miércoles, 19 de octubre de 2011

In Memoriam...

                                         
                                           Por una vez, la foto pertenece a este blog.
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                                                                   Al millor amic.
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Trobarem a faltar el teu somriure,
diu que ens deixes, te'n vas lluny d'aquí.
Però el record de la vall on vas viure
no l'esborra la pols del camí.

El teu front duu la llum de l'albada,
ja no el solquen dolors ni treballs,
i el vestit amarat de rosada,
és vermell com el riu de la vall.

Quan arribis a dalt de la carena,
mira el riu i  la vall que has deixat,
i aquest cor que ara guarda la pena
tan amarga del teu comiat.

...............


Echaremos de menos tu sonrisa,
dice que nos dejas, te vas lejos de aquí.
Pero el recuerdo del valle donde viviste
no lo borra el polvo del camino.

Tu frente lleva la luz del amanecer,
ya no lo surcan dolores ni trabajos,
y el traje empapado de rocío,
es rojo como el río del valle.

Cuando alcances la cima,
mira el río y el valle que has abandonado
y este corazón que ahora guarda la pena
tan amarga de tu despedida.

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(Canción popular)
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Donde quiera que estés, quizás recuerdes este día.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Un día más...

                                            http://www.flickr.com/photos/clembuterol/2216682563/
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Al regresar de una noche en vela de alguien muy querido, en la parte alta de ese rincón del Mediterráneo, todo parece detenido. Sólo las gaviotas y los vencejos dibujando piruetas en un cielo tristón que amenaza lluvia, parecen haber madrugado más que ella.

El carillón de los cuartos en el campanario interrumpe sus pasos silenciosos para reanudarlos de nuevo hacia el agradable mirador de una Iglesia un tanto pintoresca.

Rompe el día.

Otro más, que la encuentra en la única compañía de sus pensamientos y  su viejo amigo “Insomnio Recalcitrante”. Probablemente, su vida hubiese sido distinta sin él. Hay hábitos, lugares, gentes… que dejan huella en nuestra existencia de una forma singular. Incluso a pesar nuestro. Y de nuevo, después de más de 20 años, echa en falta ese cigarrillo… Siempre va a ser una ex adicta ¡maldita sea!

Consuela su tristeza y su síndrome de abstinencia, como tantas otras veces, en la belleza del paisaje y la meteorología. Su retina se inunda de un otoño recién estrenado entre las brumas de un día especialmente gris, que destapan perezosas la línea ligeramente borrosa del frente marítimo de una metrópolis que se adivina dormida aún en la distancia… Aparentemente dormida… ¿cuántos más habrá en ese momento contemplando pasar la vida… amando, terminando… empezando… desesperando…?

Una moto adolescente y un rayo de sol inesperado que abre las nubes para destellar en el mar interrumpen su ensimismamiento al cegarla por unos  instantes… Piensa que debería irse a dormir…  pero la mañana ya ha invadido esa parte del mundo con sus rutinas.

Un día más. La vida sigue...
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domingo, 11 de septiembre de 2011

Sin razón aparente.

                                                 Hora dorada de Alan Ranger.
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Los que hace ya lo nuestro que peinamos canas, pensamos muchas veces que ya lo hemos visto todo, que pocas cosas van a sorprendernos… ni para bien ni para mal…  sin embargo la vida nos  enfrenta a acontecimientos que  nos resultan incontrolables y que se encargan de demostrarnos día a día, que nuestra capacidad de asombro siempre guarda un bolsillo vacío en donde alojarse.

Creemos  estar preparados para  lo que nos inquieta, para lo que tememos, pero llegado el momento de encarar según que sucesos, por más que hayamos intentado recrear, no importa como, nuestra reacción ante esas diferentes situaciones, que obviando  motivos o  grados… pueden incluir cambios drásticos en nuestra historia personal, a lo que acostumbra a sumarse con frecuencia  una ausencia  traumática para nosotros…  es nuestra naturaleza más íntima, esa parte inconsciente de nuestro “yo” más auténtico,  la que dicta nuestro comportamiento,  de tal forma, que a veces no somos capaces de reconocernos en él. Como si un alma ajena a la nuestra nos hubiese invadido,  a tal punto, que nuestra propia conducta es fuente de desconcierto y confusión para nosotros mismos.

Admitir  ese desorden íntimo, es establecer una diferencia clara entre aquello que pensamos y aquello que creemos conocer como nuestros límites últimos, más allá de cualquier lógica o filosofía. Y es que no podemos conocer todo aquello que pensamos, por motivos obvios… pero mucho menos, sin asumir antes las fronteras de nuestro sentimiento más profundo.

Quizás por lo que otras mentes mucho más privilegiadas que la mía, como la de Kant o Hume… analizaron y supieron expresar, infinitamente mejor y antes que yo: El conocimiento se limita a los “fenómenos”. Cuando nos faltan referentes empíricos estamos condenados a pensar cosas sin poder conocerlas.

Toda una epistemología,  a la que parece ser que sólo nos acercamos cuando “truena”.
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viernes, 26 de agosto de 2011

De lluvias y silencios...

