lunes, 15 de octubre de 2012

Una razón...

                                         Imagen hallada en Internet de origen incierto
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                                       Para S.V.
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Hace unos días en una red social a la que estoy adscrita desde hace un tiempo y en la que participo de forma un tanto irregular y bastante puntual, llegó hasta mí un breve texto de alguien a quien admiro mucho. Se trata de una pequeña pero significativa parte del discurso de ingreso en la RAE de Ana María Matute, lo que me hizo recordar  el comentario que un lector habitual  de La Mirada de cristal dejó en una de mis entradas, porque amablemente creyó que de alguna forma me concernía. En esta ocasión la autora es Soledad Puértolas y el escrito pertenece asimismo a su discurso de investidura como académica. En mi opinión, cada uno en su estilo, ambos pasajes  guardan  una gran similitud, probablemente porque versan sobre lo mismo.

En ellos, las dos escritoras a las que admiro sinceramente, explican el sentimiento íntimo y último que les inspira la escritura…  y como llegaron a ella. O quizás debería decir, como las “atrapó”. A la distancia justa y oportuna, por supuesto a  años luz de la excelencia de ambas, me identifico total y absolutamente en esas letras. En las de las dos.

Casualidad o causalidad, el recordatorio de Ana María Matute que me transporta hasta el de Soledad Puértolas,  llegan en un momento que afecta a este espacio y por ende, a mí, a partes iguales. Incluso me atrevería a afirmar que también a muchos de los que mantenéis un blog abierto desde hace ya un cierto tiempo… Me refiero, a que estoy casi segura de que casi todos  los que estáis en la misma circunstancia que describo en mi entrada anterior, si examináis vuestro blogroll, encontraréis en él, casi las mismas bitácoras activas que inactivas… Parece como si poco a poco, sin importar las causas, se fuese perdiendo la motivación si no para escribir… sí para seguir publicando. Por no alargarme y en un análisis más que somero, se podría decir que más allá de la vanidad  que comporta el hecho de hacer públicos nuestros escritos y que puede llegar a convertirse en una molesta obligación (de las que todos vamos más que sobrados) el hecho de mantener estas bitácoras, llega a cansar.  No así, el hecho de escribir… que creo una elección a la recíproca. Los que escribimos, mejor o peor, ninguno comenzamos en ello “ayer”. Hay en todos los que lo hacemos, un lejano "click" de inicio. Como un punto de partida. Cada uno posee el suyo... o él nos posee a nosotros... resulta difícil dilucidarlo.
  
En fin, estoy segura de que si leéis ambos fragmentos, entenderéis mucho mejor lo que torpemente intento transmitiros. Y quizás, como yo, alguno de vosotros encuentre en ellos una razón para seguir  haciendo llegar nuestros “para nada”, a través de la red de redes. A pesar  de esta vorágine que nos envuelve y que por momentos  parece que vaya absorbernos.
   

“ Porque escribir, para mí, ha sido una constante voluntad de atravesar el espejo, de entrar en el bosque. Amparándome en el ángulo del cuarto de los castigos, como apoyada en algún silencioso rincón del mundo, me vi por vez primera a mí misma, avanzando fuera de mí, hacia alguna parte a donde deseaba llegar. Hacia una forma de vida diferente, pero certísima, aunque nadie más que yo la viera. En las sombras surgía, de pronto, la luz; recuerdo que ocurrió un día, al partir entre mis dedos un terrón de azúcar y brotar de él, en la oscuridad, una chispita azul. No podría explicar hasta dónde me llevó la chispita azul: sólo sé que todavía puedo entrar en la luz de aquel instante y verla crecer. Es eso lo que me ocurre cuando escribo.(...)

Porque escribir es, qué duda cabe, un modo de la memoria, una forma privilegiada del recuerdo; yo sólo sé escribir historias porque estoy buscando mi propia historia, porque acaso escribir es la búsqueda de una historia remota que yace en lo más profundo de nuestra memoria y a la que pertenecemos inexorablemente.

Escribir es como una memoria anticipada, el fruto de un malestar entreverado de nostalgia, pero no sólo nostalgia de un pasado desconocido, sino también de un futuro, de un mañana que presentimos y en el que querríamos estar, pero que aún no conocemos, una memoria anticipada, más fuerte aún que la nostalgia del ayer, nostalgia de un tiempo deseado donde quisiéramos haber vivido.

