lunes, 26 de octubre de 2009

Nieblas...


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Hace unos días me visitó la viuda de mi buen amigo Pep a la que no había vuelto a ver desde el día del funeral. Por fin, con tiempo para hablar nos pusimos a ello. Y lógicamente la conversación versó en gran parte sobre él, pero especialmente sobre su nueva vida. Escuché atenta lo que me explicó y me sorprendieron varias cosas de las que dijo.
Laura, ha sido y es, una persona inquieta y abierta a todo tipo de actividades. Entre los amigos, siempre hemos tenido una broma particular que consiste en decirle: tú, estás fuera de todo peligro de que la casa se te derrumbe encima…
Sé, que las pérdidas necesitan un duelo y que cada persona tiene un “tempo” y una forma distinta para adaptarse a las nuevas situaciones que lo provocan. Pero no sé porqué di por sentado que el de ella iba ser más corto, porque la sé fuerte y por toda esa actividad que acostumbra a desarrollar. Supuse además, que la habría aumentado para paliar, en tiempo, tan terrible falta. Ocupar el tiempo en cosas útiles es una buena medida casi siempre. Pensé que eso la estaría ayudando a “superar” con más presteza la situación de inevitable desmorone que acostumbra a acompañar a este tipo de sucesos. Una de sus frases preferidas siempre ha sido que odia las rutinas y que tiene la necesidad perentoria de huir de cualquier comportamiento que se acerque a ellas…
Y sin embargo, me sorprendió y me conmovió, oírle decir que aunque no todas, había abandonado buena parte de sus actividades para sumergirse en recordar las “rutinas” cotidianas que tenía con Pep. Que tenía necesidad de ello. A mi demanda de que se explicase algo más, me respondió lo siguiente:
Necesito recordarle todo el tiempo sin interrupciones. Echo de menos todo lo suyo, pero me acuerdo mucho menos, por ejemplo, de los viajes, fiestas y actividades, incluso de los momentos felices o cruciales… que de esos momentos cotidianos en que me lo encontraba en la cocina preparándose algo, o en el baño lavándose los dientes… y le decía ¡tira pallá! o en la cama, cuando me cabreaba porque durmiendo me estiraba la manta y me dejaba a la intemperie. Toda esa cotidianidad, que siempre he pensado que mataba la magia de las relaciones… es precisamente lo que más estoy echando en falta… Hasta tal punto que, a mí, que nunca me ha gustado el blues o el rock ha comenzado a interesarme. Sé, que no debo prolongar demasiado esta situación de lamerme las heridas. Pero ahora mismo “toca”.
Cuando se fue, se me ocurrió pensar que cada pareja, independientemente del tipo de relación que tengan, desarrolla unas rutinas concretas que aunque no sean las mismas que las de mis amigos, no acostumbramos a valorar en absoluto hasta que las perdemos.

viernes, 16 de octubre de 2009

Olvidos, despistes y otras hierbas...










http://www.flickr.com/photos/siobhanalbertiana/2958849647/
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Dedicado a los que conviven con hijos, a los duendes domésticos y a mis congéneres despistados de solemnidad…
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Mucha de la gente que me conoce me tiene por observadora, pero sólo lo soy según para qué. Soy capaz de acordarme de algo que me dijeron hace 20 años con pelos y señales, o de rememorar un paisaje infantil con exactitud pasmosa. Incluso algo tan fácil de olvidar como un sueño… no representa dificultad para mi memoria retentiva. Sin embargo, lo cotidiano, me mata… hasta diría que me persigue…

Si tuviera que contar alguna vez en tiempo real los minutos que pierdo todos los días solucionando pequeños y estúpidos problemillas domésticos, provocados por mi mala cabeza, creo que al cabo de los años me podría ir, aproximadamente, dos o tres días de vacaciones. Quizás más…

