lunes, 17 de diciembre de 2012

locura controlada...

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En medio de sucesos y adolescentes  inexplicables, sino es en la deficiencia… De adultos completamente culpables por agresión, dejación u omisión… sin poder obviar tampoco el absurdo socio - político que ejecutamos en una macabra danza, los títeres de turno y  el resto, en cruel comparsa que consentimos... como si no fuese con nosotros...

Aquí seguimos.

En el  intento vano, de huir de una actualidad descabellada hasta la insensatez. Pura irracionalidad. Refugiándonos como podemos… en un libro, en la meteorología, en el paisaje… en esa breve naturaleza que nos es concedido abarcar... En la infertilidad de la protesta…  o en un silencio estupefacto. También en el dolor. Hasta en la distancia implícita de la escritura. Quizás buscando esa “locura controlada” que habrá de permitir la clarividencia del guerrero y la modificación, al fin… de esa supuesta "conciencia universal”  de la que habla el Maestro Castaneda y de la que desgraciadamente andamos tan escasos...

Tratando de comprender y de abandonar el absurdo de este devenir continuo y simultáneo en que se está convirtiendo el final de una época nefasta que parece que nos está  llevando a otra no menos nefanda...

¡En fin! espero que me perdonéis el  tremendismo  y el sarcasmo… pero  ahora mismo, no sé que será más conveniente… si  felicitaros las Fiestas o el Apocalipsis…  Al final, los mayas, de alguna forma,  van a tener razón.

En todo caso, os deseo lo mejor. 

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Vuelan...

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Cuantos días baldíos
haciéndome pasar por lo que soy.
Máscara sin memoria, líbrame
de parecerme a aquel que me suplanta
Uno solo será mi semejante
J.M. Caballero Bonald
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Finaliza Noviembre, mientras huyen raudos los últimos vencejos desahuciados de otoño. Vuelan alto en el horizonte celeste, ajenos a este remolino de hojarasca muerta y desencanto. Una Luna henchida y mentirosa… vigila su sueño libre de gravedad deslizándose en las suaves corrientes que  van hacia el Sur…  Y siento un leve pellizco de envidia.

Reanudo mi “escogido” itinerario terrestre, pensando que es vano mi lamento.  Aparentemente, ellos, no dimensionan nada, sólo saben el camino. Nada más. Y la reflexión  se presenta diáfana:

Nada más... y nada menos… 
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lunes, 19 de noviembre de 2012

La historia de los días...

                                                  Imágenes de La mirada de cristal
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”Mi vida  es una indecisión en el tiempo. Una abertura en una cueva. Un espacio en blanco para una palabra. La vida es muy corta. Esta extensión de mar y arena, este paseo por la orilla, antes de que la marea cubra todo lo que hemos hecho”
 Jeanette Winterson
(La niña del Faro)
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Y de nuevo nos hallamos en el interregno del huidizo Noviembre. En esta especie de ínterin de un final… donde la luz se fuga veloz para descansar en la nocturnidad, haciendo que nuestro mar de horas se suceda de forma vertiginosa. Aunque en el fondo todos sepamos, que el tiempo, es tan solo el devenir de ese presente perpetuo en el que nos encontramos  ¿atrapados?

Pero nunca un día es igual a otro. Cada uno, es el principio de una historia que a veces nos contamos. Y cuando lo hacemos, lo que era ordinario o corriente…  deja de serlo en pasado. Nuestra peor época puede sobrevenir, de “trabajo de Sísifo” a pura redención. Cada crisis, sin por ello evitar el arrepentimiento del error, en su caso… puede acontecer en epifanía o renacimiento en ese fluido de tiempo que nos concierne. Y están esos momentos con sabor de eternidad, que sobreviven a cualquier azar, para acompañarnos por siempre a lo largo del camino, quizás incluso más allá... ¡Quien sabe! Sólo hemos de mirar atrás, con la sabiduría latente que todos poseemos.

