años o ellos nos devoran a nosotros. El caso, es que durante lo que a algunos les parece mucho tiempo y por el contrario a otros un suspiro… esta especie de carnicería mutua, que bien sabemos todos como acaba, tiene una importancia u otra, dependiendo de en qué punto concreto de esa, ciertamente extraña e inaprensible ‘línea temporal’ nos encontremos.

A este respecto, aunque está claro que cada uno lo vive a su modo, he tenido muchas veces la sensación de ir atravesando umbrales, y no siempre con el mismo ánimo. Porque no es lo mismo cruzar de la niñez a la adolescencia (que también cuesta lo suyo) que de ésta, a la juventud adulta, en donde la sensación que nos asalta, en principio y por lo general, (lo que no faltan nunca son excepciones) es agradable y de absoluto dominio de nuestras situaciones vitales. Otro tema, es pasar de esa juventud adulta a lo que nombramos como madurez, en donde muchas de esas verdades y sistemas, que creímos inmutables durante largos lapsos de tiempo, ya se nos han caído y con todo el equipo. Lo que no sé, si nos convierte en más sabios que escépticos. Probablemente en ambas cosas a un tiempo. Quizás, porque la auténtica sabiduría, consista en no dar nada por inmutable ni definitivo. Para seguir interrogándonos acerca de todo, con esa misma curiosa y palmaria ingenuidad del niño que seguimos llevando dentro, ahora, no obstante,  con la… no sé si llamarle ventaja… de todos los recursos que da la experiencia de lo ya vivido. 

Y quería hoy referirme de forma especial, a esos momentos concretos del ‘cruce’ de un lugar del tiempo a otro. No hablo de edades específicas, porque cada vida es una historia de connotaciones distintas, sino de una cierta evolución del estado de ánimo, que nos sitúa más allá o más acá de una línea tan abstracta como real. Bien es verdad, que tales sucesos acostumbran a llegar con ella (la edad). Lo que quiero transmitir, es que hay en esos traslados, normalmente graduales, como un cierto tiempo de cortesía para que nuestro cerebro y por supuesto nuestro cuerpo los asimilen. Son  momentos de  cierta indecisión... asimismo de confusión. Como cuando tenemos un pie en el agua y el otro todavía en la arena, porque aún no hemos decidido si nos vamos a zambullir o a permanecer al sol en ese agradable rincón en el que nos instalamos hace años y que aún parece estar a nuestra completa disposición.

Bien, pues no sé vosotros, pero yo tengo claro, o ya he aprendido… que a pesar de esa especie de falsa zozobra que genera la pérdida de un estatus de años, desde el mismo momento en que te lo planteas, sin prisa pero sin pausa, ha llegado el momento de ponerse en marcha hacia otro ciclo, por más pereza o incertidumbre que nos despierte. Y digo pereza, porque miedo a estas alturas, la gran mayoría, hace ya, que lo hemos desechado. Me parece además,  que intentar retrasar esos ‘tiempos’ es un error garrafal que desubica nuestro reloj interior de una forma imperdonable, que siempre termina por pasar una onerosa factura a quien no sabe verlo y asumirlo. La de abandonar etapa a la fuerza, con todo lo que ello conlleva, porque nunca será lo mismo, sentirse expulsado, de no importa donde, que abandonar de motu propio.

Aunque cada uno lo viva  a su manera.
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domingo, 4 de mayo de 2014

De lo cotidiano


Imagen hallada en Internet de origen incierto
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Para D.K.
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Hay actos, que podríamos definir como de rutina, por la regularidad o la frecuencia con que se producen. Y sin embargo, están lejos de la connotación peyorativa con la  que muchas veces adjetivamos nuestro día a día. Son esa pausa en el camino, que reconvierte ese firme por el que nos deslizamos en algo más liviano, y hacen asimismo, que nuestros itinerarios cotidianos no nos ‘aplasten’ de forma obvia. Creo además, que en según que casos o circunstancias, resultan totalmente necesarios para mantener el equilibrio. Incluso la cordura. Aunque tengo claro, que dicho término, es cada vez de más difícil y ambigua definición. Porque probablemente, en lo que todos estaremos de acuerdo, es en que vivimos en un extraño e incomprensible a todas luces… complejo mundo. A lo que ninguno, somos ajenos.

Hablo de hechos sencillos e imposibles de referir en su totalidad, afortunadamente, por su abundancia. Pero citaré algunos de los más comunes que se me ocurren, como por ejemplo, ese ‘café con o sin periódico’ sin prisas del domingo por la mañana al sol de cualquier terraza o jardín cercano. O en la cama. También, para el que lo tenga, del hábito de un paseo corriente, que nunca resulta el mismo aunque recorramos o nos detengamos prácticamente en los mismos lugares, todas las veces.  O de esa charla cómplice y buscada a menudo… que en la compañía adecuada, que todos sabemos procurarnos, provoca que cualquier tema abordado adquiera o pierda presión a voluntad y necesidad de los contertulios. Y que una vez finalizada, sin importar como o donde te halles, hace que te sientas renovad@ y llen@ de energía. Para muchos, entre los que me cuento, algo tan sencillo como la meteorología, al alcance de absolutamente todo quisque… resulta fuente de belleza y relajación, aún la más inclemente. Toda una maravilla, ver anochecer, amanecer, llover… tormentas y demás fenómenos que todos hemos disfrutado alguna vez.