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                                      Imagen extraída de Internet de origen incierto
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Finalizado el CD, un silencio extremo la distrae de la lectura y la aproxima a la ventana a indagar.

Oscurece.

Mientras se despereza delante de los cristales, el horizonte plomizo de un cielo encapotado en gris pero sorprendentemente nítido... parece observarla... La luz singular  que ilumina esa hora nona y un extraño mar calmo, impregnan la atmósfera de una inquietante sensación. Nada se oye, sólo el crepitar del fuego. Nada se mueve, sólo sus ojos, intentando abarcar desde el ventanal ese inesperado escenario, como si de un momento a otro se tuviese que representar, sólo para ella, el desenlace de una súbita tragedia.

Las primeras gotas caen mansas, sin prisa. Cierra la ventana al mismo tiempo que el primer relámpago refulge en el mar, cegándola por unos segundos. El chasquido seco de los plomos, amortiguado por el rugido del primer trueno, extingue la luz de la lamparita de rincón sumiendo la estancia en la penumbra. Una tiniebla rota únicamente por el fuego de la chimenea, que le confiere al ambiente un cierto aire fantasmagórico. A tientas, abre las cortinas hasta el quicio, como si de un telón se tratase. La función está a punto de comenzar.

Por unos segundos, cierra los ojos y respira hondo. Ama la lluvia en si. En todas sus formas.

Entretanto la tormenta comienza a descargar, piensa que es curioso que su primer recuerdo de lluvia, a pesar de haberse criado en el Norte y residir en el Mediterráneo, lo ubique en el trópico, donde vivió un breve espacio de tiempo en su infancia. Justo en la época de sus primeros recuerdos. Su memoria se llena por unos instantes de aquellos cálidos y torrenciales chaparrones, repentinos e irremediables, que tal como venían se iban, dejando un olor a polvo turbio y alborotado… en los que le gustaba calarse y chapotear con gran disgusto de su madre.

En su recuerdo, vuelven a caminar veloces los transeúntes pillados de improviso, precipitándose hacia el kiosco más cercano, del que la tempestad se hacía cómplice inesperada, en un intento vano de guarecerse bajo algún Diario comprado apresuradamente. Extraña costumbre que no ha vuelto a observar en ningún otro lugar.

Se asemejan vagamente a estos aluviones Mediterráneos, aunque aquí acostumbran a ir previamente publicitados de cielos anubarrados con relámpagos y truenos. Se deleita observando esas trombas detrás del cristal de su atalaya privilegiada y al revés que en el Caribe, aunque no siempre, la temperatura acostumbra a caer en picado despertando aromas de salitre cercano, hierba limpia y tierra mojada. De aquí, le asombra la aparición de los paraguas como por arte de magia, de una manera realmente peculiar. Como si todo el mundo supiera la hora exacta en que estallaría la tormenta.

Nada que ver con la lluvia del Norte, su preferida y fiel compañera de infancia. Pertinaz, fina, neblinosa... como un bálsamo fresco y suave que todo lo cubre con su manto de charol translúcido. Una evocación que siempre le trae olores de niñez, fragancias de verde profundo, efluvios de tierra madre y perfumes de madera húmeda. No huele igual un eucalipto que un roble o un castaño mojado...

La gente no se preocupa gran cosa de ampararse de ella, la tratan como a ese vecino incómodo y pesado del que sabes que es inútil huir. Si no te pilla por la mañana, lo hace por la tarde… pero si un día no te lo encuentras… te preguntas... ¿dónde andará? Lo que se traduce en un mirar al cielo a menudo, escrutando… y es que, si no se está yendo… está viniendo… Y al revés que aquí, nada se detiene en el Norte cuando llueve, aunque caigan chuzos de punta. Y si lo hace, es noticia de portada.

De hecho, llama la atención como muchos de los habitantes autóctonos de esas latitudes, niegan con una seguridad insólita, que llueva tan a menudo. En un mecanismo sólo comprensible, porque los hábitos, supeditan y aminoran las sensaciones primigenias. Buena muestra de ello es que, cuando llegó al Mediterráneo, le daba la sensación de que no llovía nunca… Y sin embargo lo hace, sin demasiada frecuencia pero sí con regularidad y sobre todo con gran intensidad. Como ahora.

Escucha atenta el sonido sordo y rítmico del rompeolas arrastrando piedras y arena. Cada vez más cercano.Y a intervalos, desde el puerto, asoma decidida una suave melodía tintineante de cabos contra mástiles, colándose resuelta sobre el rabioso aguacero que destaca cada vez más sobre el bramido de la tormenta, simulando alejarse despacio para después volver en ráfagas endiabladas aunque cada vez más espaciadas.

Pasa varias veces la mano por el cristal borrando el vaho que crece espeso. Afuera, el agua barre veloz la hojarasca arrancada de los castigados árboles de Diciembre, inmersos en los enfurecidos remolinos de viento que azotan ese crepúsculo. Ya noche. Y amainando.