Cada día es inicio e inspiración de un retorno, que nunca es igual al anterior. 
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lunes, 5 de noviembre de 2012

Érin V. (Sidh)

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                                 Dedicado de nuevo, a cuantos os habéis interesado
                                 en saber de ella.
                                 Lo que nunca va a dejar de sorprenderme.
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Cuando Ergivia la despierta pasado el mediodía, al salir al exterior percibe que el entorno del  crómlech*, ha cambiado de forma considerable. En pocas horas, el lugar, ha pasado de la exquisita soledad  de la llegada, a convertirse en un hervidero de druidas y gentes de todas clases y pelajes. Acuden en busca de cura o consuelo para sus males.

La costumbre, dicta que en esos días previos a la ceremonia, hasta el atardecer, los magos más poderosos y solicitados atenderán a todo aquel que se les acerque en busca de ayuda.  Por supuesto, a cambio de nada, tal como dicta la ley. Una ley, que en presencia de Mael y Tangi,  bardos y druidas observan de forma aún más escrupulosa. Pero todo el mundo, sin tener en cuenta clases ni procedencia, debe aguardar pacientemente su turno. Sólo los que están en un estado muy precario, pueden avanzar sin la correspondiente espera. El  sabio, ha dispuesto asimismo, una pequeña, al tiempo que discreta intendencia funeraria, en los alrededores cercanos, para los casos irremediables o inesperados. Los enfermos en general y los desahuciados en particular, no acostumbran a soportar demasiado bien los largos e inciertos viajes, lo que hace imprescindible contar con esos servicios. De hecho, los túmulos, dependiendo de los enfrentamientos que haya habido, así como de otros muchos factores, van en  aumento todos los años.

El hada, le señala con la mirada la cola más larga, tras la que se halla el Mago. Comprende de inmediato que debe dirigirse hacia allí para ponerse a  sus órdenes. Y mientras espera a que termine su última consulta para irrumpir en el pequeño espacio destinado al efecto,  repasa la extensa fila, evaluando a los enfermos que deben pasar sin demora.  En ese breve trayecto, se percata no sin sorpresa, de cómo le abren paso con deferencia y respeto, todos cuantos se la cruzan en su camino.  Al entrar,  se da cuenta al primer vistazo de lo mayor que está su protector. Sus macilentas ojeras de insomne  junto a una cierta pérdida de majestuosidad en  su postura habitual, transparentan su profunda fatiga. Pero sólo un ojo experto como el suyo o el de Ergivia, son  capaces de detectar algo así. El resto del mundo, sigue viendo a Mael,  el poderoso e incombustible Señor de los Sauces, con los que es capaz de aliviar los dolores más extremos.

En su sonrisa de bienvenida hay una muda interrogación del  porqué de su tardanza en presentarse, a lo que ella responde con un escueto.
-Me dormí. Pero ya estoy aquí.
-Una chispa de ironía asoma en los ojos del Mago cuando le responde-
- Claro, a alguna hora hay que dormir-  Así pues, estarás fresca como una hija del viento para las imposiciones de manos y las lecturas de runas.  Hoy, ya me incomodan...

Érin, asiente con el gesto y haciendo gala de esa comunicación no verbal que se produce entre ellos desde el mismo momento en que se vieron, se dirige al pequeño cofre de los tónicos y elixires, para mezclar con mano sabia varios líquidos en un recipiente, que después ofrece a su Maestro, que lo vacía de un trago sin comentario alguno.