La literatura es, en verdad, la manifestación de ese malestar, de esa insatisfacción expresada de tantas maneras como escritores existen; pero también es, sobre todo, la expresión más maravillosa que yo conozco del deseo de una posibilidad mejor.

Para mí, escribir es la búsqueda de esa posibilidad. Una búsqueda, sin duda. Y, a veces, hasta feroz. Algo parecido a una incesante persecución de la presa más huidiza: uno mismo. Esta búsqueda del reducto interior, esta desesperada esperanza de un remoto reencuentro con nuestro «yo» más íntimo, no es sino el intento de ir más allá de la propia vida, de estar en las otras vidas, el patético deseo de llegar a comprender no solamente la palabra «semejante», que ya es una tarea realmente ardua, sino entender la palabra «otro». Es el camino que un escritor recorre, libro tras libro, página tras página, desde lo más íntimo a lo más común y universal. Sólo así lo personal se vuelve lícito.
Ana María Matute.


"De los cuentos que me leyeron en la infancia y que luego leí y fui escogiendo por mi cuenta, me fijaba sobre todo en aquellos personajes que se quedaban un poco atrás, un sapo desorientado, un elefante patoso, una gallina de plumaje deslucido. Más tarde, cuando entraron en mi vida relatos que trataban de gente parecida a mí, de niñas inquietas y soñadoras que no entendían el mundo de los adultos y que preferían refugiarse en sus fantasías, comprendí que en la vida había muchas pistas que parecían asuntos secundarios y que daban pie a historias verdaderamente principales.

Era yo, al escogerlas, al ir descubriéndolas e inventándolas, quien las convertía en principales. Finalmente, eso es lo que hago cuando escribo ficciones, convertir en protagonistas a personajes que, antes de ser escogidos, podían pertenecer al universo de lo secundario.
Soledad Puértolas

jueves, 27 de septiembre de 2012

De lo vano...

                                                              Imagen de La mirada de cristal
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“La probabilidad mide un estado subjetivo de conocimiento insuficiente”
                                                        Karl Popper.
                                               
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Apagar la tv. Salir de las redes sociales, olvidar la prensa que parece imprescindible estos días…  las bitácoras políticas, que  arden de santa indignación, sin importar el sentido o el matiz que las distinga.  Hoy, ahora, aquí… suena el Beethoven  más dulce, pero aunque lo intento, no consigo concentrarme como debiera en la lectura del Post Scriptum de Popper.  Sólo una frase de ese tomo, la que encabeza este escrito, baila en mi mente. Pero aún desconozco porqué. Tampoco lo consigo en los blogs afines… ni en nada...

Esta tarde he abierto un mail, en el que un amable seguidor al que apenas conozco, entre otros asuntos,  me inquiere por mi tardanza en renovar mis entradas del blog en estos últimos tiempos… Y he pensado que quizás esta noche, encontraría el momento de hacerlo. Pero es otro de esos días, en que ante la pantalla en blanco, me planteo el sentido de mantener un espacio como este, concebido sólo como entertaiment o para solaz propio.

Me pregunto sinceramente ¿a quién va interesarle como llueve en mi jardín, mis cambios de humor…  o la discutible descripción de una profana, sobre la última partícula descubierta? por mejor intención que lleve.  Cuando tengo no sólo la sensación, sino la certeza, de que el mundo que conozco y por el que tanto hemos luchado, se está cayendo a pedazos delante de nuestras narices. Siento que lo social, ha  comenzado a primar sobre lo privado. Y pesa mucho más. Como si de alguna forma, en este momento, lo que yo pueda escribir, tuviese aún mucho menos interés del que ya tiene de per se.  Cualquier tema que aborde, me resulta frívolo, banal… sin valor. Es todo tan convulso, tan extraño… ¿no os pasa alguna vez que os sentís ajenos a todo lo que hacéis? Y aunque mis vísceras, puedan hacerme  participar en debates “sociales” en algún espacio afín o escribir puntualmente sobre ello, para nada es mi deseo que esos temas formen parte habitual de esta bitácora. Ergo, está jodido lo de renovar.

Un blog, puede ser muchas cosas… desde una necesidad perentoria de escribir o una muestra de manifestación artística a una búsqueda  de salirnos de nuestras rutinas cotidianas… hasta una descarga emocional inconsciente… Incluso todo eso a la vez. Pero en la razón última de todos ellos, está la intención de expresarse, de llegar al “otro”. Y cuando por el motivo que sea, falla ese ánimo o se cree que ese postrer fin, es inalcanzable…  las publicaciones se espacian sine die.