Por no hablar, de esos tiempos de soledad tan necesarios, aún para aquellos que no son conscientes del relajo que representa la acción de estar y existir solo para nosotros mismos,  ‘dejando de ser’ para el mundo y sus convenciones. Por ejemplo y por citar de nuevo, algunos de las más sencillos, esa ducha de agua caliente o fresquita, a gusto del consumidor, después de un esfuerzo físico. O la natural introspección que se produce tras la lectura de un texto que nos ‘toca’ o ese mágico momento previo al sueño, del que difícilmente guardamos memoria… en donde nuestro yo se fuga a dimensiones desconocidas o al menos no recordadas claramente en nuestra materialidad, permitiéndonos un vuelo imposible en nuestro presente ‘real’. Otro de esos términos, ambiguo donde los haya...

En todo caso y para finalizar lo que largo está,  os deseo, felices y frecuentes vuelos.
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Texto, basado en las vivencias de dos amigas, en una soleada mañana de sábado.

viernes, 11 de abril de 2014

Rendijas de la memoria

Imagen de la mirada de cristal
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Dedicado a un señor de Boston
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Hablar de la fragilidad del pasado y su recuerdo, es una de esas verdades de Perogrullo por lo obvio que resulta.  Aparentemente, cualquier motivo por fútil o intrascendente que nos parezca, como una música, una conversación trivial, un determinado aroma, un encuentro fortuito, etc… puede devolvernos a él de forma palpable e inequívoca.

Pero, tengo para mí,  que el paso inexorable de sucesos que conlleva esta entelequia en la que vivimos inmersos y que nombramos como tiempo, nos hace alterar a voluntad propia esas evocaciones. Y aunque algunas se mantienen incólumes a lo largo de los años, otras se transforman poco a poco, al igual que la mayoría de nosotros.

Podría decirse que cuanto más lejanas o intensas… más cambia la sensación que ahora nos producen, hasta tal punto que en algunos casos, nos cuesta reconocernos en ellas. No hablo de la forma secuencial o material de las vivencias, porque lo que pasó, pasó! y eso es inmodificable en la memoria. Salvo patologías, claro. Pero no así, el ‘sabor’ y la multitud de matices que en su día nos dejaron, para bien o para mal...

Como cuando miramos esas viejas fotografías, que todos conservamos y que siempre salen por algún rincón.
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lunes, 31 de marzo de 2014

Próxima parada: Desencanto...

 Imagen de James Maher
http://theballast.wordpress.com/2010/09/24/ten-photographs-by-james-maher/
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No sé bien lo que me digo porque no sé con “qué” conmigo hablo. Tengo nostalgia de todo lo que no soy y remordimientos por todo lo que no he hecho. Escribo para conocerme mejor, pero cuanto más escribo más extraña me resulta la persona que habla en mí…
Lorenzo Oliván
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Está claro que indagar en nuestro laberinto interior, sin importar que medio utilicemos, acostumbra a ser un camino que nos acerca a lo que nombramos como sabiduría. Duro, pero quizás el único que nos permite admitirnos y nos saca de la otredad de ese espejo interno que siempre nos cierne atento.

Por eso, en este trayecto en espiral, que al final resulta ser la vida y aún huyendo de lo sentencioso e instalados en la vía correcta, la mayoría de paradas se amontonan en nombres como: 

a punto de, junto a escasos por fin…, algún fortuito, mira por donde… Sin olvidarnos de los inevitables, ni de coña! :)

Y es que, cuesta! enfrentarse al propio yo más que a cualquier otro… Sobre todo, porque más pronto que tarde, nos instalamos definitivamente en ‘País Desencanto’.
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Dedicado, música incluída, ;) a la improvisada 'tertulia' de esta mañana.




viernes, 3 de enero de 2014

Una brecha en mi cielo

             
Imagen de La mirada  de cristal
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Hoy, camino marino. Refugiada en las notas de mi buen amigo Johann Strauss, siempre capaz de abrir una brecha en mi cielo por más espeso que esté. La plasticidad perfecta de la sencillez de su Danubio, acostumbra a ser un bálsamo infalible. Mientras me empapo en sus arpegios, se desvanece la tarde como ese pájaro que vuela hacia el mismo horizonte oscuro que compartimos.
  
Pienso.

Me siento a veces como el asno ciego que engarzado a su rueda, camina sin saber que siempre sigue en ninguna parte. Aún así, intento conservar Ilusiones, sueños o deseos, que probablemente ya dependen mucho más, de donde pongo el listón que de mis fuerzas. Para ello, entre otras cosas, intento rodearme de un entorno amable o al menos, lo menos hostil posible. Contradecir eso, a estas alturas, me parece una solemne estupidez. Lo que no significa, que sea amante de corifeos o tiralevitas. Al contrario. Y aquí, alguna vez, he dado muestra de lo que afirmo.
   
Por otra parte, si de algo estoy segura, es, de que no quiero perder ni mi tiempo ni mis fuerzas, en pequeñas y estúpidas rencillas sin sentido. Aprendí muy pronto, y de forma severa, algo, que a la larga, me ha resultado muy útil. No se puede ni gustar, ni complacer a todo el mundo. Asumir eso, es esencial para navegar, en no importa que procelosas aguas.También, que son muy pocas las cosas y personas imprescindibles. Porque en el fondo, ( y en la superficie) las cosas, los asuntos, incluso las personas, sólo tienen la importancia que queramos darle. Todo un alivio ¿verdad?

Pero sigo comprobando por activa y por pasiva, que saber todo eso, no me priva de equivocarme una vez tras otra. Quizás, porque mi ‘callo’ a ese respecto, todavía es capaz de sorprenderse o de resentirse por poco que sea.


También, y valga la redundancia, todo un alivio.
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sábado, 21 de diciembre de 2013

La puerta...