Esa noche, a pesar del cansancio, se reúnen en un improvisado aunque confortable refectorio, con el clan de Tangi, donde les sirven  una frugal y reparadora cena. Los últimos detalles de la ceremonia de Samhain, deben pulirse. Sólo faltan tres días, para que la luna alcance su cenit. Los tres jóvenes aprovechan a fondo esos momentos, para estar  juntos de nuevo. Érin, conoce así, por boca de sus amigos el papel que ambos tendrán en la ceremonia. Quillan, supervisado por Ergivia, deberá acompañarla para controlar desde primera hora de  forma exhaustiva, los efectos de las distintas drogas que ella habrá de ingerir para llevar a buen término su cometido.  Por su parte Brian, al igual que el resto de  bardos que acudirán al ritual, ya está preparando sus finas láminas de bronce y sus punzones. Con ellos, escribirán cuanto Mórrigan tenga a bien hablar o anunciar a través de la joven. Asistirán hablantes de todo tipo de gaélico e incluso de otras lenguas, ya que nunca se sabe en que idioma escogerán  mostrarse los espíritus. La norma al respecto, indica que los vates designados al efecto, deben tomar nota escrita, utilizando el Ogam de signos, de todo cuanto diga la médium, para comparar versiones. Con las que elaborarán más tarde una glosa única y definitiva. Una exégesis,  que todos ellos, estarán obligados a memorizar,  al mismo tiempo que deberán de destruir todo lo escrito. Es la regla, desde hace miles de años. Un cometido, según le explica Quillan, en el  que Brian, a pesar de su juventud, tendrá un papel destacado.

Érin, inquiere a Quillan por el tipo de bebedizos que deberá proporcionarle, pero su amigo no puede permitirse hablar sobre ese tema. Aún así, la tranquiliza diciéndole que todo cuanto ella tomará, sólido o líquido… ha sido probado y contrastado antes, tanto por Tangi como por él mismo. Sólo debe temer a sus nervios, que podrían conducirla a un improbable “mal viaje”, para lo que también están preparados. Ergivia, que ha pasado por ese mismo trance en innumerables ocasiones, interviene entonces en la conversación, para apuntar, que  nada debe temer de los elixires de la sabiduría y la clarividencia, porque las dosis estarán perfectamente ajustadas a su persona.

                                                                … // ...


El día esperado, comienza en medio de una espesa bruma que difumina los contornos más cercanos, dándole un aire de vaga extrañeza al ambiente. Pero pasada la mañana, un gélido viento del Norte limpia el horizonte, helando los restos de niebla, que pasan a convertirse en  cristales en suspensión alrededor del apogeo lunar.  Un sol un tanto mortecino que ya comienza a tamizarse en oblicuo entre los espesos bosques que rodean la planicie del santuario, convierte ese fenómeno atmosférico en un impresionante halo iridiscente. Ante  tal maravilla, de inmediato comienza a circular entre las tribus, el rumor de que el prodigio, se debe a la presencia de la nueva bruja. Lo que complace a Mael de forma especial, porque confirma su buen hacer al escoger a su pupila para el cometido. Todo hace presagiar un nuevo éxito.

Para ese momento, Érin, lleva 24 horas en ascetismo profundo, preparándose para ingerir los diferentes bebedizos e ingredientes que el concienzudo Tangi, ha preparado especialmente  para la ocasión. Cuando por fin Quillan, comienza a administrárselos, pasa por diferentes fases de sopor y estados de semi-lucidez, en los que se plantea de cuantas realidades puede tener conciencia. En algunos instantes, siente la mano de su amigo en su garganta y en su frente, controlando su circulación y su temperatura que va subiendo sin cesar. Son los momentos en que la escopolamina de la mandrágora, va invadiendo su torrente sanguíneo. Lo que provoca que su censura natural vaya desapareciendo poco a poco. La droga también le produce risas, alucinaciones y excita sus sentidos, llevándola al extremo  de coger la mano de Quillan para intentar atraerlo hacia ella, pero el Druida, se la sustrae sin vacilación de ninguna clase. Uno de sus cometidos, es precisamente guardarla de ella misma bajo los efectos de esos narcóticos alucinógenos y supresores de todo tipo de reparos. Sabe además, que a la mínima sospecha de Ergivia, la larga y poderosa mano de Mael caería sobre él. Implacable. Los hiperbóreos, no dudarían ni medio segundo en ejecutarlo a una sola mirada de su amo. Nadie, ni la misma Érin, podría hacer nada por él. Y así pasan lentas y complicadas… esas horas previas a la ceremonia, en la tienda de la  hechicera  Ergivia, que cumple a la perfección, como de costumbre, las órdenes de su  colega. La  sibila, es también la encargada de preparar el atrezzo de la joven, que  ha de resultar a un tiempo, impactante y sencillo. Porque aunque en la rueda del destino, todo esté escrito… nada, debe quedar al albur de un azar no buscado.

