martes, 20 de agosto de 2013

En subjuntivo...

                                               
                                                           Imagen de la Mirada de cristal
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""Somos parte del pasado, como lo somos del futuro. Hay un punto en el ser que se repite… quizás sólo seamos clones de un mismo yo y la cuestión esté solamente en tomar conciencia de ser eslabones de una cadena interminable… "

                                                              Luisa Arellano
                                                                    ___________

El mimbre de la desvencijada mecedora gruñe al menor movimiento, rescatándola de ese tiempo remoto al que la ha transportado la historia que aún reposa en su regazo. Por la ventana, se tamiza un sol oblicuo con la promesa de un bello crepúsculo. Siguiendo ese rastro, abandona la lectura para salir al exterior. Y al tiempo que la luz diurna se esconde tras la montaña, una luna grandota, que de pronto le parece una extraña,  asoma descarada tras una nube, bañando de luz su acogedora soledad y la noche incipiente.

Está como entre dos sueños… lo leído y lo vivido forman una singular amalgama de vivencias y recuerdos que se abren en su cabeza de muchas formas diferentes. Tiene la sensación de haber transitado por la penumbra de otras vidas que ya dejó atrás… Es como si de nuevo, algunos de esos viejos itinerarios posibles, descartados… se brindasen a ser recorridos de nuevo. Pero no.

Leer, es como revolver en otras vidas… que por uno de esos extraños ¿azares? de un supuesto destino, siempre nos lleva un poco o un mucho a la propia. Una terapia de observación incruenta, a la que nos sometemos de forma voluntaria, porque no es lo mismo indagar en nuestros sentimientos presentes o pasados… por comparación o paralelismo, que hacerlo en presente y primera persona.

Mientras oscurece, piensa que la vida… es aquí y ahora,  pero también , ese balbucir del subjuntivo… con sus dudas posibilidades y deseos, cumplidos o no… que nos acompañan y abandonan a lo largo del camino y sin los que nada... sería lo mismo.

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lunes, 29 de julio de 2013

A los que están y a los que se fueron...

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Del 2008 hasta aquí, cinco largos años han pasado por este blog. En ellos, muchos y diversos acontecimientos han sucedido en el mundo, en ‘La mirada de cristal’ e incluso a una servidora. Pero aunque a momentos haya sido… o sea… a trancas y barrancas, aquí seguimos todos.

De la actualidad que nos ha tocado vivir, con mayor o menor fortuna, he ido dando razón puntualmente en alguna entrada. Un repaso somero de las mismas, daría como resultado una visión personal  más bien triste o demasiado visceral, pero es que no son motivos lo que falta, para que nos hiervan las meninges de indignación, hasta de rabia. En todo caso, la situación actual, no da para mejorar ni siquiera un gramo mi natural escepticismo. De hecho, estoy segura, de que de alguna forma en estos últimos días, los malhadados sucesos ocurridos en mi querido terruño, nos mantienen a  todos,  un poco de luto.

Pero nunca ha sido este espacio, una bitácora dedicada a la actualidad política o social. Aquí, la mayor parte de las veces se ha tocado y se toca en otro ritmo. Una cadencia que ha sufrido el lógico desgaste de los años y también los vaivenes de las modas virtuales. Medios como Facebook o Twitter, de una inmediatez y cercanía mucho más palpables, han restado lo suyo a esta especie de cuadernos, quizás más profundos pero  a la vez mucho más distantes. De que el fenómeno blogger está a la baja, dan testimonio entre otros, mi modesto blogroll, lleno de cierres y abandonos… lo que ha ido repercutiendo poco a poco en un acusado descenso de comentarios. Y si a ello le sumo, que son muy pocas ya, las veces que visito nuevos lugares... el resultado es el que es. Pero aún así, me satisface comprobar que las escasas nuevas incorporaciones siguen siendo tan ‘de luxe’, como las más veteranas de este espacio.

Sobre esa disminución diré, que  habida cuenta de que  en su día decidí contestar a todos cuantos tuvieseis a bien regalarme vuestras palabras, por momentos, esa merma de apostillas, más que onerosa, ha representado una cierta liviandad en el tiempo dedicado a tal menester y me ha permitido contestaros ‘mejor y más rápido’ a los que aún me resistís.  Lo que no es óbice, para que siga echando de menos a muchos de cuantos han sido parte activa y habitual de La mirada de cristal. Tanto es así, que a la mayoría, a pesar de haber desaparecido de sus espacios tiempo ha, les sigo manteniendo entre mis enlaces. Y aunque algunos de esos ‘desaparecidos’ hayáis pasado a mi cotidianidad a través de otros medios más personales, incluyendo en ellos, la desvirtualización, no dejo de considerar una pérdida esas otras ausencias de los que volaron un día sin más.

