miércoles, 27 de febrero de 2013

Por no hablar del futuro...

                                http://www.flickr.com/photos/paolo_panno/6937940987/sizes/z/
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Ahora, en esta hora inocente, yo y la que fui nos sentamos en el umbral de mi mirada.
De nuevo, Alejandra Pizarnik.


Sopla un viento frío que huele a rocío. Aún hay restos de nieve y hasta la ventana llega el aroma de las últimas mimosas. No sé desde cuando estoy ahí como petrificada. Escuchando el silencio, esperando nada... lo único que seguro llegará...

Amanece. Una vez más.

Un día más de un mundo desconocido, a veces extraño y por elegir, se abre ante mí. Un libro abierto, de páginas en blanco esperando mis palabras. Una sintaxis vital que creadora o transformadora, insuflará vida a mis pensamientos, a mis deseos si hay suerte. También a ese azar cotidiano que nos posee y creemos escoger.

Pero no.

Nuestros actos cobran dimensión y un color u otro… sólo cuando los recapacitamos. Vivimos en un pasado permanente, que conocemos como presente. Quizás, huimos de la soledad que comporta ‘ser’ siempre en pretérito… Un desamparo, que aderezamos con el poder del verbo en el que creemos descansa nuestra historia.

Sólo quizás...
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domingo, 17 de febrero de 2013

Un azar de invierno

                                                       Imagen de La mirada de cristal
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"Como explicar con palabras de este mundo, que partió de mí un barco, llevándome"
Alejandra Pizarnik.
                                        
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El establecimiento, ubicado en el antiguo portal de una casa abandonada del  barrio judío, no es muy grande, pero mantiene el sabor de misterio y olvido de los lugares excepcionales. La primera vez que llegó hasta ahí, fue en una oscura y fría tarde de invierno. Los pasos sin rumbo de un inopinado paseo por el barrio viejo, la condujeron como al azar, hasta el callejón  donde se halla ese umbral, del que acostumbra  a emanar una luz encantada.

Se detuvo ante el escaparate, para comprobar que se trataba de una vieja librería de lance, que le había pasado desapercibida hasta entonces. Al entrar, comprueba que está en un lugar antiquísimo, que conserva todo el sabor de épocas anteriores. Afortunadamente en este caso, nadie se ha ocupado de renovar nada, ni en el exterior ni en el interior. Totalmente abducida, observa el suelo de losas graníticas desgastado e irregular por el que debe caminar atenta a los desniveles, las viejas estanterías de madera deslucida por el tiempo, donde reposan a la par que esperan pacientes, polvorientos volúmenes que despiden el  mágico magnetismo de las historias cautivas en ellos. Siempre se ha preguntado, si somos nosotros los que realmente les escogemos a ellos… o es al revés…

No hay ahí best seller's* ni tontas novedades del último presentador o humorista  que se cree Cervantes. Sólo auténtica literatura. Y alguna joya desconocida. Por primera vez en todo el día, es capaz de respirar hondo. Es un gesto buscado, para reencontrarse con ese aroma familiar de papel antiguo y pergamino que tanto le gusta. Dos personas, al fondo, le dirigen una breve mirada de cierta extrañeza, pero siguen conversando en su rincón en apenas un susurro. Un murmullo, que no rompe el silencio liberador que reina en el local.

Pronto pierde la noción del tiempo, deambulando entre los un tanto destartalados anaqueles, revolviendo, descubriendo…  le cuesta decidirse, hay mucho y bueno para escoger… por fin, se hace con un breve ensayo ‘Sobre Política y Lingüística’ de Noam Chomsky, que se cae a pedazos y un ejemplar de una vieja edición de ¨La estructura ausente’ de Umberto Eco. También toma buena nota de otros títulos para próximas visitas.

Le cobra uno de los hombres que conversaba al fondo. Un ser, de ojos diminutos sin edad aparente, como de otra dimensión… que parece no prestarle la más mínima atención. Pero mientras envuelve minucioso su elección, sin levantar la vista de lo que está haciendo, le hace el último regalo del día al ofrecerle asistir a una charla informal sobre Kabalah, que está a punto de comenzar en la biblioteca del altillo.

Pero esa, es otra historia.
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*Best-seller’s, de los que nada tengo en contra, y que también acostumbro a leer  a menudo, cuando lo creo oportuno. Y los hay excelentes.

domingo, 3 de febrero de 2013

Disquisición aleatoria

                                                            Imagen de la mirada de cristal
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Dedicado a una diosa de bellas manos, que vive con un gato, posee una flor de lis y un pendiente en la nariz.
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Cuando se quiere saber donde se está, se cierran los ojos. Estamos donde nos encontramos cuando tenemos los ojos cerrados: en la oscuridad y en el vacío. Solos.

El valle de los avasallados (Réjean Ducharme)
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Es en ese lejano  momento en el que crecemos, o creemos hacerlo… cuando somos conscientes por vez primera, de que la disposición de las cosas no guarda un orden natural contra el que nada puede hacerse.  Un entonces, donde nuestras almas,  al tiempo que poderosas aún bisoñas, son capaces de hacer de la vida una construcción mental, que marcará la maraña de caminos de nuestro futuro de forma importante. A través del sueño, del ensueño o de un imaginario emocional de estímulos más o menos comunes…  pero sobre todo,  desde el deseo inaplazable de sucesos de una infancia que,  a pesar de la percepción de la niñez que la detecta quasi eterna, al final cuando miramos hacia atrás, resultó breve, aún en el peor de los casos.

Se desencadena ahí, en momentos puntuales que todos recordamos con claridad,  una visión del mundo en la que intentamos satisfacer el ansia de dominio de un entorno, que la mayor parte de las veces no se corresponde con lo que de él esperamos. Algo que se va repitiendo  aleatoria y periódicamente a lo largo de los años.

Pero es en esas contradicciones entre lo material y lo deseado, donde se fundamenta nuestro patrimonio vital que se alimenta de esas paradojas de forma importante, influyendo de forma decisiva en nuestro comportamiento. Aunque la tozuda realidad,  a menudo definitiva… contradiga a esa especial sensibilidad que conforma y delimita nuestro ser más íntimo.

Efímera disquisición, que a pesar  de esa soledad de la cita, quiero compartir, además de con mi buena amiga Isis,  con todos vosotros.


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