Finaliza la corta tarde, cuando  las gentes de la diaspórica Nación Celta, controladas por los diferentes clanes de druidas, van invadiendo  en la forma estipulada por Mael,  los espacios destinados a tal fin.   
La consagración de las cosechas y los sacrificios, están a punto de comenzar, cuando la pequeña Érin, nota como la consecuencia  indeseada de las drogas comienza a ceder, dando paso a los efectos buscados por Tangi, lo que tranquiliza al joven druida de inmediato. Es en ese breve espacio de  tiempo, cuando la joven es capaz de poner en práctica las enseñanzas de su antecesora Ergivia, que la conmina a invocar a Mórrigan. Pronto siente que el tiempo no la concierne y ya no es su prisionera. Su cuerpo espiritual, puede viajar a cualquier época o lugar con total autonomía. Sus pupilas comienzan a contraerse y los contornos a definirse sin dificultad. La sensación es de vuelo en libertad suprema. Total. Sólo queda un cierto regusto amargo de hiedra y muérdago en su boca. Y mucha sed, pero sabe que no debe ingerir ni una gota de líquido hasta terminar el conjuro y la profecía. Es entonces, cuando a petición del hada, Quillan abandona la tienda.

Sin prisa pero sin pausa, Ergivia procede a la preparación del impacto visual  de la hechicera que se va consagrar ese día. Decide dejar sus eléctricos ojos, que destellan bajo los efectos de las drogas a la vista. Lo que consigue  con rapidez, en la filigrana que ejecuta hábilmente en infinidad de finas y apretadas trenzas en la parte anterior de su cabeza. Un poco en efecto “Medusa”, dejando el resto del pelo en cascada .  Ella se deja hacer, mientras sigue concentrada en sus invocaciones. Cuando el tocado finaliza, viste rápida su nívea túnica de oficiante y señala el único torque que desea llevar al cuello. Dos perfectas esmeraldas dan vida a los ojos de la serpiente de la sabiduría, que su familia de sangre le ha  traído para la ocasión, desde las lejanas Tierras Altas. Finalmente, a pesar de la insistencia de Ergivia, el intenso calor que siente, le hace rechazar las sandalias. Así que acudirá a esa cita que marcará un antes y un después en su camino, en total teluridad…*

Cuando abandonan la tienda, escoltadas por dos escogidos  gigantes tuertos, hasta ellas, llegan claros los rumores  de la multitud, mezclados con los cánticos del resto de celebrantes. Y con la piel arrebolada por los efectos del último elixir, totalmente inmersa en su papel, Érin es conducida ante su mentor, que la espera ante la alumínica piedra de los sacrificios.
El Druida, pone un cuidado exquisito al abrir los brazos para recibirla. El objetivo es que la gran capa que se abre al mismo tiempo que sus extremidades, oculte a sus ojos ese altar mancillado con la sangre y las vísceras del último animal sacrificado. La conduce, haciéndola avanzar unos pasos, hasta que esa visión queda  a sus espaldas. Nada debe perturbar la sensibilidad extrema en la que se halla la joven. Hay también una clara intención de colocarla en las cercanías de las jefaturas de los clanes y los guerreros más significativos e importantes. Todos, pero especialmente ellos, deben oír y ver con claridad meridiana lo que suceda. También los bardos toman posiciones y se colocan con sorprendente celeridad, en medio de un mágico  silencio… justo detrás de Érin. Brian, a pesar de su concentración, no puede evitar pensar, que esa bruja, aunque bellísima, nada tiene que ver con la dulce muchacha que él conoce. Pero sin tiempo para  más observaciones, se dispone a cumplir de forma rigurosa con su cometido.