Asimismo, quiero añadir, que escribir como pasatiempo o como necesidad vital, ambas cosas se integran y se confunden la una en la otra.  En mi caso, y estoy segura de que también  en el de muchos otros, representa una evidente y valiosa –construcción- de ese ‘yo’ que tantas veces nos negamos… ¿o nos es negado…? en la realidad ordinaria que nos concierne. Porque más allá de la calidad, la creación... y escribir está en esa categoría, nos sitúa en una zona ‘fuera de límites’ que nos ayuda, incluso obliga… a conocer y profundizar en nuestra auténtica naturaleza, reforzando y enriqueciendo nuestra libertad y autoestima para acceder a otras realidades posibles de nuestros itinerarios vitales. En todo caso, siempre, toda una revelación a la que vosotros no sois ajenos.

Por todo ello y mucho más, desde aquí, aprovecho este quinto aniversario, para daros de nuevo las gracias más sinceras,  absolutamente a todos por el regalo de vuestra presencia.

domingo, 14 de julio de 2013

Tiempo de cosecha

                                                      Imagen de La Mirada de cristal
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                                                                   A mi madre
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Siempre pensé que tu huella en mí, no iba más allá del rastro de una nube en un cielo de final de estío. Curioso, como en diferentes épocas, rozamos los mismos tiempos.

Y también ellas. Las cuatro, mónadas de fruta madura e indivisible, como  un hechizo de causalidad.

Sin embargo, nunca se dio la semejanza, ni siquiera la exterior. Somos… éramos… fuimos…  tan distintas...

Como no serlo, si todo un Océano de tiempo y geografía nos enajenó a la una de la otra. Y para cuando las aguas se abrieron, ya no era tiempo de comunión...

Pero en este tiempo de cosecha fuera de plazo, vuela el talismán tardío de tu generosidad, que recolectamos en este sereno viento de paz y  tolerancia que nos ampara al recordarte. Porque, eso, me lo enseñaste tú y tu difícil peripecia, más que ningún otro/a. Y vives en nosotras. Las cinco. Sí, en ella, también.

Y como a ti, me gusta leer, la soledad y casi cualquier música mientras me pierdo en lejanos sueños.

Hoy, me has sobresaltado cuando te he encontrado en esa foto.


Era yo.

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lunes, 1 de julio de 2013

De la luz...

                                                        Imagen de La mirada de cristal
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 -Domino, no me interesa tanto la verdad como lo que siento. Mis sentimientos cambiarán y quiero recordarlos como son ahora.
La Pasión (Jeanette Winterson)
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Y de pronto, sin importar en que forma, el ignoto velo del desconocimiento o la ficción, se desvanece… y los hechos nos son revelados tal cual son. Pero mucho más que la ambigua “verdad” o como esta nos llega, importa la íntima convicción de que la realidad es esa que acabamos de descubrir.

A veces, lo cambia todo, sin más. Pero en otras ocasiones no hace más que dar validez definitiva a un sentimiento latente e inclasificable al que no dimos pábulo en su momento. Como sea, cada nuevo pensamiento de ese presente, se refleja en nuestras acciones y posee los ecos y matices que nos habían sido vedados hasta entonces.

Y la luz, la nuestra, se hace.

domingo, 16 de junio de 2013

Las estrellas del camino




Imágenes de La Mirada de cristal
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        No puedes transitar el camino hasta haberte convertido tú mismo en la senda.
                                                           Buda                  
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Siempre he creído, y el tiempo se ha encargado de demostrármelo en muchas ocasiones, que hay acontecimientos, trances, lugares, entes, seres… que parece que nos escojan, mucho más que nosotros a ellos. Quizás por eso, me preguntaba en el vuelo de regreso de mi último viaje, si además de la vana e imperceptible huella de mi ‘paso’ por esos arcanos y bellísimos senderos, en que forma, ellos, habrían ‘pasado’ por mí, si es que lo habían hecho. No es que a estas alturas de itinerario vital, esperase volver distinta o transformada de ningún modo. Los que me conocéis, sin importar porque medio, sabéis que esta escéptica, por más que le gusten, cree y confía –poco- en ficciones o mitologías.

Pero “poco”… no es igual a nada.