Imágenes de La mirada de cristal
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Delante y tras la puerta, cada uno escoge su prisión o su libertad. Ella, es imparcial. Un umbral independiente e intemporal que sin importar en que sentido, acostumbramos a cruzar a voluntad, hasta cuando creemos que no.
  
Porque incluso en un mundo no ideal, la vida, además de un misterio... es sobre todo, una elección.

Un recuerdo emocionado para los que ya traspasasteis la última. Y a los que aún ‘estamos’, os/nos deseo que las que crucéis/emos en los próximos tiempos que se avecinan, sean las adecuadas para conseguir vuestros/nuestros más preciados sueños y deseos.

Nunca falta el tiempo para eso, pero tampoco sobra.   

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martes, 20 de agosto de 2013

En subjuntivo...

                                               
                                                           Imagen de la Mirada de cristal
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""Somos parte del pasado, como lo somos del futuro. Hay un punto en el ser que se repite… quizás sólo seamos clones de un mismo yo y la cuestión esté solamente en tomar conciencia de ser eslabones de una cadena interminable… "

                                                              Luisa Arellano
                                                                    ___________

El mimbre de la desvencijada mecedora gruñe al menor movimiento, rescatándola de ese tiempo remoto al que la ha transportado la historia que aún reposa en su regazo. Por la ventana, se tamiza un sol oblicuo con la promesa de un bello crepúsculo. Siguiendo ese rastro, abandona la lectura para salir al exterior. Y al tiempo que la luz diurna se esconde tras la montaña, una luna grandota, que de pronto le parece una extraña,  asoma descarada tras una nube, bañando de luz su acogedora soledad y la noche incipiente.

Está como entre dos sueños… lo leído y lo vivido forman una singular amalgama de vivencias y recuerdos que se abren en su cabeza de muchas formas diferentes. Tiene la sensación de haber transitado por la penumbra de otras vidas que ya dejó atrás… Es como si de nuevo, algunos de esos viejos itinerarios posibles, descartados… se brindasen a ser recorridos de nuevo. Pero no.

Leer, es como revolver en otras vidas… que por uno de esos extraños ¿azares? de un supuesto destino, siempre nos lleva un poco o un mucho a la propia. Una terapia de observación incruenta, a la que nos sometemos de forma voluntaria, porque no es lo mismo indagar en nuestros sentimientos presentes o pasados… por comparación o paralelismo, que hacerlo en presente y primera persona.

Mientras oscurece, piensa que la vida… es aquí y ahora,  pero también , ese balbucir del subjuntivo… con sus dudas posibilidades y deseos, cumplidos o no… que nos acompañan y abandonan a lo largo del camino y sin los que nada... sería lo mismo.

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lunes, 1 de julio de 2013

De la luz...

                                                        Imagen de La mirada de cristal
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 -Domino, no me interesa tanto la verdad como lo que siento. Mis sentimientos cambiarán y quiero recordarlos como son ahora.
La Pasión (Jeanette Winterson)
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Y de pronto, sin importar en que forma, el ignoto velo del desconocimiento o la ficción, se desvanece… y los hechos nos son revelados tal cual son. Pero mucho más que la ambigua “verdad” o como esta nos llega, importa la íntima convicción de que la realidad es esa que acabamos de descubrir.

A veces, lo cambia todo, sin más. Pero en otras ocasiones no hace más que dar validez definitiva a un sentimiento latente e inclasificable al que no dimos pábulo en su momento. Como sea, cada nuevo pensamiento de ese presente, se refleja en nuestras acciones y posee los ecos y matices que nos habían sido vedados hasta entonces.

Y la luz, la nuestra, se hace.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Por no hablar del futuro...

                                http://www.flickr.com/photos/paolo_panno/6937940987/sizes/z/
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Ahora, en esta hora inocente, yo y la que fui nos sentamos en el umbral de mi mirada.
 Alejandra Pizarnik.


Sopla un viento frío que huele a rocío. Aún hay restos de nieve y hasta la ventana llega el aroma de las últimas mimosas. No sé desde cuando estoy ahí como petrificada. Escuchando el silencio, esperando nada... lo único que seguro llegará...

Amanece.

Un día más de un mundo desconocido a veces extraño y por elegir se abre ante mí, como un libro abierto de páginas en blanco esperando mis palabras. Una sintaxis vital que creadora o transformadora insuflará vida a mis pensamientos, a mis deseos si hay suerte. También a ese azar cotidiano que nos posee y creemos escoger.

Pero no.

Nuestros actos cobran dimensión o un color u otro… sólo cuando los recapacitamos. Vivimos en un pasado permanente, que conocemos como presente. Quizás, huyendo de la soledad que comporta ‘ser’ siempre en pretérito. Un desamparo, que aderezamos con el poder del verbo en el que creemos descansa nuestra historia.

Sólo quizás.
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domingo, 3 de febrero de 2013

Disquisición aleatoria

                                                            Imagen de la mirada de cristal
                                                            -------------------------------
Dedicado a una diosa de bellas manos, que vive con un gato, posee una flor de lis y un pendiente en la nariz.
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Cuando se quiere saber donde se está, se cierran los ojos. Estamos donde nos encontramos cuando tenemos los ojos cerrados: en la oscuridad y en el vacío. Solos.