Érin, observa en aparente calma, el dintel del Gran Trilithon* por donde debe esperar al primer rayo de luna, que marcará  el comienzo de su conjuro, y el nuevo año lunar de los  pueblos ahí reunidos. No falta nadie, Córnicos, Scotos,  Maneses, Bretones, Pictos, Galos, Brigantes, Luggones, Galeses o Irlandeses y otros muchos... sean descendientes de  Fintanes, Fomorianos, Milésicos, o Tuathas del pueblo de Nemed, todos esperan inquietos e impacientes la invocación de la hechicera  y sus profecías. Pero la menuda Érin, sigue inmóvil en absoluto silencio. Totalmente mediúmnica e invadida, en su expresión, alumbra una torva sonrisa, que hiela la sangre en las venas de Quillan… También a él, le cuesta reconocer en esa  bruja de perverso semblante a su entrañable amiga. En las primeras filas, aún los más curtidos y fieros guerreros evitan mirarla directamente. Sus ojos,  desprenden destellos de una potestad que no es de este mundo.  Ella siente con evidente agrado su poder  y el temor que despierta en esa muchedumbre. Está disfrutando de la posesión y de su lado más oscuro.

Para cuando ese primer rayo de luna, entra por el dintel esperado y ella levanta los brazos iniciando así el Sidh* con su conjuro, en los círculos, reina un omnímodo silencio. Sólo se escucha el ulular del viento entre los árboles y el crepitar de las hogueras que junto al chisporroteo de los miles de antorchas que iluminan el Santuario, hacen de banda sonora a la voz extrañamente grave de una ex-muda, que retumba alta y clara en esa llanura rodeada de bosques de robles. Al  terminar la invocación, que Mael siempre confecciona breve, para que la masa no pierda el interés, el vórtice  de energía inducido por los druidas entre la bruja y los asistentes totalmente entregados en ese nemeton  ya se ha producido. El velo que separa el mundo de los vivos del de los espíritus ha sido levantado.

 Y  Mórrigan, la arcana y cruel diosa de los fantasmas,  habla entonces a través de la bruja. Nada bueno ha venido a anunciar en sus siempre crípticos augurios, que ella no recordará hasta que no los oiga de boca del bardo.  Érin, da cuenta y razón, de toda suerte de azares y miserias que están a punto de presentarse provenientes del continente. Nuevas invasiones, que pronto constarán el Leabhar Ghabhála*, atraerán la guerra, la hambruna, la enfermedad y la muerte para muchos de los presentes. Sólo un escogido reducto se salvará de esa nueva diáspora, para ser la semilla de un nuevo amanecer de los pueblos. Lo que no deja de coincidir, con los datos de algunos de los clanes, mejor informados. También con los del Mael.

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*cromlech= monumento megalítico formado por  piedras o menhires clavados en el suelo.
*teluridad= aunque el término es de dudosa corrección en castellano estricto, sí se admite en otras variantes de español. Una riqueza idiomática, que me encanta aprovechar.
*Gran Trilithon=  consta de dos piedras de pie, con un travesaño encima de ellas. Los trilitos se clasifican en altura, aumentando la misma, en la medida que se alejan de la entrada al círculo. La más corta es de 6,1 metros de altura y el  más alto, llamado Gran Trilithon por su tamaño y posición singularmente central, es de 7,3 metros de altura. Y por ese dintel, entran en los solsticios o equinoccios, los diferentes rayos de sol o luna, que marcan el cambio de estación
*Sidh= montículos mágicos donde se levanta el velo de los mundos, para comenzar la comunicación con los espíritus ancestrales.
*Leabhar Ghabhála=Antiquísimo, sorprendente e interesantísimo “Libro de las Invasiones” que recoge multitud de leyendas que tienen conexión con todas las culturas, especialmente de la céltica. Desgraciadamente, muy difícil de encontrar.
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lunes, 15 de octubre de 2012

Una razón...