Así que mientras me dormía entre nubes de algodón, decidí que a la espera de alguna más que improbable revelación de ese enigmático lenguaje, que Jung nombra como ‘sincronicidad’ y que a la mayoría nos sigue resultando hermético, si no es a posteriori, lo mejor, sería consultar las breves notas del cuaderno de bitácora de esa expedición, que comencé a preparar con esmero a finales del pasado año. Y aunque resulte de todo punto imposible resumir en unas pocas líneas, las sensaciones provocadas por las vivencias de esos días, éste, es el resultado.

Comenzaré por decir, que caminar durante horas bajo la nieve, la lluvia o el granizo, los más que menos veinte kilómetros en los que dividí mis etapas, como así ha sucedido, no supera la anécdota. Lo cierto, es que inclemencias aparte, día tras día a punto de finalizar la caminata de la jornada, una nostalgia inmediata de ese recorrido me invadía. Luego, en las conversaciones cercanas de mesón, supe que era una más de los que tenían ese sentimiento. Y es que, por raro que os pueda parecer a algunos, la meteorología adversa en según que naturalezas, no hace más que sumar belleza al entorno. Si a eso le añadimos, que me crié en esa climatología, es probable que el resultado tenga su lógica.

Lo que está claro, es que en los meses anteriores, mientras me preparaba en las sierras del lejano Mediterráneo, me ponía metas de tiempo y dificultad. Pero ahora, más allá de cualquier accidente meteorológico, de algún momentáneo cansancio u otros inconvenientes, de lo que se trataba, era de caminar en soledad, sin más objetivo que diluirme en el recreo de esos bosques mágicos y envolventes… una selva de exuberantes helechos, exquisitos campos floridos o espesos arbustos... custodiada por centenarios árboles, como gigantes guardianes del Camino. De detenerse sin prisa en la pequeña ermita, a charlar con el sorprendentemente joven y simpático italiano, hermano franciscano, que transitando el Camino encontró su destino. O en la aldea perdida, a acariciar al ‘can de palleiro’* que en su atávica sabiduría sabe bien donde escoger ese mimo que no halla en cercanías, y compartir con él, el almuerzo. Quedarme absorta en lo más profundo del bosque, escuchando el sortilegio de la sigilosa melodía del canto del cu-cu, que no hace sino resaltar el aparente sosiego de una enigmática naturaleza, que en realidad bulle de vida. O holgar en el silencio de una gozosa soledad escogida, tan difícil de hallar en la rutina cotidiana.

Y lo hice.

Creo que más que andar, he discurrido por bosques y días, un poco fuera del tiempo ordinario. Y sé, que los que los hayáis transitado por esos parajes en más o menos las mismas condiciones, me estáis entendiendo. Es como un tenue fluir, un deslizarse leve... que te impregna  del rumor de las mil aguas que los jalonan. Como rozar el alma de un país legendario de misteriosas e inextricables frondas, de suaves y aterciopelados musgos, de gigantescas piedras de 'milladoiro' invadidas por milenarios líquenes que esconden indescifrables mapas del tesoro… donde cuando te detienes a escuchar, se adivina el mágico contubernio de acuáticas ondinas, seráficas hadas, revoltosos trasgos o errantes ánimas de Santa Compaña, que en una extraña y esquiva primavera a punto de finalizar, han tenido a bien lucir y regalar sus mejores galas, que han brillado en un sin par verde-dorado, antiguo e inigualable, que te va ganando y transformando hasta convertirte en un elemento más de esa impenetrable y recóndita cosmogonía, que probablemente solo muestre su auténtico ‘ser’ a algunos escogidos.
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*Can de palleiro: raza de perro autóctona.



martes, 21 de mayo de 2013

Moisés...

                              http://www.ntca.org.au/our_association/2010agm_photocomp.html
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Hoy es siempre todavía...
(Antonio Machado)
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Desde el camino, el río se veía revuelto después de las últimas lluvias. No acostumbraba a pasar por allí en época de frío y además lo tenía prohibido. Pero ese día, el destino, en uno de sus vericuetos, le tenía preparada una buena sorpresa.

En un momento dado del trayecto, mientras jugaba a sortear charcos, con el estruendo del agua ya asumido por su oído, un sonido diferente, como un gemido… le hizo dirigir la vista hacia el agua de inmediato. Lo que vio, suspendió su respiración por unos segundos. Los gemidos provenían de un saco cerrado, que desde un poco más atrás de donde ella se hallaba, bajaba a toda velocidad dando tumbos de piedra en piedra en medio de la brutal corriente.

