miércoles, 5 de enero de 2011

Un encuentro inesperado...

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Para Sara
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Ya oscurecido, con la noche en la piel y la ajena Navidad en el bolsillo a punto de helarles el corazón, el bullicioso café se queda vacío. Habitado únicamente por las últimas conversaciones que se van tornando murmullo poco a poco... sólo se escucha como en sordina, el remedo de una triste sinfonía con sabor de soledad, ejecutada por el eco de las cucharillas y la vajilla golpeando contra los mármoles.


Saben que ha llegado la hora de despedirse… pero les cuesta, casi tanto como les duele. En tan sólo unas horas, después de toda esa ausencia que un día creyeron poder ahogar marchando en direcciones encontradas, de nuevo se abre esa brecha oculta que les araña por dentro a la callada… y vuelven a negarse mutuamente en el silencio de una mirada sabida.  Sin esperanza.

- Señores, si son tan amables… estamos a punto de cerrar… -el camarero deja la cuenta encima de la mesa con discreción para seguir su rutina-

Se levantan al fin, disimulando el esfuerzo y dejan de conversar. Se impone sólo hablar... pasar al refugio trivial de las obviedades... 

- Nos vemos…
- ¡Claro!
- Nos llamamos…
- O.k.
- Un beso.
- Adiós.

Pero revivir ese tiempo pasado les ha vuelto a unir momentáneamente en la forma que sólo puede hacerlo una invocación complaciente.
Ella piensa, que a menudo se es más feliz en el recuerdo, que en el presente vívido y vivido. Sobre todo cuando existe otra orilla que confirma tus sensaciones, a la que te une un bello pasado en común, que un acaso probablemente cruel, ha tenido a bien arrancarles al reunirlos de nuevo para rememorarlo. Pero más allá del placer de la vida en estado puro… hoy, no quiere ir más a fondo en su análisis… Quizás mañana.

Él piensa, que cuando salga por esa puerta, con ella, se va el único trozo de su alma que no está condenado… Y se maldice mil veces más por dejarla marchar... sintiendo de nuevo esa llama latente, que siempre sabe cómo consumirle en un recuerdo inaplazable… y desea que se apague de forma sencilla. Definitiva. Como ocurrirá en breve, con ese firmamento de estúpidas luces artificiales, vislumbradas tras los vidrios de ese local, donde un azar causal les ha unido de nuevo por unas horas.

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