Estoy segura de que, muchos, me estáis entendiendo. Y espero que a mi amable lector, estas líneas, le valgan como sencilla explicación del porqué esas ausencias algo más prolongadas.

Un abrazo a todos.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Un tiempo extraño...

                                         
                                                       Imagen de La mirada de cristal
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Todo siempre es igual.
Cuando otra vez como ahora llamamos en el lejano muro..
Todo siempre es igual.
Aquí están tus dominios, pálido adolescente:
la húmeda llanura para tus pies furtivos,
la aspereza del cardo, la recordada escarcha del amanecer,
las antiguas leyendas,
la tierra en que nacimos con idéntica niebla sobre el llanto.

Olga Orozco.

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30 de Agosto. Cielo en plata y lluvia mansa desde primera hora. La temperatura ha bajado a cotas soportables. Una brisa agradecida rumorea entre las hojas del frondoso tilo y hace aún más patente el silencio que se respira en este rincón. Por una vez, parece como si la meteorología  quisiese dar un respiro a este Mediterráneo de aguacero, tempestad y tentetieso a los que nos tiene acostumbrados en los finales de estío de estas latitudes.  Abro la puerta que da al jardín para escuchar a placer el murmullo que borda el agua en esa naturaleza próxima y domestica. Alivia. Las hiedras y el magnolio, brillan cercanos e impertérritos bajo esa inesperada llovizna y junto al verde profundo del seto, las primeras hojas de la umbrosa morera, caen sobre el césped como aldabonazos de otoño...

Los gatos entran a refugio. Huele a tierra mojada y en el ánimo se filtra esa sensación indefinida del desenlace…  también de escape, de liberación. Respiro hondo, mientras pienso que cada cosa tiene su momento y que un final es a la vez un inicio. Si algo no perdona, lo enfoques por donde lo enfoques, es el tiempo. A pesar de nuestros pautados y falsos calendarios vitales o temporales, hasta en su sentido atmosférico, él, siempre está ahí para de alguna forma recordarnos, que la vida y todo… sigue pasando al albur de los días y los hechos. Irrefutable. Sumando años, sucesos y tormentas varias, en el más amplio sentido del término.

Amores, gentes, proyectos, deseos… quimeras que van y vienen en nuestro tiempo concedido, dejando  su impronta imborrable, pero que terminan por desaparecer en estaciones y etapas que nos devoran y viceversa. Disolviéndonos en recuerdo. En pasado.

Cuestan los cambios, aún los esperados. No importa si por sabidos o buscados, el caso es que  nos provocan ese sentimiento de inquietud, que suelen dejar el abandono o la renuncia, la pérdida... o hasta una racha de mala suerte que luego resulta no ser tal. Un tiempo extraño pero necesario, que nos incita a seguir sin volver la vista atrás. Asimilando el final de sueños que se desvanecen en la estela de otros nuevos.

Sabor de vida en estado puro.
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viernes, 3 de agosto de 2012

El regreso

                                                               Imagen de Dora Kelvin
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Antes de que el tiempo se acuñara en días
El mar, siempre el mar, ya estaba y era...

J.L.Borges


Los  pies hundidos en la arena húmeda de esa playa silenciosa, agradecen el roce de un sol tímido y temprano. Con el ánimo aún al ralentí, la bajamar susurra en su mente la memoria de un tiempo asombroso. Un  pretérito remoto, que se hace presente de manera extrañamente  límpida. Diáfana.

Ahí está, comenzando el viaje. Una niña de ojos despiertos con la mirada clavada en el horizonte de otra mañana deslumbrante. Ya conoce el mar y ha surcado el Océano…  pero ese, es el  día de las presentaciones.

El azul de un barco pintado en su cubo amarillo y una pala de mango de madera, se deslizan de sus pequeñas manos a  las suaves rompientes de la marea baja…

Necesita toda su atención para asimilar la belleza y el significado de la inmensidad…
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jueves, 26 de julio de 2012

Caminos...

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A orillas del amor, del mar, de la mañana,
en la arena caliente, temblante de blancura,
cada uno es un fruto madurando su muerte.