El valle de los avasallados (Réjean Ducharme)
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Es en ese lejano  momento en el que crecemos, o creemos hacerlo… cuando somos conscientes por vez primera, de que la disposición de las cosas no guarda un orden natural contra el que nada puede hacerse.  Un entonces, donde nuestras almas,  al tiempo que poderosas aún bisoñas, son capaces de hacer de la vida una construcción mental, que marcará la maraña de caminos de nuestro futuro de forma importante. A través del sueño, del ensueño o de un imaginario emocional de estímulos más o menos comunes…  pero sobre todo,  desde el deseo inaplazable de sucesos de una infancia que,  a pesar de la percepción de la niñez que la detecta quasi eterna, al final cuando miramos hacia atrás, resultó breve, aún en el peor de los casos.

Se desencadena ahí, en momentos puntuales que todos recordamos con claridad,  una visión del mundo en la que intentamos satisfacer el ansia de dominio de un entorno, que la mayor parte de las veces no se corresponde con lo que de él esperamos. Algo que se va repitiendo  aleatoria y periódicamente a lo largo de los años.

Pero es en esas contradicciones entre lo material y lo deseado, donde se fundamenta nuestro patrimonio vital que se alimenta de esas paradojas de forma importante, influyendo de forma decisiva en nuestro comportamiento. Aunque la tozuda realidad,  a menudo definitiva… contradiga a esa especial sensibilidad que conforma y delimita nuestro ser más íntimo.

Efímera disquisición, que a pesar  de esa soledad de la cita, quiero compartir, además de con mi buena amiga Isis,  con todos vosotros.


jueves, 10 de enero de 2013

Aviso a navegantes.

                                     http://www.flickr.com/photos/guerrera/3677125146/sizes/z/
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Parece como si la pátina del tiempo difuminase nuestro particular horizonte de sucesos, aunque en realidad se trate de nuestra defectuosa percepción de ese extraño concepto que todo lo retiene o ¿aprisiona? Lo que es seguro, es que a ese singular fluido, independientemente de cómo percibamos en él nuestra huella… nada se le escapa.

Y es que al final, según  el  lugar en que ‘creamos’ ,  (tanto de de creer como de generar*…) encontrarnos, percibiremos de distinta manera lo que nos acontece. Es decir, que  olvidando o no… (para el pasado), reteniendo o viviendo (para el presente rabioso…  incluso  para lo que ya no es tan inmediato) o imaginando en un futuro … ya que no todo lo que esperamos e imaginamos,  acaecerá…  es tan solo la facultad de la memoria,  de dar pábulo a ese eterno y subjuntivo  presente material e inmaterial de posibilidades… pero sobre todo,  de vivir el  recuerdo  de nuestro presente, en  la forma  que nuestra subjetividad nos permita.

Porque en el fondo, aunque nos resistamos, lo neguemos y lo intentemos con sincero ahinco, estamos  atados a nuestro sentimiento profundo y distantes de una deseada (o no…) pero remota objetividad. Quizás las cosas, en nuestra mente, dubitan entre existir por si solas o por  ‘alusión’…  pero a tenor de lo que hay, me temo que casi nunca lo consiguen.  Schrondinguer (entre otros…) dixit.

Por eso, dos sujetos ( o más…)  que vivan o ‘sufran’ el mismo acontecimiento o la misma historia de forma simultánea, aunque crean coincidir de forma general en el “hecho principal” nunca lo recordarán con los mismos matices. Al punto, que un tercero que escuchase el relato de esa misma vivencia, nunca la relataría igual, dependiendo no sólo quien se la haya narrado, si no de su idiosincrasia y su  propio estado de ánimo, en el momento en que la oye.  Una perspectiva muy poco fidedigna, de la por otra parte, irremediable verdad.

De lo que me da la gana de inferir ¡qué remedio! que la perspectiva de la realidad de nuestra especie resulta muy poco fiable,  porque probablemente los acontecimientos suceden de forma muy distinta cuando los vivimos que cuando los recordamos.Y para finalizar esta ristra de  perogrulladas, que me ha parecido conveniente recordar y no olvidar… quiero añadir o contraponerle, según como se mire J, la exégesis de alguien muchísimo más sabio y práctico que  una servidora. 

Dice así:

Vive tu propia vida, quiero decir,
vive allí donde estás,
tal como eres,
con lo que tienes,
con los que estás...
Procura apoyarte en la situación en que te encuentras,
y trata al mismo tiempo de adaptarte.
No puedes escapar. 

Svami Prajnanpad.
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*Generar= Luís A. tienes razón, el término vale "pató" :)

lunes, 19 de noviembre de 2012

La historia de los días...

                                                  Imágenes de La mirada de cristal
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”Mi vida  es una indecisión en el tiempo. Una abertura en una cueva. Un espacio en blanco para una palabra. La vida es muy corta. Esta extensión de mar y arena, este paseo por la orilla, antes de que la marea cubra todo lo que hemos hecho”
 Jeanette Winterson
(La niña del Faro)
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Y de nuevo nos hallamos en el interregno del huidizo Noviembre. En esta especie de ínterin de un final… donde la luz se fuga veloz para descansar en la nocturnidad, haciendo que nuestro mar de horas se suceda de forma vertiginosa. Aunque en el fondo todos sepamos, que el tiempo, es tan solo el devenir de ese presente perpetuo en el que nos encontramos  ¿atrapados?

Pero nunca un día es igual a otro. Cada uno, es el principio de una historia que a veces nos contamos. Y cuando lo hacemos, lo que era ordinario o corriente…  deja de serlo en pasado. Nuestra peor época puede sobrevenir, de “trabajo de Sísifo” a pura redención. Cada crisis, sin por ello evitar el arrepentimiento del error, en su caso… puede acontecer en epifanía o renacimiento en ese fluido de tiempo que nos concierne. Y están esos momentos con sabor de eternidad, que sobreviven a cualquier azar, para acompañarnos por siempre a lo largo del camino, quizás incluso más allá... ¡Quien sabe! Sólo hemos de mirar atrás, con la sabiduría latente que todos poseemos.