                                         Imagen hallada en Internet de origen incierto
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                                       Para S.V.
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Hace unos días en una red social a la que estoy adscrita desde hace un tiempo y en la que participo de forma un tanto irregular y bastante puntual, llegó hasta mí un breve texto de alguien a quien admiro mucho. Se trata de una pequeña pero significativa parte del discurso de ingreso en la RAE de Ana María Matute, lo que me hizo recordar  el comentario que un lector habitual  de La Mirada de cristal dejó en una de mis entradas, porque amablemente creyó que de alguna forma me concernía. En esta ocasión la autora es Soledad Puértolas y el escrito pertenece asimismo a su discurso de investidura como académica. En mi opinión, cada uno en su estilo, ambos pasajes  guardan  una gran similitud, probablemente porque versan sobre lo mismo.

En ellos, las dos escritoras a las que admiro sinceramente, explican el sentimiento íntimo y último que les inspira la escritura…  y como llegaron a ella. O quizás debería decir, como las “atrapó”. A la distancia justa y oportuna, por supuesto a  años luz de la excelencia de ambas, me identifico total y absolutamente en esas letras. En las de las dos.

Casualidad o causalidad, el recordatorio de Ana María Matute que me transporta hasta el de Soledad Puértolas,  llegan en un momento que afecta a este espacio y por ende, a mí, a partes iguales. Incluso me atrevería a afirmar que también a muchos de los que mantenéis un blog abierto desde hace ya un cierto tiempo… Me refiero, a que estoy casi segura de que casi todos  los que estáis en la misma circunstancia que describo en mi entrada anterior, si examináis vuestro blogroll, encontraréis en él, casi las mismas bitácoras activas que inactivas… Parece como si poco a poco, sin importar las causas, se fuese perdiendo la motivación si no para escribir… sí para seguir publicando. Por no alargarme y en un análisis más que somero, se podría decir que más allá de la vanidad  que comporta el hecho de hacer públicos nuestros escritos y que puede llegar a convertirse en una molesta obligación (de las que todos vamos más que sobrados) el hecho de mantener estas bitácoras, llega a cansar.  No así, el hecho de escribir… que creo una elección a la recíproca. Los que escribimos, mejor o peor, ninguno comenzamos en ello “ayer”. Hay en todos los que lo hacemos, un lejano "click" de inicio. Como un punto de partida. Cada uno posee el suyo... o él nos posee a nosotros... resulta difícil dilucidarlo.
  
En fin, estoy segura de que si leéis ambos fragmentos, entenderéis mucho mejor lo que torpemente intento transmitiros. Y quizás, como yo, alguno de vosotros encuentre en ellos una razón para seguir  haciendo llegar nuestros “para nada”, a través de la red de redes. A pesar  de esta vorágine que nos envuelve y que por momentos  parece que vaya absorbernos.
   

“ Porque escribir, para mí, ha sido una constante voluntad de atravesar el espejo, de entrar en el bosque. Amparándome en el ángulo del cuarto de los castigos, como apoyada en algún silencioso rincón del mundo, me vi por vez primera a mí misma, avanzando fuera de mí, hacia alguna parte a donde deseaba llegar. Hacia una forma de vida diferente, pero certísima, aunque nadie más que yo la viera. En las sombras surgía, de pronto, la luz; recuerdo que ocurrió un día, al partir entre mis dedos un terrón de azúcar y brotar de él, en la oscuridad, una chispita azul. No podría explicar hasta dónde me llevó la chispita azul: sólo sé que todavía puedo entrar en la luz de aquel instante y verla crecer. Es eso lo que me ocurre cuando escribo.(...)

Porque escribir es, qué duda cabe, un modo de la memoria, una forma privilegiada del recuerdo; yo sólo sé escribir historias porque estoy buscando mi propia historia, porque acaso escribir es la búsqueda de una historia remota que yace en lo más profundo de nuestra memoria y a la que pertenecemos inexorablemente.