Idea Vilariño
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De nuevo, este blog, con sus 146 entradas ( si cuento esta)  y sus  más que menos altibajos…  está a punto de entrar en su quinto año. Muchas cosas e historias han sucedido desde entonces. Asumo las buenas con placer e intentaré acatar las malas o no tan buenas... con mi escasísima capacidad de sumisión a un destino siempre incierto y que nos sobrepasa la mayor parte de las veces.

Pero si pienso en hacer un breve balance, lo primero que me viene a la mente es: increíble, pero cierto. 

Diré además, que sigue cumpliendo la función para la que en principio fue creado. “Entretenerme que no es poco”. Pero lo que comenzó como un sencillo divertimento de esta  insomne ocasional, tiempo ha, que se transformó en un camino. Y en esta peripecia, no sólo su autora es protagonista, también  vosotros lectores y comentaristas, le  habéis dado y le dais…  alas y vida a esta aventura, que como poco, calificaré de alucinante.

Muchas gracias a todos y cada uno de vosotros, por compartirla conmigo.


Atisbos de vida al albor de la madrugada.

Ayer
Hoy
Ya…

Espirales de pasado en un punto lejano.

Zenit
Vida
Escritura

Restos de nada en un tiempo imperfecto…

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jueves, 12 de julio de 2012

En soledad...

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“En vano recorremos la distancia que queda entre las últimas sospechas de estar solos”
-José Manuel Caballero Bonald-


Dicen que la soledad, aún la buscada, es como una fría llovizna que termina por calarte hasta los huesos. Aún así, se hace a veces imprescindible para bucear en nuestro interior. Como un ayuno del alma que nos aleja de distracciones y nos permite concentrarnos con la distancia necesaria en el pensamiento siempre clarificador,  y detenernos con la calma precisa en el análisis del sentimiento obnubilador…  porque nunca será lo mismo pensar que sentir, aunque algunos lo perciban de ese modo en una especie de ceremonia de la confusión. Y es que ambos conceptos, pensar o sentir, se contaminan de forma evidente e importante el uno del otro.

Pero...

Pensar,  por lo  general,  sobre todo cuando se trata de decidir algo personal, es la mayor parte de las veces un intento de buscar un equilibrio esquivo e huidizo de per se.  Quizás  el intento más válido de crear nuestra propia realidad desde la objetividad  de un racionalismo que acostumbra a sernos ajeno por contaminación del sentimiento que nos invade,  a veces  incluso a pesar nuestro.

No quiero pasar por alto en este pobre intento de análisis, al que se podrían aportar un montón de matices más, una cuestión que me parece concluyente en este asunto. Y es que dependiendo de la naturaleza propia de cada uno, siempre habrá a quien le pese mucho más a la hora de elegir, pensar que sentir o viceversa. Con la precaución y distancia debidas, que nadie está libre de contradicciones, servidora se sitúa entre los primeros. Tampoco obviaré, algo en lo que muchos de vosotros estaréis asimismo de acuerdo… y es que,  los que somos de tendencia pensativa, podemos abstraernos para reflexionar aún en medio de una multitud.

No obstante, a pesar de esa fama que tiene el “hombre” de animal social, finalizaré diciendo que sin importar la tesitura en que nos hallemos, en el fondo, la soledad es algo inherente al ser humano. Y en algunos, entre los que también me cuento,  además de inherente, aparte “coqueteos”* característico.
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*coqueteos =  dicho en un sentido de “ocasionalmente”. Todos sabemos de algún ejemplar  que bajo una apariencia extravertida, esconde una reserva feroz.

sábado, 9 de junio de 2012

Un poco más allá de la realidad...

                                                                   Roger Penrose
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Vivimos una única realidad con tres dimensiones, matemática, física y psíquica, unificadas en el hombre
Roger Penrose en:  El camino hacia la realidad.
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Dicen las enciclopedias, a grosso modo, que la “realidad” es  un cúmulo de fenómenos y estímulos que aprehendemos a través de los sentidos. Las mismas enciclopedias dicen también, que ese conjunto aprehendido, de estímulos y fenómenos asimilados, con más o menos acierto, que sigue  y seguirá avanzando en nuestra “mente”, conforman lo que conocemos por “conciencia” de realidad.