Cada día es inicio e inspiración de un retorno, que nunca es igual al anterior. 
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sábado, 1 de septiembre de 2012

Un tiempo extraño...

                                         
                                                       Imagen de La mirada de cristal
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Todo siempre es igual.
Cuando otra vez como ahora llamamos en el lejano muro..
Todo siempre es igual.
Aquí están tus dominios, pálido adolescente:
la húmeda llanura para tus pies furtivos,
la aspereza del cardo, la recordada escarcha del amanecer,
las antiguas leyendas,
la tierra en que nacimos con idéntica niebla sobre el llanto.

Olga Orozco.

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30 de Agosto. Cielo en plata y lluvia mansa desde primera hora. La temperatura ha bajado a cotas soportables. Una brisa agradecida rumorea entre las hojas del frondoso tilo y hace aún más patente el silencio que se respira en este rincón. Por una vez, parece como si la meteorología  quisiese dar un respiro a este Mediterráneo de aguacero, tempestad y tentetieso a los que nos tiene acostumbrados en los finales de estío de estas latitudes.  Abro la puerta que da al jardín para escuchar a placer el murmullo que borda el agua en esa naturaleza próxima y domestica. Alivia. Las hiedras y el magnolio, brillan cercanos e impertérritos bajo esa inesperada llovizna y junto al verde profundo del seto, las primeras hojas de la umbrosa morera, caen sobre el césped como aldabonazos de otoño...

Los gatos entran a refugio. Huele a tierra mojada y en el ánimo se filtra esa sensación indefinida del desenlace…  también de escape, de liberación. Respiro hondo, mientras pienso que cada cosa tiene su momento y que un final es a la vez un inicio. Si algo no perdona, lo enfoques por donde lo enfoques, es el tiempo. A pesar de nuestros pautados y falsos calendarios vitales o temporales, hasta en su sentido atmosférico, él, siempre está ahí para de alguna forma recordarnos, que la vida y todo… sigue pasando al albur de los días y los hechos. Irrefutable. Sumando años, sucesos y tormentas varias, en el más amplio sentido del término.

Amores, gentes, proyectos, deseos… quimeras que van y vienen en nuestro tiempo concedido, dejando  su impronta imborrable, pero que terminan por desaparecer en estaciones y etapas que nos devoran y viceversa. Disolviéndonos en recuerdo. En pasado.

Cuestan los cambios, aún los esperados. No importa si por sabidos o buscados, el caso es que  nos provocan ese sentimiento de inquietud, que suelen dejar el abandono o la renuncia, la pérdida... o hasta una racha de mala suerte que luego resulta no ser tal. Un tiempo extraño pero necesario, que nos incita a seguir sin volver la vista atrás. Asimilando el final de sueños que se desvanecen en la estela de otros nuevos.

Sabor de vida en estado puro.
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jueves, 12 de julio de 2012

En soledad...

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“En vano recorremos la distancia que queda entre las últimas sospechas de estar solos”
-José Manuel Caballero Bonald-


Dicen que la soledad, aún la buscada, es como una fría llovizna que termina por calarte hasta los huesos. Aún así, se hace a veces imprescindible para bucear en nuestro interior. Como un ayuno del alma que nos aleja de distracciones y nos permite concentrarnos con la distancia necesaria en el pensamiento siempre clarificador,  y detenernos con la calma precisa en el análisis del sentimiento obnubilador…  porque nunca será lo mismo pensar que sentir, aunque algunos lo perciban de ese modo en una especie de ceremonia de la confusión. Y es que ambos conceptos, pensar o sentir, se contaminan de forma evidente e importante el uno del otro.

Pero...

Pensar,  por lo  general,  sobre todo cuando se trata de decidir algo personal, es la mayor parte de las veces un intento de buscar un equilibrio esquivo e huidizo de per se.  Quizás  el intento más válido de crear nuestra propia realidad desde la objetividad  de un racionalismo que acostumbra a sernos ajeno por contaminación del sentimiento que nos invade,  a veces  incluso a pesar nuestro.

No quiero pasar por alto en este pobre intento de análisis, al que se podrían aportar un montón de matices más, una cuestión que me parece concluyente en este asunto. Y es que dependiendo de la naturaleza propia de cada uno, siempre habrá a quien le pese mucho más a la hora de elegir, pensar que sentir o viceversa. Con la precaución y distancia debidas, que nadie está libre de contradicciones, servidora se sitúa entre los primeros. Tampoco obviaré, algo en lo que muchos de vosotros estaréis asimismo de acuerdo… y es que,  los que somos de tendencia pensativa, podemos abstraernos para reflexionar aún en medio de una multitud.

No obstante, a pesar de esa fama que tiene el “hombre” de animal social, finalizaré diciendo que sin importar la tesitura en que nos hallemos, en el fondo, la soledad es algo inherente al ser humano. Y en algunos, entre los que también me cuento,  además de inherente, aparte “coqueteos”* característico.
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*coqueteos =  dicho en un sentido de “ocasionalmente”. Todos sabemos de algún ejemplar  que bajo una apariencia extravertida, esconde una reserva feroz.

domingo, 6 de mayo de 2012

Escogiendo...