Sabía que sólo tenía una posibilidad y debía actuar rápido y de forma precisa. Corrió a lo que daba, hasta el único remanso de esa orilla, en el que quizás se podría acercar lo suficiente al bulto. Cuando entró en el agua, todo a su alrededor había desaparecido… su mundo se limitaba a ese fardo y a la rama en la que se sujetaba como podía… para no perder pie.

Aún no sabía nadar.

Como un milagro, debido a la fuerza del flujo ese día, el mismo torbellino que llenaba ese breve fragmento de ribera de hojas y ramas, escupió casi con violencia el saco, hacia donde ella se encontraba. Se apresuró en estirarlo y sacarlo tan rápido como sus exiguas fuerzas le permitieron. Una vez fuera, sus ateridas manos, no conseguían deshacer los apretados nudos, así que furiosa, rasgó con sus dientes la urdimbre. Helada, empapada y exhausta por el esfuerzo,  sólo sus lágrimas y su indignación ardían en sus mejillas cuando sacó a los cinco cachorros ahogados...
   
Tocar la desesperanza, es aún mucho más duro que descubrir la maldad. Por eso, cuando en un inútil gesto de desesperación, con un cuidado y respeto infinitos les abrazó, quizás esperando insuflarles vida… perdió por completo la noción del tiempo… hasta que un leve movimiento en su pecho, hizo que su corazón se disparase a la carrera. Al mirarles de nuevo,  la mirada vidriosa y aterradora de la muerte innecesaria e inexplicable, no se lo pareció tanto.

Sólo uno, pero se movía!!

Se calzó las katiuskas a toda prisa, lo envolvió en su jersey, la única prenda razonablemente seca y en un santiamén se presentó en casa. En el umbral de la puerta, y ante el estado en que ambos llegaban, su tía, evaluaba rápida la situación. Mientras les secaba a ambos al amor de la lumbre, escuchó atenta y en un ambiguo silencio sus atropelladas explicaciones. Al terminar, ella, la miraba de hito en hito, esperando sentencia.

A lo que muy seria, la mujer, respondió:
Ahora, me acercaré hasta el río a ver que se puede hacer por los demás… Tú, estás castigada por imprudente y desobediente hasta nuevo aviso. Y después de un largo suspiro, al fin sonrió y añadió señalando al cachorro:

Y a él, le llamaremos Moisés ¿no?

domingo, 12 de mayo de 2013

Regreso a Ítaca...

                                                Imagen original aquí:
                                   http://www.flickr.com/photos/fernando-/3283203850/sizes/l/
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 "Lo que vemos, no es lo que vemos, sino lo que somos."
Fernando Pessoa         
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Cuando despertó sola en el camarote, era de noche como solo lo es en alta mar y hasta sus oídos llegaba un inhabitual murmullo de conversación apagada. En otro momento se hubiese asustado o llorado, pero no en esa ocasión. Los niños, poseen una antena especial que acostumbra a detectar de inmediato los sucesos extraordinarios. Y era evidente que algo inusual estaba sucediendo. El rumor, provenía de la cubierta superior, donde se hallaba su camarote. Así que, se calzó rápido mientras trepaba a la litera superior que su hermana ya había abandonado sin avisarla para alcanzar así el ojo de buey desde el que divisó el exterior a la perfección e investigar. Después de casi un mes de viaje con las rutinas del barco completamente asumidas, le sorprendió ver la borda de proa atestada de gente a esa hora, pero aún no acertaba a comprender que sucedía… la mayoría, señalaban algo a lo lejos… ¿quizás habían vuelto los delfines que las habían acompañado durante días? Si era así, pensaba enfadarse  mucho con su hermana por no despertarla! Así que decidió salir en su busca y poner fin a aquel misterio.

En pleno verano, agradeció el relente fresco y húmedo de esa madrugada respirando hondo. En contraste con la tranquila placidez de otras noches, cuando se escondían en las escaleras del puente de mando, con el salón de baile a la vista, donde un mundo decimonónico de lujo y glamour, que estaba condenado a desaparecer para transformarse de forma veloz  e inexorable en clase media, daba sus últimos coletazos. La actividad ahí fuera, se adivinaba esa noche casi frenética. Los marineros baldeaban las cubiertas concentrados, despejando a conciencia puertas y pasarelas, de tumbonas, sillas, hamacas y todo tipo de menaje de exterior. Nadie parecía prestarle atención, así que siguió avanzando en busca de su hermana, a la que no tardó en divisar. Era la única, de los muy pocos niños de ese viaje, que estaba ahí, en primera fila… Como siempre, un paso por delante de todos los demás.