Sentidos
Mente
Observación
Conciencia
Realidad

Y aunque casi cada autor, sea este físico o filósofo, ha desarrollado su teoría particular sobre estos conceptos, todos coinciden en algo: en buscar unas premisas biofísicas que contengan esa univocidad conveniente a la definición del término “realidad”. Pero pasar por el tamiz del laboratorio lo que nos llega a través del subjetivismo aleatorio de los “sentidos” -de sentir- demanda como mínimo una gran audacia interpretativa. Porque como diría el brillante autor de la cita que encabeza este escrito, de formación Físico, Matemático, Filósofo y experto en Teoría de la Relatividad:

“Deberíamos preguntarnos por la capacidad humana para ser consciente de un mundo cognoscible"

Aunque él, a pesar de lo manifestado, haya especulado y establecido unas bases biofísicas cuánticas del tema, asociando la idea de conciencia con el modelo de gravedad cuántica. (http://www.google.es/search?aq=f&sugexp=chrome,mod=6&sourceid=chrome&ie=UTF-8&q=gravedad+cu%C3%A1ntica)
 Una forma de acercarse al  tema que podría rozar una espiritualidad no tan alejada de algunas formas de “teísmo”. No obstante, los moralistas, enfocan esta cuestión desde un creacionismo, legítimo, pero en mi opinión y en la de otros muchos, ampliamente superado por la Ciencia.

Aún así,  por el momento, cualquier teoría al respecto, incluyendo a la Teoría Cuántica, no deja de ser la interpretación de las percepciones de un “observador”, sobre las que construimos nuestras evidencias, con sus variables, que de alguna manera es lo que nos permitirá seguir avanzando en el orden de esa obra, de algo tan alejado de la mente humana, al menos por el momento… como es el concepto de “realidad”.

Y esta breve y espero que comprensible explicación, de algo tan complejo como la aprehensión de una materialidad que evidentemente se nos escapa a borbotones, no quiere ser más que la introducción a una entrevista que leí hace unos días en ese apartado de LA VANGUARDIA, conocido como “La Contra” del que en alguna otra ocasión ya me hecho eco por el interés de los asuntos que aborda y que hoy concierne al concepto de “conciencia” de forma más que sorprendente.

Realizada por uno de sus habituales, Lluis Amiguet, al cardiólogo y científico Pim van Lommel, que estudia desde hace años las ECM o Experiencias Cercanas a la Muerte y a quien la prestigiosa revista médica británica, The Lancet  ha publicado sus estudios por su seriedad  y el interés que merecen.  Toda una autoridad al respecto.

Y sin más, os dejo con él y sus extraordinarias afirmaciones.

(nota del entrevistador Lluís Amiguet)
"La Ciencia ignora o niega, cuanto no puede explicar, pero eso no quiere decir que no exista. La vida del doctor Van Lommel es una apuesta por la verdad, por más inexplicable que parezca, más allá del trillado camino de la ortodoxia. Han pasado diez años desde que hablamos, pero al estrechar su mano en el aeropuerto de Amsterdam (viene de conferenciar en Atlanta) me sonríe como a un viejo amigo y experimento una íntima sensación de paz y seguridad. El doctor Van Lommel se ha asomado al otro lado sin dejarse  en este el sentido común y lo que ha visto es bueno. Aunque para dominarnos, nos hayan infundido el miedo a verlo. Aceptarlo es aceptarnos y sentirse mejor."
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“Cuando mueres, sólo cambias de conciencia"

“Madurar es liberar la conciencia de la edad: he tratado a jóvenes con experiencias después de la muerte más maduros que yo. Mi padre era neurólogo y yo quise ser físico: ahora estudio física cuántica para entender qué sucede tras la muerte. La fe es otro camino a la verdad. (van Pimmel)

Cuando enseñaba Cardiología en el hospital de Arnheim -800 camas- ya investigaba cómo algunos pacientes, tras infarto y muerte clínica, volvían a vivir.

...
Hasta que en 1986 leí el testimonio de un estudiante de Medicina, George Ritchie, que resucitó tras nueve minutos de muerte clínica. Me impresionó tanto que empecé a estudiar en profundidad esos casos.

¿Tantos había?
En 1988 ya tenía doce episodios incuestionables y creé una red de investigación con otros diez hospitales holandeses. Iniciamos un estudio clínico prospectivo de 344 pacientes, que publicó The Lancet (2001).

Causó un impacto mundial.
Tanto que ya le avancé entonces, cuando usted me entrevistó, que, tras 31 años de cardiología, me iba a dedicar en exclusiva a las experiencias cercanas a la muerte (EDM).