Imagen de La mirada de cristal
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“No te afanes, alma mía, por una vida inmortal, pero agota el ámbito de lo posible…
(Píndaro) En el Mito de Sísifo .
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No hace mucho, conversaba con una amiga sobre un tercero, del que ambas tenemos fundadas sospechas de que quizás tenga intención de “desaparecer” de una forma definitiva a no tardar. Pues bien,  finalizada la charla, el tema de la misma me dejó pensando largo rato. Porque con mayor o menor intensidad, incluso con determinada frecuencia… es algo que alguna vez, todos, nos hemos planteado, aunque sólo haya sido como  auto-especulación  emocional en soledad o  en una sencilla pero “a profundis” conversación de café con alguien de confianza. Añadiré también, que al igual que ese tercer amigo, ambas creemos  firmemente en la legitimidad absoluta de tan denostado recurso. Denostado, socialmente hablando, claro.

Y más allá de motivos o porqués de cómo se llega a esa  disposición del ánimo… que me abstendré  de calificar de forma alguna, ya que el adjetivo que lo haría, variará en un amplio arco, desde la tristeza a la liberación según el momento existencial en que nos hallemos y sobretodo de  las creencias  y valores de cada uno...

Lo primero que me he preguntado es:

 ¿Dónde está la diferencia entre intención y determinación? Quizás en algún punto de la frágil línea existente entre el  pensamiento del presente y lo que más tarde, en esta entelequia de tiempo que nos posee o nos ¿aprisiona?… será el hecho pasado. Pero eso será  así,  sólo si el “acto” sucede… si en verdad esa intención última de nuestro pensamiento primigenio, pasa de la determinación a la ejecución activa. Porque incluso escogiéndolo, la logística de abandonar esta dimensión de manera intencionada no parece especialmente fácil, por muchas y diversas causas.

Si la sociedad como tal, no hubiese creado  mecanismos de control y desprestigio contra esta práctica,  que no es tan antinatural como intentan hacernos creer, probablemente la muerte,  que es tan sólo el colofón de la vida como la “percibimos”...  sería un  tránsito importante sin duda, pero mucho más despojado de tabúes y temores de lo que es, que  viviríamos con mucha más paz y naturalidad. Sobre todo, sin ese pánico cerval, sin  esa rabia gratuita e improductiva, que tantas veces se detecta en los que se van…  Como muestra de todo lo contrario, no hay más que observar la serenidad y dignidad con que  se enfrentan a tal trance otras especies, mal consideradas inferiores. E ilustraré lo que digo con una anécdota personal.  Hace un tiempo, uno de mis animales domésticos, de avanzada edad, sencillamente dejó de alimentarse. Y a pesar de mi  en principio insistencia… para que lo hiciese, os juro que hubo un momento en el que de alguna forma, supo como hacerme  saber su intención y su deseo de marcharse… y aunque pesarosa por lo que sabía se avecinaba…  cesé en mi “encarnizamiento alimenticio”… lo que provocó que dejase de huirme en cuanto me veía y nos permitió a ambas (era una gata) acompañarnos tranquilamente, hasta que llegó su momento.

Y es que vivir “a toda costa” a pesar de lo que sea… haciendo valer  algo tan incierto como la “esperanza”, como único asidero o leit motiv, no me parece lo más acertado. Pero cada uno… tiene  afortunadamente la facultad de escoger lo que desea. Y diferencio aquí entre lo que se “desea” y lo que se “puede”… ya que no siempre es posible llevar a cabo ese deseo, sea  por imposibilidad física, como en el famoso caso Sampedro,  o emocional… causar dolor a otros,  puede ser también un elemento paralizador,  para llevar a cabo ese acto que muchos consideran “liberador”.  Aunque pienso que en este último supuesto es tan sólo una detención temporal… porque creo que hay impulsos humanos, como el de nacer o morir que nos resultan incontrolables. Son ellos los que nos dominan y no al revés.  No quiero obviar la cuestión de la valentía, objeto de tantas suspicacias en este caso, sobre la que diré, que tan bizarro me parece el que decide enfrentar “lo que sea” en esta dimensión, como el que determina el momento para mirar a la muerte cara a cara y no esperar pacientemente a que la parca se pase a “recogerlo”.  Eso sí, morir día a día o saltar sin red…  ambas cosas conducen al mismo lugar...

Está asimismo la cuestión del que en el último instante no se ve capaz de afrontar ese cáliz… porque ir hacia lo desconocido de forma “definitiva”, puede ser para algunos, inspirador de gran temor  y de “virgencita que me quede como estoy…” aunque sea en estado de piltrafa… Excluyo  de todos los supuestos… a los “boquillas”, que ya llevan lo suyo de  per se. Nada hay más ridículo que un suicida ficticio, que no frustrado…  Pero ojo! Porque según las estadísticas, más del 90% de los suicidas efectivos,  lo han anunciado en uno u otro momento. Es decir, no todos los que manifiestan que lo harán lo llevan a cabo pero sí, que ese abrumador  90% de los que lo hacen… lo han advertido en alguna ocasión.
  
Son muchos más, incontables…  los sesgos a tener en cuenta en tal situación, pero no se trata aquí de hacer un análisis vano y presuntuoso por mi parte de lo que Camús, Wilde o Dostoievski, nada menos…  o el paradigmático y admirablemente consecuente  en este asunto,  porque predicó con el ejemplo… Jean Paul Sartre, consideraban el único asunto realmente importante de la Filosofía.  Esto quiere ser, sin más, una sencilla reflexión de asimilación.