Y es que, los habemos, que por uno u otro motivo tropezamos con la cotidianidad de una forma continuada y especial. Después de pensarlo detenidamente creo que existen tres grandes grupos de “tropezadores”, lo que no es óbice, para que muchos de nosotros nos reconozcamos en todos ellos. Ya me diréis…

Por ejemplo:

¿Dónde coño están “esas” tijeras? (las únicas que cortan bien de verdad y que ya la última vez que las utilizaste, guardaste a conciencia, para no encontrarte de nuevo en esta misma situación) Pero es que algunos convivimos con una especie de sabuesos buscadores de trufas… y de tijeras… grrrrrr
Por no hablar de “ese” cuchillo, el abrelatas, o el sacacorchos… que tu dejas siempre en el mismo lugar... pero cuando los vas a buscar, ná! ni flores!
¿Y que me decís de las “oscuras”, nunca mejor dicho, gafas de sol? que parece que tengan vida propia… ¡malditas!
¿Cuántas veces pedís en cercanías, que os llamen al móvil para localizarlo? Para comprobar que lo tenéis en el bolsillo… jeje!
Capítulo aparte merecerían las llaves… en mi caso, sobre todo las del coche, junto con el ticket del párking que cuando por fin localizo y consigo pagar en la máquina, olvido retirar… con la consiguiente pérdida de tiempo de regresar a buscarlo. Y al albur de que algún listo se lo lleve, para ahorrarse el suyo…
Para las que tienen hijas… ¿dónde está mi lápiz de ojos, mi hidratante, mi perfume… mi todooooo!
¿Y cuantos de vosotros cerráis el coche y al cabo de aproximadamente… 10 m. os preguntáis, ¿he cerrado el coche? Somos los que adoramos los mandos a distancia…
Y… esto ya, para despistados de solemnidad como yo… que los hay! En esos megapárkings ¿dónde he dejado el car? En que planta? ¡Enigmas del world! Eeeh… a ver, reconstruyamos los hechos… ¿por donde entraste? Jodeeeeer!
A alguno de vosotros ¿lo han llamado por megafonía de algunos grandes almacenes, para que pasaseis a recoger la tarjeta que habéis olvidado “alegremente” en manos del desconocid@ que os cobra…? A mí, sí, lo confieso… y más de una vez…
A ver… la lista de la compra… nada por aquí, nada por allá… jo! Me la he vuelto a dejar… bueno, inventaremos de nuevo. Magia potagia!
“Ese” papel… con los datos que necesito, estaba aquí, lo dejé aquí… TIENE QUE ESTAR AQUÍ! ¡QUIEN DIABLOS LO HA TOCADO?. Termina por aparecer pero ya, cuando has vuelto a llamar, pedir… etc… ¡maldito duende que me persigue! Gsrtdfx!

Y suma sigue... que no añadiré, pero que todos los despistados tenemos in mente… jejeje. Para todos vosotros, un abrazo compañeros! Y no os dejéis comer el coco por los "reyes del orden". Unos tenemos unas cosas y otros… otras…

Y recordad algo importante : el que no sabe ser tolerante en lo “pequeño o con lo nimio” mucho menos lo será, en y con lo importante.
¡Tenedlo en cuenta!

viernes, 2 de octubre de 2009

Riders on the storm...


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De pronto la lluvia. Así, como de improviso. El sonido de los neumáticos surcando el asfalto mojado por el aguacero. Mientras la tormenta súbita borra el sol y las huellas del verano, por única compañía, el lujo de Jim Morrisson.

Y desde detrás de los cristales empañados, controlo esa gota abriéndose camino en su Universo particular. Librando su batalla para llegar a destino, para luego desaparecer y vuelta a empezar... Como todo.

Llega el tiempo en que los días se suceden raudos, veloces... como si tuvieran prisa por sumergirse en las sombras nocturnas, de tal manera que parece que el tiempo nos atropelle sin darnos tregua para nada. Y otras, pasa tan lento, que nos invaden unas ganas inmensas de empujarlo.

Aquí y ahora.
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Riders on the storm (The Doors)

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