¿Qué hemos aprendido desde el 2001?
Tenemos más preguntas, además de la clásica: ¿si la conciencia es un mero producto del cerebro, cómo puede sobrevivir y explicar la experiencia de la muerte?

¿Qué dice la ortodoxia médica?
Que se trata de meras alucinaciones causadas por la anoxia (carencia de oxígeno).

¿Y qué le dice su investigación?
Si la causa fuera la anoxia, todos los que vuelven a la vida tras la muerte tendrían EDM, porque todos la sufren, pero, en cambio, sólo el 18% tiene esas experiencias.

¿Qué explican sobre ellas?
Coinciden en hablar de recuerdos, cognición y emociones y mantienen la identidad, un punto crucial, porque el ego es el enlace entre la conciencia y el cuerpo.

¿Luces, voces, su vida en un instante...?
Las han experimentado miles de personas, pero no todos las explican por temor a ser tachados de lunáticos o porque creen que las causan la medicación o la enfermedad.

¿Todos experimentan lo mismo?
No todos experimentan todo, pero todos citan algunas experiencias recurrentes que coinciden en un cruce espacio-temporal.

¿A qué se refiere?
Es la revisión de la vida pasada, pero también la futura y presente: algunos, al volver, anticipan sucesos y reinterpretan los ya pasados, así que suelen cambiar de pareja, de trabajo, de existencia, porque han contemplado su vida en conjunto durante su EDM.

¿Cómo son esas visiones?
Inefables, a menudo el lenguaje carece de términos para explicarlas. Una EDM de tres minutos puede requerir semanas de testimonio en el que no se repite un solo episodio. El tiempo, como le decía, transcurre de un modo único en síntesis con el espacio y una constelación de familiares y afectos.

Por ejemplo.
Un paciente refiere cómo en su EDM había visto a un señor desconocido sonriéndole. Diez años después, su madre agonizante le reveló que él era hijo de una relación extramarital y le mostró una fotografía de su padre biológico, asesinado en un campo de concentración: era aquel señor sonriente.

¿Cómo sabe que esos pacientes clínicamente muertos siguen conscientes?
Lo prueban cientos de casos. En Conciencia más allá de la vida explico el de un hombre de 43 años que nos llegó cianótico, frío, sin tensión y con las pupilas dilatadas. La enfermera le extrajo la dentadura postiza y la depositó en un cajón. Resucitó inexplicablemente tras un largo coma y preguntó por sus dientes.

Si estas vivo, resultan muy útiles.
Reconoció, al verla, a la enfermera y le pidió que se los devolviera. Ella nos llamó alarmada y entonces el paciente nos relató en detalle lo que habíamos dicho y hecho cuando llegó muerto a urgencias del hospital.

¿Y usted qué cree?
Nuestra conciencia no es más que un retransmisor para esta dimensión de nuestro ser en varias. Es como una radio que, mientras vivimos aquí, sintoniza con este universo. Nuestra muerte sólo es un cambio de conciencia, una transición. Sólo morimos en una dimensión para pasar a otras.

¿Es una convicción religiosa?
Es física cuántica. Yo no soy creyente. Muchas religiones se han acercado a esa realidad con técnicas de paso entre esas dimensiones, como la meditación o el misticismo.

¿Cómo lo sabe?
Porque estudio casos -me consultan decenas cada día- y las experiencias son recurrentes y concurrentes: confluyen tiempo -pasado, presente y futuro: tienen visiones- y espacio en sensación de unidad.

...
Y esos testimonios de cada día coinciden con los relatos de la mística y las visiones de profetas, gurús y santos desde hace siglos.

¿Todo está conectado?
Ven la luz (los niños me cuentan que un ángel; los ateos hablan de "una energía" y los creyentes, de Dios). Todos se refieren a lo mismo y que en ello se sienten integrados.

¿Por qué la ciencia lo ignora?
Hasta ahora, la mecánica cuántica demuestra que la luz consta de partículas que al mismo tiempo son ondas -creo que nuestra conciencia las retransmite- dependiendo del estado del observador.

La experiencia de lo objetivo, al fin, depende de tu estado subjetivo.
Así que, desde los gurús milenarios hasta los físicos cuánticos, cuando asumes tu transición sin miedo experimentas un anticipo de esa sensación de plenitud.


Como mínimo, apasionante tema ¿verdad?
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