Hay además algunos matices de esta cuestión  que me llaman la atención de forma mucho más poderosa que otros. Puede que el principal sean los motivos...  Porque  no es lo mismo decidir esa partida,  para huir de una cierta desesperación transcendental, sin importar aquí el análisis de cómo las circunstancias de ese “absurdo existencial” del que tanto habla la Filosofía desde todos los ámbitos, nos hayan podido abocar a esa situación, que marchar por falta de dignidad o por rescate del dolor de una enfermedad terminal…  sea esta física o emocional…  Claro, que  todos esos motivos,  acostumbran a ser la pescadilla que se muerde la cola. Pero juntos o por separado, en  todos los  casos citados, la “liberación” como contrapunto al  fracaso  vital, sería  el factor determinante de esa decisión.
  
Y  ya para terminar, diré, que tampoco me parece baladí aquí, la cuestión de algo tan aleatorio como lo  que  consideramos “suerte”. Entendiendo por ello el factor de  lo que pudo haber sido y no fue…  por esos “azares causales” o sincrónicos, que todos tenemos o “padecemos”…  en nuestras trayectorias vitales. Eso que muchos nombran como “destino”…  Sobre eso, me remito al texto de T.S. Eliot, que no hace tanto incluía en mi sidebar, porque me parece de lo más apropiado al respecto y que utilizaré para cerrar lo que largo está y sólo ha querido ser una humilde e insignificante disquisición de una profana, que pide perdón por el atrevimiento y la densidad del texto, sobre uno de los puntos más conflictivos de la vida. La muerte escogida.



Tiempo presente y tiempo pasado
se hallan quizás presentes en el tiempo futuro
y el tiempo futuro dentro del tiempo pasado.
Si todo el tiempo es eternamente presente
todo tiempo es irredimible.
Lo que pudo haber sido es mera abstracción
quedando como eterna posibilidad
solamente en el mundo de la especulación.
Lo que pudo haber sido y lo que fue
apuntan a un solo fin,
que está siempre presente.

T.S. Eliot.
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jueves, 29 de marzo de 2012

Al Principio.

                                                       Imagen: Dora Kelvin.
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Existe una Alquimia Transcendental.
La Alquimia de uno mismo. Es previamente
necesaria para llevar a cabo la Alquimia de
los Elementos. La Nobleza de la Obra exige
la Nobleza del Operario.
Grillot de Givry, La Gran Obra 
                                                                ________________

Diría que con sus excepciones, si hablamos de emociones, no son los cambios algo que se produzca de un día para otro. Pero a menudo hay hechos o  acontecimientos puntuales, sean estos fortuitos o no, que los desencadenan. Como el inicio de un viaje que no por esperado… la vida lo es… resulta menos sorpresivo. En ellos, hay casi siempre factores inesperados,  que deciden  en muchas ocasiones, quizás la mayor parte de las veces… los cambios de rumbo de nuestros itinerarios vitales.

Son  encrucijadas de las que sólo percibimos la parte visible del gran iceberg que probablemente son, ya que por el momento,  permanecen encerradas en una misteriosa sincronicidad, que rechazamos o asumimos, pero que en todo caso siempre nos asombra… en función de lo permeables o herméticos que seamos a ese extraño e indescifrable lenguaje del universo.

Somos una asignatura en constante revisión, que  en un Occidente  irremediablemente empírico, no da cuartel a lo diferente, a lo que se escapa de “lo que dice el libro”… rechazando y poniendo en duda cualquier especulación de la intuición, a pesar del altísimo porcentaje de aciertos de esta. Toda una “mística heterodoxa” de nuestros tiempos, que ante nuestra  evidente incapacidad de percepción, nos conduce a crear nuestra realidad “imaginándola”.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Naturaleza muerta...

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Orillas de letras ejecutadas con nocturnidad y alevosía. 

Un vano intento de atesorar sentimiento o sabiduría... que termina por transformarse, la mayor parte de las veces, en “naturaleza muerta”.

Para nada.

Un camino vital es un camino sólo  si miramos atrás. Delante, un espeso bosque de horas que se va evaporando en una selva de tiempo sin sentido.

Para nada.

No hay objetivo, ni existe el sentido, pero alivia el “para nada”.

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viernes, 17 de febrero de 2012

El día menos pensado...

                                                       http://www.flickr.com/photos/princeofelba/2219241382/
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Mientras el duende  que vive en su punta Norte se desliza indolente por uno de sus rayos, la Luna, hastiada de Invierno, bosteza aburrida. Ambos observan la Tierra con el ánimo sereno y escéptico del que  conoce lo irremediable.

Conversan sobre la lucha sin cuartel que se desarrolla desde hace miles de años ahí abajo. El Duende, expone  como la dualidad que rige en esa esfera se encuentra en un punto ciertamente impreciso… Turbio. Parece ser que sus coterráneos están llegando al  zenit de su  crisis de absurda estupidez… cada vez cuesta más distinguir, el grano de la paja, la noche del día, el bien del mal, el blanco del negro… Consecuentemente,  viven ¿o vegetan?... sumergidos en el  “gris” de la resignación y la incertidumbre.

En los archivos de  memoria sideral del Duende del Norte y Selene, se viene grabando desde hace miles de años, como  una abrumadora mayoría de los moradores  de ese planeta, sin importar la especie a la que pertenezcan,  perecen por doquier de hambre, enfermedad y miseria, ante la perversa indiferencia del resto. Pero últimamente, incluso esa breve minoría que hasta ahora se creía salvo de penurias básicas,  ya no está tan segura de estarlo  tanto…  e inquieta…  dileta ante difusas pantallas y extrañas herramientas sin cuerpo real, que a no tardar, sustituirán por lo que Madame Censura y Don Dinero, dos más de sus absurdas creaciones, decidan que cambien…  y gasten...