- ¿Dónde vas sin chaqueta?
- ¿Qué pasa?
Tomándola de la mano la avanzó a primera fila. Y también ella señaló el horizonte, musitando con cierto énfasis de entendida en la materia:
 - Mira, es España.

Y en medio de la bruma de ese amanecer, divisó una larga pero aún tímida hilera de luces que titilaban en la lejanía. La verdad, es que esa visión no le pareció prometedora en absoluto… y mucho menos al comprobar como a su alrededor, la gente, en su mayor parte emigrantes que retornaban o hacían una breve escapada, se abrazaban y estaban al borde las lágrimas. También su prima, que se hallaba entre los que regresarían a no tardar y que las acompañaba con su bebé, parecía emocionada.

Ellas, regresaban para quedarse, pero se hallaban todavía lejos de comprender en toda su magnitud, el alcance de ese hecho. El internado y su sensación de abandono, que terminaría por convertirlas a base de disciplina tantas veces absurda e incomprensible, en dos escépticas solitarias, curtidas y autosuficientes, era aún una huella desconocida en sus vidas, aunque estuviese tan solo a un paso de otoño. Su impresión, y quizás fuese esa la  primera vez que les sucedía,  se asemejaba mucho más a ese vacío en el estómago que dejan el final de unas vacaciones trepidantes y llenas de aventuras…  lejos de la rutina y la vigilancia estricta de adultos. No en vano, su provisional tutora,  a pesar de ser ya madre, no dejaba de ser poco  más que una adolescente, aunque en otra aventura muy diferente a la suya. Quizás por eso, les permitió la libertad rabiosa e indulgente  que sabía que pronto les iba a faltar. Fuese como fuese, ese, se convertiría en un periplo inolvidable e irrepetible…
   
Atrás, aunque para siempre en su memoria quedarían, desde la tormenta tropical que al inicio de esa travesía barrió las cubiertas de forma salvaje, descubriéndoles por vez primera, aún entre los vómitos del profundo mareo, la insólita belleza de una naturaleza bronca e indómita que ocasionó los desperfectos suficientes al buque, como para desviarlo y hacerlo recalar un par de días, que su prima supo convertir en exótica excursión indígena, en Jamaica, y que sirvió como contrapunto a la calma chicha en la que discurriría el resto del viaje en ese universo anodino y cerrado que resulta ser un barco de pasaje, donde todo acostumbra a estar previsto. Excepto ese afortunado e inquietante encuentro con los delfines que las acompañaron durante días y que tanto las hizo disfrutar con sus piruetas y sus voces a modo de cantos de sirena… y que noche tras noche mientras siguieron la misma ruta, penetraban para quedarse en el alma de todo aquel que las escuchaba. Maravilloso e imborrable patrimonio emocional. 

E imperecederas también esas noches, en las que la oscuridad profunda de altamar, sólo se desgarraba con las profusas fugaces de cola interminable, que se derramaban generosas en medio del alborozo de la chiquillería, que las coreaba durante los segundos que tardaban en desvanecerse… en ese otro abisal e insondable océano de estrellas en pasado. Uno, dos, tres… y que sobrepasando el diez, les arrancaba un arrebatado aplauso. Un mundo pródigo, pletórico de los sueños de una niñez corta y aún apenas contrariada… al que vete tú a saber qué o quién… ha tenido a bien regresarla esta madrugada. 




http://www.google.es/imgres?imgurl=https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEiY0avaTu7hcWCpUHGrwrTE67Q0ANL_JFTc-4YuA-nqIAoLjECfkvCOpdaO7CgSshQkvXA45-0-OgBYaBUx3vWOYu9hjHxnmWUflzikhjJpT5q5ea1JrRzJlc63W-AxOqDZqmUvRm_Jfoga/s1600/estrella_fugaz.jpg&imgrefurl=http://losmundosdejairo.blogspot.com/2010/09/estrellas-fugaces-repaso-mis.html&h=654&w=1024&sz=57&tbnid=ljNqOLMX0AyeEM:&tbnh=87&tbnw=136&zoom=1&usg=__kkUT0ChRfavWc4LhRxdUnlRqQgw=&docid=KqOpAUh03UcXkM&sa=X&ei=7PmOUZKZGsHJhAeit4HoDw&ved=0CDQQ9QEwAQ&dur=2049

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