Unos tenues golpes en el vidrio la sobresaltan. Uno de las gatos, empapado, pugna por entrar desde la terraza. Abre y lo envuelve en una de las mantas de sofá. Mientras su piel se complace en un agradable escalofrío, respira con fruición esa incursión de aire limpio y fresco de la noche recién estrenada. Al tiempo, la ya olvidada luz y Mozart... vuelven a invadir la estancia...  Cierra de nuevo para instalarse cómodamente en el sofá con su novela, junto a su Micifuz que ronronea sin cesar.
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sábado, 30 de julio de 2011

Akelarre...



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A cinco brujas
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En ese Julio alborotado, de cielos en permanente amenaza de tormenta, que  visten  a márgenes, bosques  y montañas con un manto de verde terciopelo que se  aproxima o se aleja a discreción según el trazado caprichoso del asfalto,  el vehículo se desliza  suavemente… sumergido en el  silencio de una  música escogida con la intención de vaciarse de todo pensamiento que no sea mecánico. Relegando al olvido un día a cara de perro. Después de hablar durante horas, necesita  esa reserva  haciendo acopio de mutismo. Aunque sea en el breve espacio de tiempo de un corto viaje.

Unos Km. más al norte, al amor de la corriente de un Oñar que discurre dócil y silente bajo la brisa algo húmeda de un dilatado crepúsculo  que se demora en el confín de una sierra divisoria, los preparativos de un particular aquelarre han comenzado.  Y mientras la catedral, impávida, vigila atenta desde la otra orilla,  el call* abre sus ojos en ventanas de luz escasa y dispersa en esa noche incipiente.Velas, música, copas, loza fina, viandas y elixires varios manejados con destreza, comienzan a tomar posiciones desde la cocina a la privilegiada terraza.  La intensa iluminación exterior de la Seo junto a los restos de una tenue claridad  cenital alcanzan aún  a ese rincón afortunado, fortaleciendo  la  tímida luz  de unas velas que regalan  intimidad de forma generosa.
  
Para ese reducido grupo de hechiceras  en número impar, que un azar imprevisto y buscado a un tiempo ha reunido en honor de una de ellas, se acerca a la hora bruja al amparo de la  oscuridad de una luna que se les hurta a la vista.  Iniciado el ágape, pronto manjares y  licores sueltan la lengua de las cinco brujas, abriendo paso al conjuro de  risas y complicidades   halladas en una conversación que sin ser fácil… fluye…  tornándose sortilegio…  en un ritual de blanco encantamiento de la palabra. Todas, en ese mágico conciliábulo, están dispuestas a  ceder algo de su energía en favor de las demás...

Todo un éxito.
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*call = barrio judío
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miércoles, 20 de julio de 2011

Presagio...

               
                                      http://www.flickr.com/photos/10031847@N08/1580601993/
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                    A la noche blanca
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Viajando a caballo  por  la interminable madrugada,

Con un pie ya calzado en el estribo del deseado y esquivo olvido

 En la senda errante entre cielo y obstinada realidad 

huye  afligido el sentimiento en silencios de cristal roto.

Borrando jirones de  risas hechas añicos de tristeza.

Soñando  días embrujados, inalcanzables… envenenados de verdad…  

Nostalgia  de la soledad  conquistada.  Sanadora.

Ardua tarea,  cabalgar hacia la paz…
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domingo, 10 de julio de 2011

In the air...


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Dedicado a todos los que ahí estábamos...
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Desde ese prado mullido en degradé, convertido en improvisado e ideal escenario de un festival de Folk y bajo un cielo de nubes densas e impropias de la estación, tres miradas ávidas de paisaje, perciben un Cantábrico cercano e indiferente a todo, que sigue interpretando en lentas espumas su milenaria sinfonía para el blanco arenal. Mientras, en el silencio de la distancia, la bajamar acaricia el abrupto acantilado al que la luz del norte y la lejanía perciben en oscuro verde musgo.

Una ligera neblina comienza a desvaír el horizonte… y el orvallo no tarda en comenzar su labor de suave abrillantado. Pero eso no asusta a nadie en esas latitudes.

En ese marco más que asumido por la fuerza de la costumbre, el ánimo sigue siendo de fiesta. Y entretanto comienzan a sonar las primeras traveseras y violines, parece como si el tiempo hubiese retrocedido siglos… Esa bandada moderada, nunca los celtas fueron muchos… y algo pintoresca de adultos de todas las edades y pelajes, acompañados de inquietas mascotas y niños de corta edad, que ha acudido a la llamada del “bardo”, pulula entre los puestos de bebidas, golosinas y tenderetes de artesanías varias antes de tomar posiciones.

Y aún con la atención totalmente absorbida por el magnífico concierto in crescendo… es capaz de asombrarse y ser consciente de estar ahí… a pesar de la veteranía, sin importar el porqué de su extraño aterrizaje en ese paraje, agradece en mute… a sus cómplices más cercanos, a los bardos del país y de las lejanas Highlands y a todos esos celtas locos entre los que se cuenta… que desafiando a los elementos y a la lógica más elemental… que aconsejaría suspender cualquier recital de “enchufados” bajo una lluvia fina pero persistente… que la hagan sentirse viva y descubriendo el mundo cual adolescente…

Gracias Jóse. Gracias Carmen. El año que viene another time!!!              
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