Y  al tiempo que el gris va creciendo de forma desmesurada… los hierbajos incontrolados y la pseudo bondad que sólo beneficia a una pequeña parte de sus diferentes  hormigueros, reinan en ese Planeta cada vez menos azul… donde sus pobladores parecen esperar entre pacientes como conviene a la malvada avaricia de unos pocos, y estupefactos por demás, un incontrolable y extraño "santo advenimiento", que no acaba de llegar y que probablemente no haga más que aumentar la crueldad y la necedad en la que viven inmersos  desde tiempos inmemoriales.

A lo que Selene asiente con el gesto, pero responde indulgente, que a pesar de todo…  ese  mundo aparentemente vacío de bondad y de extrañas sonrisas baldías, que intenta en vano escapar de la crueldad de los dioses que él mismo ha creado,  retiene todavía mucha belleza por disfrutar… y que quizás “el día menos pensado” en medio de tanta molicie, algunas  de sus gentes se decidan por fin a abandonar el  maléfico letargo en el que están instalados y comience una nueva forma de existencia para sus habitantes.

A punto de retirarse, sonríe y apunta: fíjate, Duende,  la luz ya alarga… y se cierne la primavera en los días… 

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martes, 13 de diciembre de 2011

On the road...



                                                          Imagen de la mirada de cristal
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Hay puntos e inflexiones en nuestro camino, que a veces detienen  esa vorágine de acontecimientos cotidianos que devoran nuestro tiempo de forma voraz y nos ponen en disposición de reflexionar, que de alguna manera es también una forma de soñar nuestra realidad.  O de intentarlo. Sobre todo, si ya existe esa tendencia previa.  Los próximos párrafos que leeréis, los que tengáis a bien hacerlo, no descubren nada que la mayoría no sepáis o que no os hayáis planteado alguna vez. Pero hoy, como dice la canción, es mi gusto compartir estos dos trazos y un borrón, con los que hasta aquí os acerquéis.
   
Renunciar a no importa que sueños,  a sabiendas de  que dejas pasar un tren que no volverá a pasar… o al otro por un “otro” que ya no es nuestro “otro”… incluso renunciar a  uno mismo, en aras de una realidad que ya nos es ajena, incluso absurda y paralizante,  por simple miedo o desesperanza de no alcanzar lo “eterno” en lo que soñamos en otra bifurcación del camino… hasta por unos daños colaterales que a la larga resultan no ser tales en la mayoría de ocasiones, parece de una absurdez palmaria y siempre dolorosa.

Un insulto inexplicable de todo punto a nuestra inteligencia “natural”, que nos pide el  cese de ese error continuado de una forma incesante.  Pero esta equívoca situación, que muchas veces puede convertirse en tremendamente castradora para quien la sufre, se produce millones de veces todos los días a nuestro alrededor. También  en carne propia.  ¿Quién no tiene un sueño “en renuncio” en un cajón? a la espera de ese momento oportuno, del que en el fondo tenemos la certeza que no llegará jamás! Porque jamás le daremos chance…  Ni siquiera cuando tras un análisis exhaustivo e imparcial de esa misma situación, comprobamos que ya no es esencial en absoluto más allá de la fuerza de la costumbre, ni nuestra presencia ni nuestro soporte a no importa el intrínguli que nos ocupe o preocupe.

No es baladí aquí tampoco, el tema de una falsa seguridad,  en la que la mayoría creemos estar instalados si vivimos como se espera de nosotros en no importa la cultura que nos habite. Aunque siempre haya un momento en que los años y los espejos desmientan ese falso amparo de forma evidente. Algo que nos enseñan a rechazar también desde niños. Uno no debe salirse de la raya prevista, si no es para triunfar al “uso”. Un movimiento  que acostumbra a excluir  a pusilánimes y medrosos, de lo que creen un futuro incierto. Pero la verdad es que el porvenir siempre será una nebulosa borrosa e imprecisa., porque hoy estamos y mañana no estamos… y eso es lo único cierto.

Quizás lo peor de todo sea, que aún habiendo abandonado confesiones religiosas,  que obviaré analizar aquí u otras tribus e instituciones varias como familia y demás…  y dejando en el aire  motivos y hábitos de otras civilizaciones, este comportamiento, es algo que forma parte habitual de nuestra cultura “judeo cristiana”, basada por completo en un sentido de “culpabilidad”  tan fuertemente arraigado en nosotros desde la cuna, que resulta realmente difícil desprenderse de esa rémora, que nos detiene tantas veces.  Nos imbuyen desde niños hacia una errónea y sobre todo falsa, “falta de egoísmo propio”, que es la que nos induce en la mayoría de  ocasiones a esa renuncia a nuestros  sueños, a nuestras metas primigenias. O a legítimas segundas o tropecientas oportunidades. No estoy proclamando la falta de responsabilidad ni el  abandono insensato, sino el compromiso propio con nosotros como sujetos y directores de nuestro propio itinerario vital, que es en última instancia la única responsabilidad final de todos y cada uno de nosotros.

Cambiar nuestra realidad, si ese es nuestro auténtico  deseo, pasa muchas veces por romper con nosotros mismos. Algo ciertamente difícil y que exige un proceso, un viaje a la auténtica madurez, asumiendo nuestras propias contradicciones… aunque eso signifique renunciar a las innumerables “comodidades”, que en el  fondo no son tales (nada que nos atrape… puede ser cómodo) en las que nos afincamos por rutina, cobardía o pura inconsciencia.
  
Así que os deseo muchos ataques de ese extraño sentido común, que acostumbra a ser el menos común de todos los sentidos … y algún que otro acceso de valentía para romper las cadenas que os aten a lo absurdo que haya en vuestra vida e ir más allá del intento.

Suerte y felices días a todos!
                                                       

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