Escribir es como una memoria anticipada, el fruto de un malestar entreverado de nostalgia, pero no sólo nostalgia de un pasado desconocido, sino también de un futuro, de un mañana que presentimos y en el que querríamos estar, pero que aún no conocemos, una memoria anticipada, más fuerte aún que la nostalgia del ayer, nostalgia de un tiempo deseado donde quisiéramos haber vivido.

La literatura es, en verdad, la manifestación de ese malestar, de esa insatisfacción expresada de tantas maneras como escritores existen; pero también es, sobre todo, la expresión más maravillosa que yo conozco del deseo de una posibilidad mejor.

Para mí, escribir es la búsqueda de esa posibilidad. Una búsqueda, sin duda. Y, a veces, hasta feroz. Algo parecido a una incesante persecución de la presa más huidiza: uno mismo. Esta búsqueda del reducto interior, esta desesperada esperanza de un remoto reencuentro con nuestro «yo» más íntimo, no es sino el intento de ir más allá de la propia vida, de estar en las otras vidas, el patético deseo de llegar a comprender no solamente la palabra «semejante», que ya es una tarea realmente ardua, sino entender la palabra «otro». Es el camino que un escritor recorre, libro tras libro, página tras página, desde lo más íntimo a lo más común y universal. Sólo así lo personal se vuelve lícito.
Ana María Matute.


"De los cuentos que me leyeron en la infancia y que luego leí y fui escogiendo por mi cuenta, me fijaba sobre todo en aquellos personajes que se quedaban un poco atrás, un sapo desorientado, un elefante patoso, una gallina de plumaje deslucido. Más tarde, cuando entraron en mi vida relatos que trataban de gente parecida a mí, de niñas inquietas y soñadoras que no entendían el mundo de los adultos y que preferían refugiarse en sus fantasías, comprendí que en la vida había muchas pistas que parecían asuntos secundarios y que daban pie a historias verdaderamente principales.

Era yo, al escogerlas, al ir descubriéndolas e inventándolas, quien las convertía en principales. Finalmente, eso es lo que hago cuando escribo ficciones, convertir en protagonistas a personajes que, antes de ser escogidos, podían pertenecer al universo de lo secundario.
Soledad Puértolas

jueves, 27 de septiembre de 2012

De lo vano...

                                                              Imagen de La mirada de cristal
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“La probabilidad mide un estado subjetivo de conocimiento insuficiente”
                                                        Karl Popper.
                                               
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Apagar la tv. Salir de las redes sociales, olvidar la prensa que parece imprescindible estos días…  las bitácoras políticas, que  arden de santa indignación, sin importar el sentido o el matiz que las distinga.  Hoy, ahora, aquí… suena el Beethoven  más dulce, pero aunque lo intento, no consigo concentrarme como debiera en la lectura del Post Scriptum de Popper.  Sólo una frase de ese tomo, la que encabeza este escrito, baila en mi mente. Pero aún desconozco porqué. Tampoco lo consigo en los blogs afines… ni en nada...

Esta tarde he abierto un mail, en el que un amable seguidor al que apenas conozco, entre otros asuntos,  me inquiere por mi tardanza en renovar mis entradas del blog en estos últimos tiempos… Y he pensado que quizás esta noche, encontraría el momento de hacerlo. Pero es otro de esos días, en que ante la pantalla en blanco, me planteo el sentido de mantener un espacio como este, concebido sólo como entertaiment o para solaz propio.

Me pregunto sinceramente ¿a quién va interesarle como llueve en mi jardín, mis cambios de humor…  o la discutible descripción de una profana, sobre la última partícula descubierta? por mejor intención que lleve.  Cuando tengo no sólo la sensación, sino la certeza, de que el mundo que conozco y por el que tanto hemos luchado, se está cayendo a pedazos delante de nuestras narices. Siento que lo social, ha  comenzado a primar sobre lo privado. Y pesa mucho más. Como si de alguna forma, en este momento, lo que yo pueda escribir, tuviese aún mucho menos interés del que ya tiene de per se.  Cualquier tema que aborde, me resulta frívolo, banal… sin valor. Es todo tan convulso, tan extraño… ¿no os pasa alguna vez que os sentís ajenos a todo lo que hacéis? Y aunque mis vísceras, puedan hacerme  participar en debates “sociales” en algún espacio afín o escribir puntualmente sobre ello, para nada es mi deseo que esos temas formen parte habitual de esta bitácora. Ergo, está jodido lo de renovar.

Un blog, puede ser muchas cosas… desde una necesidad perentoria de escribir o una muestra de manifestación artística a una búsqueda  de salirnos de nuestras rutinas cotidianas… hasta una descarga emocional inconsciente… Incluso todo eso a la vez. Pero en la razón última de todos ellos, está la intención de expresarse, de llegar al “otro”. Y cuando por el motivo que sea, falla ese ánimo o se cree que ese postrer fin, es inalcanzable…  las publicaciones se espacian sine die.

Estoy segura de que, muchos, me estáis entendiendo. Y espero que a mi amable lector, estas líneas, le valgan como sencilla explicación del porqué esas ausencias algo más prolongadas.

Un abrazo a todos.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Un tiempo extraño...

                                         
                                                       Imagen de La mirada de cristal
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Todo siempre es igual.
Cuando otra vez como ahora llamamos en el lejano muro..
Todo siempre es igual.
Aquí están tus dominios, pálido adolescente:
la húmeda llanura para tus pies furtivos,
la aspereza del cardo, la recordada escarcha del amanecer,
las antiguas leyendas,
la tierra en que nacimos con idéntica niebla sobre el llanto.

Olga Orozco.

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30 de Agosto. Cielo en plata y lluvia mansa desde primera hora. La temperatura ha bajado a cotas soportables. Una brisa agradecida rumorea entre las hojas del frondoso tilo y hace aún más patente el silencio que se respira en este rincón. Por una vez, parece como si la meteorología  quisiese dar un respiro a este Mediterráneo de aguacero, tempestad y tentetieso a los que nos tiene acostumbrados en los finales de estío de estas latitudes.  Abro la puerta que da al jardín para escuchar a placer el murmullo que borda el agua en esa naturaleza próxima y domestica. Alivia. Las hiedras y el magnolio, brillan cercanos e impertérritos bajo esa inesperada llovizna y junto al verde profundo del seto, las primeras hojas de la umbrosa morera, caen sobre el césped como aldabonazos de otoño...

Los gatos entran a refugio. Huele a tierra mojada y en el ánimo se filtra esa sensación indefinida del desenlace…  también de escape, de liberación. Respiro hondo, mientras pienso que cada cosa tiene su momento y que un final es a la vez un inicio. Si algo no perdona, lo enfoques por donde lo enfoques, es el tiempo. A pesar de nuestros pautados y falsos calendarios vitales o temporales, hasta en su sentido atmosférico, él, siempre está ahí para de alguna forma recordarnos, que la vida y todo… sigue pasando al albur de los días y los hechos. Irrefutable. Sumando años, sucesos y tormentas varias, en el más amplio sentido del término.

Amores, gentes, proyectos, deseos… quimeras que van y vienen en nuestro tiempo concedido, dejando  su impronta imborrable, pero que terminan por desaparecer en estaciones y etapas que nos devoran y viceversa. Disolviéndonos en recuerdo. En pasado.

Cuestan los cambios, aún los esperados. No importa si por sabidos o buscados, el caso es que  nos provocan ese sentimiento de inquietud, que suelen dejar el abandono o la renuncia, la pérdida... o hasta una racha de mala suerte que luego resulta no ser tal. Un tiempo extraño pero necesario, que nos incita a seguir sin volver la vista atrás. Asimilando el final de sueños que se desvanecen en la estela de otros nuevos.

Sabor de vida en estado puro.
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